“Campamento Miasma”: el terror como forma de identidad – CinEspacio24

“Campamento Miasma”: el terror como forma de identidad

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Crítica de Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, la nueva película de Jane Schoenbrun, quien propone una reflexión sobre el cine de terror como experiencia de identidad. El filme transforma el slasher en un espacio donde el espectador y la ficción se cruzan.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Somos los espectadores quienes ponemos el punto final a una película. Lo hacemos desde nuestra experiencia, creencias y forma de ver las cosas. Por tal motivo, una cinta genera diversas reacciones e interpretaciones; hay filmes que nos marcan y nos llevan a concebir la realidad de otra manera.

En mi caso, cuando comencé a ver películas de terror desde la infancia, me atrajo ese universo que me causaba miedo e intriga, pero que me llevaba a reflexionar sobre mi entorno. Aún sin entender del todo su intencionalidad, ese tipo de cine me ayudó a cuestionar mi cotidianidad.

Ese cuestionamiento de lo cotidiano es la esencia de la película Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, la reciente propuesta de Jane Schoenbrun, filme que ganó la Queer Palm en el Festival de Cannes, que tiene entre sus tópicos ese encuentro personal entre una obra y el espectador y cómo una película puede impactar en la vida de alguien y modificar la manera de entender su realidad.

Eso lo apreciamos en el personaje de Kris (interpretada por Hannah Einbinder), una joven directora fanática del cine de terror y en específico del subgénero slasher, narrativa con la que establece un vínculo íntimo. De esa forma, construye un pensamiento crítico en torno a su quehacer cinematográfico, lo que la lleva a realizar un cine queer que busca romper con los estereotipos del cine con el que creció.

Gracias a esa mirada diferente, Kris es contratada para dirigir una nueva película de la franquicia Campamento Miasma, una saga de películas donde el villano Little Death (Jack Haven) asesina a adolescentes sin piedad. Una saga ficticia que retoma los códigos del slasher convencional de los años ochenta y noventa.

Es decir, las estructuras narrativas que usaron cintas como Halloween (1978) de John Carpenter o Campamento sangriento (1983) de Robert Hiltzik, entre otras, en las que era común el uso de un plano subjetivo para colocarnos en la mirada del asesino; el villano con máscara y arma punzocortante que, por lo regular, ataca a adolescentes que mantienen relaciones sexuales; y donde la última sobreviviente es una joven virginal, conocida como final girl.

Esas convenciones que marcaron al slasher aparecen en Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, pero Jane le da una profundidad distinta al usar el recurso del cine dentro del cine, una estética que contrasta con colores pasteles, secuencias oníricas y matanzas que rayan en lo irrisorio, para ironizar sobre el subgénero y mostrar una forma distinta en la construcción de este tipo de películas.

Todo eso a través del personaje de Kris, quien ve en el terror no sólo una forma de entretenimiento, sino una herramienta para interpretar su propia identidad queer y su lugar en el mundo.

En ese contexto aparece el personaje de Billy (gran actuación de Gillian Anderson), estrella de la entrega original de Campamento Miasma que, tras un éxito sin precedentes, desapareció por completo de la industria. 

Kris la busca para que se integre a su nueva versión de la franquicia. En ese encuentro surge una complicidad y una identificación a partir de su relación con la creación cinematográfica, la memoria, el amor, la pasión y las imágenes que atraviesan generaciones.

Muy al estilo de Jane Schoenbrun, la cinta utiliza la cultura pop para abordar temas de identidad, un recurso que ya había trabajado en su anterior película I Saw the TV Glow (2024).

El cine de Jane usa la cultura pop como un lugar donde se edifica el pensamiento de nuevas generaciones, distintos puntos de vista y procesos de autodescubrimiento en sus personajes. Una mirada con la que muchas personas pueden identificarse, ya que en esos mundos pueden existir sin culpa ni prejuicios. 

De esa forma, la película muestra el poder del relato audiovisual, en específico del terror, y su capacidad de llevarnos a un ejercicio de introspección acerca de nuestros deseos y decisiones.

Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma es un slasher que retoma los códigos del género, pero los desplaza hacia una experiencia más humana. Una buena propuesta, onírica, extravagante y provocadora, que convierte el terror en un espacio donde la identidad y la ficción se cruzan para abrir nuevas formas de mirar al cine.

 

*Periodista y realizador. Director de CinEspacio24.

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