«Moscas»: entre el fastidio y la posibilidad de comprender – CinEspacio24

«Moscas»: entre el fastidio y la posibilidad de comprender

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Crítica de Moscas, la reciente cinta del director mexicano Fernando Eimbcke. Entre la comedia y el drama, la película explora cómo el desdén puede transformarse en comprensión sin necesidad de explicaciones. De los mejores estrenos nacionales de este año. 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

La empatía parece ser un acto cada vez más en desuso. Si bien no es un parámetro certero, basta con asomarse a las redes sociales para encontrar comentarios frente a tragedias que exhiben racismo, xenofobia y una alarmante falta de sensibilidad. El odio, desafortunadamente, es la forma más común de habitar esos espacios digitales.

En contraste, el arte, la convivencia personal y el entendimiento del otro se vuelven una prioridad. Ese es el mensaje puntual y certero de la película Moscas, del director mexicano Fernando Eimbcke, filme con el que ganó en el pasado Festival Internacional de Cine de Berlín (la Berlinale) el Premio del Jurado Ecuménico.

El realizador presenta un relato entre la comedia y el drama, donde los personajes acentúan sus diferencias, mismas que se desintegran cuando logran comprender, sin necesidad de hacerlo evidente, las tragedias del otro.

Esa es una de las grandes virtudes del cine de Eimbcke. Los gestos y los rostros de los personajes bastan para que el espectador perciba la intencionalidad del director en cuanto al pasado y presente de estos.

Un discurso que el director construye a partir de una narrativa audiovisual precisa, en la que el sonido, el espacio, el fuera de campo (lo que no vemos en el encuadre) y los planos cerrados nos conducen a un lugar esperanzador, sin caer en la condescendencia ni en el engaño.

Por ejemplo, la película inicia con un pequeño conflicto. Olga (brillante actuación de Teresita Sánchez) se desespera al oír el sonido molesto e irritante de una mosca que parece no querer dejarla en paz. Una secuencia contemplativa que, sin perder su ritmo, deja ver la brusquedad de una mujer que vive sola en su departamento.

Ese sonido y ese disgusto ponen de manifiesto el tono de la película. Veremos a una mujer solitaria, enojada con todo lo que la rodea, sus vecinos, el lugar donde come e incluso su propio espacio; como si su vida fuera un acto de negación hacia su propia existencia, la de los demás y su entorno.

El director logra, en gran medida gracias al trabajo de la directora de fotografía María Secco, apropiarse del espacio para contrastar la cólera y el afecto, ejes del relato. Esto se refuerza con el uso del blanco y negro, que también subraya las diferencias entre los personajes.

Olga vive en un edificio cercano a un hospital público mexicano, donde el director logra con simbólicos planos detalle lanzar una crítica al sistema de salud del país. Es común ver en los alrededores de dicho hospital carteles o anuncios de habitaciones en renta para personas que esperan noticias de familiares internados en el nosocomio. Carteles que, al inicio, Olga retira en un gesto de rechazo hacia el otro. Pero cuando enfrenta una precariedad económica, pone en renta un cuarto de su hogar.

Ahí aparece la contraparte. Tulio (interpretado por Hugo Ramírez) y su hijo Cristian (maravilloso trabajo de Bastián Escobar, quien es el alma de la cinta), un niño travieso, inquieto y sensible de nueve años, quienes se presentan como figuras afectuosas. Al comienzo, el filme los muestra dando sepultura a un pequeño huevo que no pudo nacer. Desde ese momento, el director establece, a partir de la imagen, el contraste necesario para comprender el conflicto.

En esos pequeños micro universos con los que inicia cada personaje se abre una ventana a problemas más amplios: el desdén frente a la empatía. Eimbcke parte de lo íntimo para reflejar un malestar universal.

Cuando padre e hijo, que esperan los resultados médicos de la esposa y madre, hospitalizada por cáncer, rentan el cuarto de Olga, ella impone reglas estrictas sobre el uso del espacio.

Pero, fiel al estilo de la filmografía de Eimbcke (Temporada de patos, Lake Tahoe y Club Sándwich), donde los opuestos se encuentran en lo cotidiano, entre Olga y el niño surge una complicidad silenciosa. A partir de miradas y pequeños gestos, los secretos se insinúan para que el espectador los complete sin necesidad de explicaciones.

Moscas invita a aceptar incluso esos sonidos que parecen irritantes, pues en ellos puede existir la posibilidad de sanar y encontrar cierta paz mental.

Moscas es una de las mejores películas mexicanas de este año. Un filme conmovedor y con momentos cómicos, cuya potencia radica en lo que no dice, en ese silencio que exhibe la dificultad de entender al otro. 

*Periodista y realizador. Director de CinEspacio24.

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