Juntos pero no revueltos, crítica de «Together» – CinEspacio24

Juntos pero no revueltos, crítica de «Together»

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Crítica de Together,debut como escritor y director del australiano Michael Shanks, ópera prima que  aparecerá entre lo mejor del cine de horror de 2025. Protagonizada por Alison Brie y Dave Franco, el filme es un boy horror donde el realizador imagina un escenario de dependencia emocional que inhabilita a la pareja porque los atrapa en un proceso tortuoso de automatización y, posteriormente, amalgamiento.

 

Por Isaac Piña Galindo*

@IsaacPi15a 

De cuando en cuando se estrena una película de horror que sacude la acostumbrada corriente de estrenos del año, y la sorpresa se da por el atrevimiento y frescura narrativo o estético, y en los mejores casos una afortunada combinación de ambos.

Tal es el caso de Together, debut como escritor y director del australiano Michael Shanks, ópera prima que vaticino aparecerá entre lo mejor del cine de horror de 2025 de varios críticos y publicaciones, y también en listas de Letterboxd y similares.

Después de colaborar juntos en cuatro cintas, la dupla actoral/matrimonio conformada por Alison Brie y Dave Franco, encuentra una excelente oportunidad para explorar el cine de horror con la alocada propuesta narrativa del novel Shanks.

Together representa el reflector ideal para el talento actoral de ambos, puesto que la cinta los expone al reto de participar de un estrambótico drama de horror ad hoc a las preocupaciones de la sociedad contemporánea, oportunidad inmejorable para batirse en un duelo actoral repleto de momentos de ansiedad, pánico y sincero asco.

“¿Qué sacrificios se deben hacer en pareja?” o, quizás, la pregunta más adecuada que pende sobre la cabeza de Tim, el taciturno protagonista que encarna Franco, versa más en las líneas de “¿Qué sacrificio debe realizar un individuo por su pareja?”

El debate interno de Tim motiva momentos de silenciosa inquietud, actitud nerviosa patente desde el comienzo del filme cuando Millie (Alison Brie) y Tim toman una decisión en apariencia natural para el progreso o la realización de una pareja: casarse y formar una familia.

El detalle, no menor, está en que Millie acepta al mismo tiempo un nuevo trabajo de maestra primaria, colegio ubicado en un pueblito a dos horas en coche de los suburbios y la ciudad.

Tim concuerda con el plan y accede de buen ánimo a reubicarse de la ciudad a la vida campirana, o eso parece, porque sus muecas y su talante ensombrecido dejan entrever una historia diferente.

El espectador detecta y advierte dicha desconexión entre las muestras de afecto y el lenguaje corporal de la pareja; palpable tensión física que se origina después de varias instancias donde las dudas y el recelo no encuentran cabida, y la confianza entre ellos empieza a desplomarse.

En palabras menos, aun cuando Tim y Millie (Franco, Brie) se hablan con cariño, en el aire flota un dejo de amargura y bronca irresolutas.

El componente clave de body horror sirve como revulsivo para el guion de Shanks, porque si bien la fuente primaria del relato surge de la intimidad y la seguridad en pareja, el verdadero terror se pone de manifiesto cuando la pareja se queda literalmente pegada.

En tiempos de postpandemia, el tópico del funcionamiento o crisis de las relaciones de pareja está más presente que nunca en el imaginario cinematográfico; no tanto el tema de amor/desamor, sino la dinámica interpersonal y el modo en que el universo “pareja” se ve afectado por problemas psicológicos, traumas, estrés laboral o económico, e incluso ansiedad derivada por la tecnología (como el manejo de las redes sociales).

Un ejemplo de ello lo encontramos en la reciente Fingernails del 2023, melodrama romántico con elementos sci-fi sobre una mujer que duda sobre su noviazgo después de tomar por computadora un test científico que le indica que su amor es real.

Surge entonces la duda, ya más en el terreno de la filosofía, sobre si existe siquiera el amor, o si uno tiene la capacidad de amar o ser amado.

Otro gran ejemplo, y de mayor afinidad estética a Together, radica en la cinta de horror Vivarium del 2019, donde un matrimonio busca comprar una casa nueva pero quedan atrapados en una unidad habitacional con un ambiente tétrico y desconcertante que pone a prueba el núcleo de la recién formada familia.

Tanto Vivarium y Fingernails como ahora Together, plantean una variante de la trama de “crisis de identidad”, y cómo la realidad que creamos para esa versión de nosotros, o el entorno donde ese “yo” encuentra cabida, choca con los deseos y sueños de otra versión anterior del mismo individuo.

En Together, Shanks imagina además un escenario de dependencia emocional que inhabilita a la pareja porque los atrapa en un proceso tortuoso de automatización y, posteriormente, amalgamiento.

Experiencia visceral que nos produce tensión en el estómago al punto de hacer que nos aferremos a la butaca y rechinemos los dientes; Shanks se anota un acierto notable como realizador, ya que prueba su talento al lograr escenarios donde el horror corporal escala y sólo empeora, al grado de convertirse en un revoltijo en el mejor (y peor) sentido de la palabra.

Ayuda bastante la sensibilidad cómica de Alison Brie y Dave Franco, pues la situación de entrada se antoja, hasta cierto punto, ridícula, pero los actores y el director encuentran el ritmo y balance perfectos para descubrir un hilo de humor en medio de lo terrible y asqueroso de la cadena de eventos y el progreso de la “maldición”.

Un comentario mordaz de Franco, o una observación juguetona pero con un trasfondo tenebroso por parte de Brie, no sólo provocan cuando menos una sonrisa, sino que también hacen que la ordalía de “quedarse pegados” se vuelva tanto más inquietante como retorcida y hasta (extrañamente) conmovedora.

De unos años para acá, digamos que entre 2018 y 2019 en adelante, el género de horror ha gozado un periodo de bonanza creativa y económica, un suceso que ha atrapado a cinéfilos casuales y fanáticos del género por igual, soportando inclusive el golpe duro de pandemia y la posterior huelga de actores y escritores del 2023.

El por qué de esta ola de éxitos y popularidad se debe en gran medida a la diversificación en la producción de cine de horror; los últimos años se ha abierto la puerta a nuevas voces e historias, y por consiguiente se ha hecho una relectura de varios subgéneros, sin importar el país de origen o si se trata una producción independiente o de estudio. Como ejemplo de esto podemos encontrar Huesera (2023) de Michelle Garza Cervera, una suerte de body horror mexicano sobre la maternidad.

Aun cuando existe una buena dosis de secuelas, reboots y otras variaciones, la sensación general es que ha habido una agradable selección con la cual calmar las ansias de disfrutar con horror al tiempo que se ganan nuevos fanáticos del género.

La serie de estrenos cubre desde filmes “grandes” (o comerciales), producciones directo a streaming y rarezas de bajo presupuesto (como el cine lo-fi producido por la familia Adams [Hellbender]).

En mi récord personal, Together se inscribe plenamente en esta variopinta colección de terror que ha destacado desde hace 6, 7 años; una película de la que seguiremos hablando en los próximos años y que, con toda probabilidad, redescubramos cuando revisemos y revisitemos el cine de género (de fantasía, horror, sci-fi) más relevante de la década.

*Cineasta y Crítico Cinematográfico.

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