Por Arturo Brum Zarco*
Los niños como eje narrativo del cine de terror son muy efectivos, ya que contraponen la pureza infantil, la protección del adulto y su inocencia, con elementos que deforman la realidad para ponerlos en peligro; o, en su caso, el horror se acentúa cuando el menor es quien comete actos malignos.
Las películas de terror suelen generar un impacto inmediato cuando utilizan a niños en su narrativa.
Ese recurso lo emplea de forma seductora la película mexicana No dejes a los niños solos, del director Emilio Portes. La historia combina tanto la violencia ejercida hacia los hijos como los actos perturbadores que ellos mismos pueden provocar, además de construir una alegoría sobre la complejidad de ser madre soltera.
Un largometraje que recibió el año pasado el premio Blood Window a la mejor película latinoamericana en el prestigioso Festival de Sitges, un reconocimiento nada menor.
La cinta, como su título sugiere, plantea de forma metafórica la ausencia de figuras adultas y las consecuencias que esto puede detonar. A partir de lo íntimo, el director construye una reflexión de alcance más amplio.
Emilio Portes se aventura a tensar la estructura familiar de una madre soltera que, tras enviudar en un accidente automovilístico, se muda con sus dos hijos, de siete y diez años, a una casa que aparenta ser un espacio idílico, pero que en realidad está marcada por la corrupción, la violencia y elementos satánicos.
Ese contraste dentro del hogar abre una reflexión sobre la tragedia, la naturaleza violenta del ser humano y la vulnerabilidad de una mujer frente a la presencia de hombres que buscan aprovecharse de ella. El terror aquí no surge de lo sobrenatural, sino de la fragilidad de los vínculos familiares cuando la protección se ve interrumpida por las circunstancias.
La protagonista deja a sus hijos solos por una noche debido a un asunto urgente relacionado con su nueva propiedad, más que por negligencia, lo que refuerza la construcción de su personaje.
La película articula sus secuencias a partir de la mezcla entre lo sobrenatural que ocurre en la casa y los actos violentos que comienzan a manifestarse en los niños. A partir de ahí, construye una reflexión sobre los riesgos que enfrenta una madre en ese contexto, demostrando cómo el terror puede funcionar como una herramienta que cuestiona nuestra cotidianidad.
Protagonizada por Ana Serradilla en el papel de Catalina Camacho, y ambientada en los años 80, la historia transcurre en una sola noche, cuando ella asiste a una reunión con abogados que supuestamente la ayudarán con las escrituras de la casa.
Con un montaje paralelo bien ejecutado, que alterna entre la reunión y el hogar, el director sostiene una tensión creciente y un suspenso constante.
Este recurso funciona porque logra articular dos tipos de horror, el de la madre frente a la corrupción que la rodea y el que viven los niños dentro de la casa. Así, la película muestra cómo lo cotidiano se transforma gradualmente en violencia.
Para Emilio Portes no es nuevo el uso de la infancia en sus relatos. En Belzebuth (2018), aborda el asesinato de niños dentro de una narrativa ligada al anticristo, en un contexto que también dialoga con la violencia en México, particularmente en la frontera.
Esto permite ubicar a Portes como un referente del cine de género nacional, ya que sus películas, aunque en ocasiones recurren a ciertos clichés, destacan por sus subtextos y por su interés en retratar problemáticas sociales.
No dejes a los niños solos se suma a una tradición del cine mexicano que utiliza la infancia como detonante del horror, como El libro de piedra (1969), Veneno para las hadas (1986), ambas de Carlos Enrique Taboada, La tía Alejandra (1980) de Arturo Ripstein y Vuelven (2017) de Issa López.
El montaje, la ambientación y el trasfondo sobre la maternidad, junto con la construcción de la infancia como origen del desasosiego, hacen de No dejes a los niños solos una de las propuestas de terror más sólidas del año.
*Periodista y realizador. Director de CinEspacio24.


Excelente crónica de este film, ya me dieron ganas de verla . Felicidades Arturo.