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Basado en un hecho real, Atrapados: una historia verdadera, dirigida por Thomas Vinterberg, narra la tragedia que sucedió en agosto de 2000 en Rusia, cuando  el submarino nuclear Kursk explotó (por falta de mantenimiento)  y murieron 118 personas.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Hay tragedias que los gobiernos intentan ocultar, pero  tarde o temprano aparece la verdad. Ejemplos, desafortunadamente, hay muchos, donde la política es más importante que la vida de un ser humano.

Como lo que ocurrió en Rusia el 12 de agosto de 2000, cuando el submarino nuclear Kursk se hundió, en el mar de Barents, tras estallar unos misiles, que llevaban, en mal estado. Los 118 tripulantes que iban a bordo murieron.

Eran los primeros días de Vladimir Putin como presidente de Rusia. La Unión Soviética se había terminado y otro régimen “menos” autoritario dominaba al país.

Sin embargo, cuando ocurrió la tragedia, las autoridades al principio lo negaban, después lo confirmaron y aseguraron que había algunos sobrevivientes y que la tecnología rusa más avanzada estaba por rescatarlos; pero la realidad era otra, sus submarinos de rescate eran obsoletos. Ante eso varias naciones ofrecieron ayuda, Rusia comandada por Putin se negó.

Después de varios días sin tener resultados, por fin aceptan la ayuda de buzos noruegos, quienes en un día lograron sacar los cuerpos.

Quizá si desde el principio Rusia aceptaba la ayuda de otras naciones, habría sobrevivientes. Es posible que si hubieran admitido que sus barcos y submarinos llevaban años sin mantenimiento, 118 personas no habrían muerto.

Esas suposiciones las aborda el director Thomas Vinterberg en la cinta Atrapados: Una historia verdadera (Kursk) que se basa en el libro A time to Die, de Robert Moore.

Basado en ese terrible hecho, Vinterberg se toma varias atribuciones para crear una película de suspenso, pero que no pierde la esencia de lo que en verdad pasó.

Nos narra la precariedad en la que vivían los tripulantes del submarino. La película comienza con una fiesta, una boda. Los marinos no tienen el dinero suficiente para pagarla, por lo tanto empeñan sus relojes para que se lleve a cabo la celebración.

Después van a su trabajo, al submarino nuclear que Rusia presumía como el más moderno del mundo. No obstante, uno de los tripulantes no deja de comunicarle a su mando superior que unos de los torpedos está en mal estado por falta de mantenimiento.

Así, Vinterberg nos lleva a la explosión del submarino, a los suplicios de los sobrevivientes que están seguros que los rescatarán y a la desesperación de sus familias que exigen respuestas.

Pero las maquinas para rescatarlos no sirven y como un cruel ironía el único submarino que los podía salvar, lo vendió el estado ruso para que turistas de todo el mundo pudieran visitar los restos del Titanic.

En una de las escenas más impactantes y significativas de la película se resume el desdén del gobierno por los sobrevivientes. En una conferencia de prensa una madre grita desesperada que les están mintiendo, para calmarla descaradamente una persona se acerca y le inyecta un calmante; un acto que vaticinaba el trato de Putin a la prensa y a cualquiera que piense diferente a él.

Si bien el suspenso de Thomas es más contemplativo y reflexivo, los pequeños detalles muestran a un gobierno a quien le importa más las apariencias que su gente, que se dice fuerte sin serlo y que se preocupa más por la geopolítica que las vidas humanas.

Protagonizado por Matthias Schonaerts, Léa Seydoux, Max von Sydow y Colin Firth, Atrapados: Una historia verdadera, no será la mejor película de suspenso, pero su trasfondo y mensaje es importante, más en estos tiempo donde todos tienen otros datos.

 

*Periodista y realizador. Director de Comunicación en CinEspacio24. Colaborador en Cio Noticias.


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