El resurgimiento de una leyenda urbana: «Candyman» – CinEspacio24

El resurgimiento de una leyenda urbana: «Candyman»

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Crítica de la película de terror  Candyman, dirigida por Nia DaCosta y escrita por Jordan Peele y Win Roselfeld. Es una secuela directa de la película original de 1992.

 

Por Jesús M. Pedraza*

Saludos y bienvenido. Te voy a platicar sobre el largometraje Candyman de 2021, un filme del género slasher sobrenatural dirigido por Nia DaCosta y co-escrita por Jordan Peele y Win Rosenfeld.

Una de las primeras cosas que es importante mencionar —en caso de que no estés familiarizado con el tema— es que este filme es  una secuela directa de la película homónima Candyman de 1992 dirigida por Bernard Rose, la cual trata la historia de Helen Lyle (Virginia Madsen), una joven mujer, que junto con su amiga Bernadette Walsh (Kasi Lemmons) está investigando una vieja leyenda urbana acerca de un asesino sobrenatural que es convocado al decir su nombre cinco veces frente al espejo.

En esta nueva versión — que por cierto omite inteligentemente las malas secuelas de la saga original—  nos narran la historia de Anthony McCoy (Yahya Abdul-Mateen II), un joven artista visual que vive con su novia Brianna Cartwright (Teyonah Parris) en un nuevo y modernizado complejo urbano que fue construido sobre los cimientos del antiguo edificio popular de Cabrini-Green House en Chicago. Anthony se encuentra en búsqueda de un tema nuevo para su obra artística y es gracias al hermano de su novia que se entera con fascinación de una leyenda sobre una joven estudiante que realizó una matanza en esa zona unos treinta años atrás; es decir, los acontecimientos de la película original se convierten en la leyenda contemporánea de esta cinta.

Gracias a esta historia y como consecuencia de un conflicto que interfiere con su carrera, Anthony decide investigar más sobre el tema para conseguir inspiración y conoce a William Burke, el propietario de una lavandería local que tubo la mala suerte de tener un encuentro en su niñez con Sherman Fields (el presunto responsable de la muerte de una niña blanca) y haber sido testigo de la brutal «justicia» por mano de la policía. A raíz de esto, Anthony descubre la leyenda original de Candyman y hace de ésta su concepto artístico, sin saber que su nueva obsesión será el inicio de una serie de terribles eventos entre lo paranormal y el delirio psicótico.

Si bien este largometraje funciona por sí solo, yo recomendaría al espectador el darse un clavado a la cinta original —de preferencia antes de ver el filme— para profundizar un poco más en la diégesis y el modus operandi que se planeta en torno a la leyenda.

Spoiler Alert

Para juzgar esta historia primero tenemos que tomar en cuenta el poder de su antagonista. Candyman es un personaje de carácter sobrenatural que nace de los miedos colectivos de una comunidad de raza negra y marginada en un contexto cultural de opresión, discriminación, violencia y abusos, principalmente efectuados — si no exclusivamente— por parte del hombre blanco.

En la ficción, el origen de Candyman se remonta a la época de la Guerra Civil de Estados Unidos, cuando el hijo de un esclavo adquiere posicionamiento económico y social a raíz de la invención de un sistema para producir zapatos en masa. Beneficiado con el acceso a una educación mayor al resto de las personas de color de la época, este joven manifestó notorias habilidades artísticas y es por este motivo que es contratado para retratar la virtuosidad de la hija de un aristócrata blanco. Como consecuencia la pareja de jóvenes se enamoran y esto desata un horrible y brutal castigo por parte de la supremacía de los blancos quienes lo persiguen y mutilan con una sierra oxidada, cambiando su brazo por un gancho y para finalizar, cubriéndolo de abejas hasta la muerte en la antigua zona de Cabrini-Green, en donde años después se convertiría en un gueto para la población de color marginada, con altos indices de violencia y sobretodo, negligencia por parte de los sistemas judiciales de seguridad.

Con el transcurso de los años, la figura de Candyman se transforma en una leyenda urbana para esta población convirtiéndole en una especie de Bogeyman (el equivalente al «Coco» iberoamericano) que puede ser convocado al decir su nombre frente al espejo —muy al estilo de otra leyenda urbana: Bloody Mary—, siendo con este pretexto una figura del folklore contemporáneo que ayuda a maquillar la cruda violencia y falta de seguridad de los residentes de Cabrini-Green, quienes atribuyen a la figura de Candyman todo aquello que está mal en su comunidad, desde los asesinatos, violencia y desapariciones hasta la apropiación del personaje a manos de pandilleros.

