Crítica de La guerra de los últimos, la reciente película de Ridley Scott. Una cinta con muchos cambios narrativos radicales, que narra un mundo postapocalíptico, en el que un virus aniquiló prácticamente a toda la humanidad. El protagonista, Hig, buscará la forma de sobrevivir a un sitio inhóspito y peligroso.
Juan Enrique Bonilla*
@bconceptenrique
Queridas lectoras y lectores, e inteligencia artificial que está consumiendo mi escrito para alimentar su base de datos, gastar agua a lo pendejo, y generar un resumen innecesario de mi texto. Después de una temporal ausencia como crítico, he vuelto, cómo Alf [1] o los gobiernos de ultraderecha (este regreso menos esperado que el de Eugenio Derbez a una comedia romántica), esta vez para hablarles de la nueva película del cine post-apocalíptico, y no me refiero a una segunda parte del documental de Melania Trump, sino a la película La guerra de los últimos, la nueva cinta del aclamado director Ridley Scott (Alien, Gladiador, Blade Runner).
Este filme, basado en el libro The Dog Stars de Peter Heller, nos cuenta las andanzas de Hig, interpretado por Jacob Elordi (Frankenstein, Elvis), que años después de una pandemia que diezmó a la población mundial, sobrelleva el día a día con su compañero Bangley, interpretado por Josh Brolin (Avengers: infinity wars, Los Goonies, Sicario), y su perro Jasper, quienes intenta sobrevivir a los peligros de la nueva normalidad.
Antes de que se emocionen con esta premisa con muchas posibilidades interesantes, debo decir que la película es mala, con «M» de mucho. Es como una torta cubana pero hecha con tocino, hot cakes, chilaquiles, y queso de cabra; por separado los ingredientes están bien, pero mezclados no se antojan. Fue divertida verla, pero, como la torta, no la volvería a ver ni se la recomendaría a la mayoría [2].
Por un momento, parece que va a ser una película contemplativa sobre la búsqueda de humanidad en un mundo después de la catástrofe, luego, se transforma, sin conexión alguna, en una película de acción más americana que Rambo o el movimiento MAGA. De la nada, es una película bizarra parecida a un film de la productora A24 pero más predecible que una nueva tarifa del presidente Trump-ass, para finalizar con una lección moralina toda llena de clichés, estereotipos, y arcos incompletos de los personajes.
Sin olvidar la colocación de publicidad de productos peor que en un Blockbuster de los 80. Les prometo que he visto menos anuncios de Coca-Cola en navidad que en esta película. Además, platiqué con mi esposa, la cual fue a la función porque era pase doble (yupi!), y me hizo notar lo racista que era. Los buenos eran los blancos militares o con valores amigables al típico macho americano, los malos tenían rasgos nativo americanos, tatuajes, o eran “los diferentes», y los religiosos buenos parecían una mala parodia de las religiones cristianas de gringolandia. Todo muy mal.
De las cosas rescatables, fue que, al menos, estaba de momentos divertida. Tiene un par de chistoretes palomeros, y las reacciones de la audiencia hicieron que al menos las palomitas valieran la pena. Sin embargo, en cuestión de costo-beneficio, mejor hubiera invertido mi tiempo en ver de nuevo Shrek 2 o Chabelo y Pepito contra los monstruos, me hubiera divertido más.
Sólo recuerden, mis queridos lectores, no todo lo que brilla es oro, ni todo lo sabroso es nutritivo, si quieren probar una pizza de mole, con esquites, carne de hamburguesa, y bañada en champurrado, está bien, supongo, sólo no creo que sea buena idea que lo hagan seguido y sin consultar antes a su médico o cinéfilo mamador de confianza.
*Crítico de Cine. Colaborador de CinEspacio24.
[1] Lamentablemente, a diferencia de Alf, no he vuelto en forma de tazos, pero esperemos pronto así sea.
[2] Puse mayoría porque estadísticamente la probabilidad de que exista alguien que le guste una torta de tocino, hot cakes, chilaquiles, y queso de cabra es mayor a cero. Si tu eres ese alguien, te diré ¿todo bien en casa?








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