Crítica de Colony, la nueva cinta de zombis del surcoreano de Yeon Sang-ho, quien reconfigura el cine de zombis contemporáneo al desplazarlo del simple horror físico hacia una lectura más compleja del colapso social. La película retoma los códigos del género, pero los actualiza desde un escenario donde la infección deja de ser maldición o accidente para convertirse en consecuencia directa de sistemas humanos fallidos.
Por Jesús M. Pedraza Madrid*
Dentro de la historia del cine de terror, uno de los subgéneros más populares y explotados es el cine de zombis, el cual ha tenido una interesante evolución con el paso del tiempo, desde sus primeras apariciones en películas como White Zombie (1932, de Victor Halperin) o I Walked with a Zombie (1943, de Jacques Tourneur), donde este monstruo era producto de una suerte de maldición vudú, hasta su posterior transformación en muertos vivientes como consecuencia de fenómenos sobrenaturales o científicos.
Hablar de cine de zombis siempre resulta interesante porque, por lo general, es un subgénero que, cuando está bien elaborado, tiene mucho que decir sobre nuestros contextos y dinámicas sociales a partir de miedos colectivos. Los “muertos vivientes” o infectados funcionan como una figura ideal para denunciar sistemas antropófagos modernos, metafóricamente hablando, derivados de nuestro modelo de vida actual, caracterizado por un capitalismo voraz y un mundo globalizado en el que parece que debemos “comernos entre nosotros” para alcanzar nuestros objetivos.
De esta forma, podemos apreciar mejor la reciente película Colony, del director surcoreano Yeon Sang-ho, quien regresa a este tema tras el impacto mundial de Train to Busan (2016), uno de los filmes contemporáneos de zombis más relevantes de la última década, así como su cinta animada Seoul Station (2016). Cabe destacar que Colony es una propuesta independiente que no forma parte del universo de Train to Busan.
Esta nueva cinta narra cómo, dentro de un gran edificio ubicado en el centro de una metrópoli surcoreana, la empresa de ingeniería biológica Chains Bio presenta un proyecto de generación celular mediante la manipulación genética de ciertos tipos de hongos. Esto ocurre instantes antes de que el Dr. Seo Young-chul (interpretado magistralmente por Koo Kyo-hwan) lleve a cabo un acto de terrorismo biológico al liberar un patógeno altamente letal. A partir de ese momento, la historia se centra en un grupo de individuos que buscarán sobrevivir a una pesadilla claustrofóbica.
Colony presenta la estructura de un thriller de supervivencia, con secuencias de acción efectivas, escenas cargadas de tensión y un uso del gore que contribuye a generar una sensación constante de ansiedad a lo largo de sus 122 minutos. A diferencia de muchas películas de zombis que se desarrollan en escenarios postapocalípticos, esta cinta se enfoca en el origen del brote, en la llamada Zona Cero (título que le pusieron en español a la película).
Uno de sus mayores aciertos es mostrar el caos que surge a partir de las decisiones erróneas y los egos de las figuras de autoridad en su intento por contener la propagación del virus. Los personajes buscan una vacuna que el propio villano se administró, mientras intentan alertar a las autoridades en medio de un juego de poder marcado por la incertidumbre. Esto incluso dificulta eliminar a los infectados ante la duda de si existe realmente una cura.
A menudo se considera que el cine de zombies funciona como una especie de carta de amor a la obra de George A. Romero, figura clave en la consolidación del género dentro de la cultura popular. Sin embargo, este subgénero suele caer en la repetición de fórmulas. Colony intenta romper con esa tendencia al proponer una idea que revitaliza al zombie dentro de un contexto contemporáneo.
Entre sus referencias se encuentra Dawn of the Dead (1978, George Romero), especialmente por el uso de un espacio cerrado en un centro comercial. No obstante, Yeon Sang-ho transforma este entorno en un laberinto claustrofóbico que obliga a los personajes a desplazarse por azoteas, sótanos, estacionamientos y pasillos alternos. Un edificio de más de 30 pisos se convierte así en un territorio hostil lleno de infectados.
También se percibe una referencia conceptual a The Last of Us, serie y video juego que usó el hongo Cordyceps como detonante de la infección.
Asimismo, es evidente la autorreferencia del director con Train to Busan, que se nota en la corporalidad de los infectados, cuyos movimientos antinaturales se han convertido en una marca distintiva del director. A esto se suma la influencia de producciones surcoreanas que exploran dinámicas de supervivencia en espacios cerrados, como Squid Game (2021).
Colony toma estas influencias para construir una propuesta propia a partir de una premisa clara: la falla en la comunicación humana puede desencadenar una tragedia irreversible.
Esa idea sostiene la evolución del zombi dentro de la película, que introduce un nuevo enfoque donde el horror radica en la masa y la violencia, pero también en una horda de zombis capaz de comunicarse, aprender y adaptarse. Aquí, el verdadero terror se vincula con la pérdida de la identidad.
Los infectados atraviesan un proceso de transformación que va de lo errático a lo estratégico, perfeccionándose mediante la repetición y el aprendizaje al cazar a los sobrevivientes. Se trata de una amenaza que reside en la cantidad y en su capacidad de evolución y transmisión de conocimiento, cercana a una conciencia colectiva.
Yeon Sang-ho plantea así una especie de “mente colmena” que redefine el comportamiento de los infectados, obligando a los personajes a enfrentarse a un enemigo que modifica constantemente sus estrategias.
Colony es una propuesta sólida que logra renovar ciertos elementos del género sin perder su esencia. Una película eficaz que confirma la vigencia del cine de zombis.
*Crítico de cine. Colaborador en CinEspacio24.



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