«28 años después: El templo de huesos», del virus al fanatismo – CinEspacio24

«28 años después: El templo de huesos», del virus al fanatismo

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Crítica de 28 años después: El templo de huesos, dirigida por Nia DaCosta. La saga apocalíptica muta del terror viral al horror del pensamiento sectario, explorando el fanatismo y la necesidad humana de creer en algo ante el caos. Una película con un buen tema de fondo, pero con una forma apresurada y descuidada.

 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Ante la negación de una explicación científica frente a un desastre natural, suelen surgir teorías de conspiración, búsquedas de respuestas sobrenaturales y discursos con tintes místicos o sectarios. Algo similar ocurrió durante la pandemia, cuando muchas personas creyeron —y aún creen— que el COVID-19 fue una estrategia para implantar un chip y controlar a la población.

Ese tópico es uno de los puntos más destacados de la película  28 años después: El templo de huesos, dirigida por Nia DaCosta, cuarta entrega de la saga apocalíptica de infectados/zombis que iniciaron Danny Boyle y Alex Garland en 2002 con 28 días después.

La saga se ha caracterizado por abordar, de forma alegórica, temores y fenómenos contemporáneos a través del cine de terror. La primera película reflexionaba sobre la ira como motor social; 28 semanas después (2007) desplazaba su discurso hacia la falta de empatía y el peligro del militarismo; mientras que 28 años después: Evolución, estrenada el año pasado, exploraba la mutación del virus y la aparición de comunidades cada vez más cerradas y desconfiadas.

Más allá de su efectividad como cine de terror, estas películas han ofrecido lecturas agudas del contexto mundial, alertando sobre el miedo constante a una nueva catástrofe sanitaria y sobre las reacciones extremas que dicho temor provoca en la sociedad.

El templo de huesos continúa por esa vía metafórica al situarnos en un mundo apocalíptico donde emerge un grupo de jóvenes vestidos de forma similar, con pelucas rubias y todos llamados Jimmy, que obedecen a un líder sádico. Para ellos, el mundo en el que habitan es obra de Satanás y su misión consiste en exterminar a todas las personas que se encuentren a su paso. 

La película retoma los acontecimientos de 28 años después: Evolución, dirigida por Danny Boyle, y el recorrido de Spike (Alfie Williams), un joven que busca respuestas en un entorno asediado por infectados que han evolucionado de forma cada vez más peligrosa. Sin embargo, en esta cuarta entrega este personaje queda relegado y es forzado a integrarse al grupo sectario, desplazando el foco hacia la dinámica de estos jóvenes y su lógica fanática.

Con ello, DaCosta construye un relato sobre el sectarismo, el satanismo y la anulación de la individualidad, donde el pensamiento homogéneo se erige como una amenaza tan peligrosa como el propio virus.

No obstante, esa intención se ve afectada por una narrativa fragmentada, con saltos temporales que no siempre encuentran una justificación clara. El resultado es un relato confuso y, por momentos, poco atractivo, que diluye la fuerza de sus subtextos sobre la violencia y la oscuridad del fanatismo.

En el fondo, El templo de huesos aborda temas pertinentes para estos tiempos marcados por el autoritarismo y la desinformación. Sin embargo, la forma carece de una estructura sólida, no hay secuencias realmente memorables, ni un montaje destacable, ni metáforas visuales tan contundentes como las que sí ofrecían las entregas anteriores de la saga.

Algo similar ocurre con el Dr. Kelson, interpretado por Ralph Fiennes. En la película anterior, el personaje se presentaba como una figura espiritual compleja, obsesionada con rendir homenaje a los muertos mediante un osario tan perturbador como metafísico. En esta nueva entrega, su motivación es encontrar una cura para los infectados, bajo la idea de que la furia es el verdadero virus a erradicar.

Sin embargo, ese planteamiento pierde fuerza cuando el personaje es reducido a intercambios discursivos poco estimulantes con el líder sectario Sir Jimmy Crystal (Jack O’Connell), quien se asume como el hijo de Satán.

El Dr. Kelson pasa así de ser una figura inquietante y ambigua a un personaje casi caricaturizado, desperdiciando el potencial simbólico que habían construido previamente.

En conjunto, 28 años después: El templo de  huesos conserva subtextos acordes al espíritu crítico de la saga, pero su ejecución resulta apresurada y descuidada. Aunque cuenta con escenas funcionales, carece de momentos verdaderamente memorables. Ojalá esta irregularidad no marque el cierre de una saga que, hasta ahora, supo leer con inteligencia los miedos de su tiempo.

*Periodista y realizador. Director de CinEspacio24.

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