Sin embargo, para la diégesis del filme Candyman posee un atisbo de realidad sobrenatural, ya que efectivamente se trata de un ser «real» que existe gracias al miedo y a la tradición cultural de quienes creen en él. Bajo este argumento se podría describir cono una especie de tulpa (ser que cobra realidad con base en la creencia constante y repetida de una comunidad de individuos) que subsiste al perpetuar la creencia popular de sí mismo, a través de la tragedia de diversos personajes y figuras a través de los años.

Es así como Candyman se presenta como un espejo de las atrocidades cometidas a diferentes individuos. Él es el joven enamorado que fue brutalmente atormentado hasta la muerte; es el señor discapacitado que regala dulces a los niños y que es acusado injustamente de asesinato; es aquel responsable de las masacres disfrazadas de inseguridad social; pero, sobre todo, es un ser que crea víctimas para mantenerse presente en la cultura colectiva. Y es aquí donde radica su poder sobrenatural al manipular los factores que rodean a los desdichados de toparse en su camino, para convertirlos en asesinos ante los ojos del mundo y sumarlos así a la leyenda que lo conforma. Candyman es como las abejas que lo rodean todo el tiempo: una comuna, una legión de desgracias e infortunios.

El resurgimiento de una Leyenda Segregada

Tomando como base lo antes mencionado surge una buena pregunta: ¿Qué pasa si la comunidad que mantiene viva una leyenda urbana es dispersada? ¿La tulpa se mantiene o desaparece?

Me atrevería a decir que esta interrogante es lo que da inicio a Candyman 2021, pero antes me gustaría definir un concepto que me parece clave para entender el trasfondo de ésta película: la gentrificación, que podemos describir como «el cambio que se produce en la población de los usuarios de un territorio tal que los nuevos usuarios son de un estado socioeconómico superior al de los previos, los cuales son desplazados de sus barrios en ese proceso»; es decir, apropiarse de una zona marginada —y por lo tanto barata— para mejorarla y hacerla económicamente inalcanzable para su población original.

Cabrini-Green Homes es producto y consecuencia de la gentrificación en todo el poder de la palabra. Evoluciona de ser el gueto violento y segmentado a la población negra en Chicago durante la década de los 90 —contexto del filme original— para convertirse en una zona residencial de una clase social con mejor posición socio-económica en la segunda década de los dos miles. Es aquí donde Candyman 2021 tiene el que considero su mejor y único acierto ya que la leyenda urbana de antaño es redescubierta por un Anthony que tiene como motivación convertirse en una reconocida figura en el medio del arte contemporáneo y ¿qué podría ser mejor para una leyenda local que ser expuesta a miles de individuos por medio de la promoción mediática?

 

Cuando un filme de horror se convierte en un horror de filme

El cine de terror por su propia historia puede definirse como un género contestatario, con esto me refiero a que es un género que puede atreverse a proyectar de manera explícita temas tabúes que generalmente no suelen ser tocados en otros filmes y Candyman 2021 es un buen ejemplo de esto al denunciar sutilmente el tema la gentrificación; sin embargo el sub texto principal aquí es evidentemente el racismo, algo que no me sorprende tomando en cuenta que Jordan Pelee (co-director del guión y productor del filme) ha destacado con este tema en sus impactantes largometrajes Get Out (2017) y Us ( 2019).

Candyman 2021 en comparación con la versión del 92 contrasta principalmente por la posición de individuos de raza negra en un contexto contemporáneo. En esta reciente cinta,  los personajes de color se convierten en los protagonistas de la historia y no desde un punto de vista marginado o únicamente antagónico, sino desde una posición socio económica privilegiada en la que buscan destacar dentro de una sociedad un poquitín más abierta y digámosle, más «incluyente».

Lamentablemente este es un filme sobre saturado de denuncia al racismo. No me malinterpretes, me gusta la forma en que lo plantean en el contexto del filme y lo considero algo que es digno e importante de ser proyectado en el cine en general — como pudimos ver en la más recientes nominaciones a los premios Óscar con filmes como One Night in Miami, la desgarradora The United States vs. Billie Holiday y el impactante cortometraje ganador Two distant strangers inspirado en el asesinato de George Floyd— sin embargo, la forma en que el tema es manejado en esta película llega a ser demasiado obvia e incluso molesta.

Al principio del filme el discurso racista se hace presente de una forma sutil e inteligente, sobretodo en algunos diálogos como el que mantiene Anthony dentro en la exposición con la pretenciosa crítica de arte y que considero pone al espectador en una postura de empatía con el protagonista; no obstante,  conforme el filme avanza peca de hacer de estos elementos algo demasiado notorio y repetitivo. Se siente como si la directora y su equipo creativo subestimaran a la audiencia e intentaran dejar muy — hago énfasis en «muy»— en claro la denuncia racista en el filme. Y esto es molesto, sobretodo cuando se contrasta con lo absurdo del final de la película, pero ya hablaré de ello más adelante.

Desde el punto de vista técnico, Candyman 2021 destaca por su diseño de producción, en donde los escenarios y lugares, junto con la fotografía están muy bien trabajados para crear una ambientación casi claustrofóbica de los personajes, siendo su principal protagonista el uso de excelentes planos panorámicos que posicionan al individuo como uno entre cientos; un ejemplo concreto además de la secuencia de los títulos de apertura, es la escena del asesinato de la crítica de arte vista a través de un movimiento de cámara por fuera de su ventana que genera una curiosa sensación de aislamiento aún cuando está rodeada de gente. Lo sublime de la producción es el uso de una animación muy al estilo de las Sombras Chinas para poner el contexto de los hechos de sus predecesora en el filme, con ciertos ajustes para darle el valor de leyenda; algo que dota de un estilo asombroso a esta secuela y es altamente apreciable para quienes no conocen la historia original.

Las actuaciones de los personajes son atractivas a pesar de sus diálogos —por lo general superficiales— que no aportan mucho a la trama. Para mí, un gran acierto en la película es la caracterización de los personajes, sobretodo resaltando la transmutación de Anthony a través de la descomposición tripofóbica de su cuerpo ya que esto proporciona pequeños acentos del Body Horror que sustituyen —y opacan— al jump scare (casi nulo) en ambas versiones del filme.

Respecto a la figura del antagónico no estoy muy seguro. Por un lado me gusta la forma en que lo hacen una figura más macabra y podrida que su versión seductora del 92, destacando la naturaleza monstruosa y sobrenatural de la entidad; sin embargo al compararlo con el Candyman interpretado por Tony Todd que era altamente atractivo y sofisticado, considero que la importancia de este villano radica en su poder de seducción de las víctimas, algo que por cierto es inexistente en esta película y me atrevería a decir que fue una sorpresa y una decepción a la vez. Un detalle curioso, se agradece el cameo digitalmente rejuvenecido de Tony Todd al final de esta película en el —probablemente— papel más importante de su carrera.

Pero a pesar de estos aspectos cinematográficos tan cuidados, hablamos de una película que no aporta nada nuevo o sorprendente al género. Los efectos especiales y la forma de asesinar de Candyman fue un gran acierto que lamentablemente vimos una sola vez en todo el filme, ya que el resto de los asesinatos son invisibles para el espectador — maldita censura políticamente correcta— y son en realidad muy pocos a lo largo del filme.

Y sobretodo la falla fatal en esta versión, insisto, es el uso excesivo de la denuncia racial dentro de todo su argumento incluso al grado de llegar al final con un mensaje súper contradictorio, en donde de manera muy exagerada exponen una escena de abuso de poder policial —muy respetable pero mal ejecutado— y justifican la presencia sobrenatural de Candyman como un antihéroe justo y necesario para proteger los intereses de los discriminados. EPIC FAIL en altas y negritas. Todo el discurso de superación y crecimiento de personajes discriminados se viene en picada al justificar el asesinato de cualquier otro segmento de población, por más «necesario» que lo intenten hacer.

¿Es Candyman una película recomendable?

Depende de qué es lo que quieras ver. Si esperas ver un filme que te asuste o te haga sentir terror (como promete aparentemente), entonces Candyman será una decepción.

Si te interesa verla como una secuela de su predecesora yo creo que es una historia bien adaptada y contextualizada al presente; es entretenida y llamativa con unos giros de tuerca bien ejecutados pero que más que aportar algo nuevo a la historia tiende a arruinar la figura icónica del antagonista. Te la recomendaría para que la veas como un experimento y compares cómo una historia puede cambiar su significado en contextos diferentes. Viéndola así podría resultante curiosa e interesante.

Si no has visto la original y te llama la atención, pues ¿qué te digo?, tú vela. La trama funciona de manera independiente y te contextualiza con lo necesario para que la disfrutes. Recomiendo ver la versión anterior (ya sea antes o después) pero no es tan necesario. No es la mejor película del mundo pero tampoco te hace pasar un rato desagradable. Es importante mencionar que el guion llega a ser un poco (muy) predecible y que todavía se toman la molestia de explicarnos de nuevo lo que ya sabíamos desde mitad de la película. Te advierto que podría resultarte un poco lenta pero soportable.

*Analista Cinematográfico. Diseñador digital y Audiovisual. Colaborador de CinEspacio24. 

 

 

 

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