Crítica de 28 years later. Danny Boyle y Alex Garland regresan para revitalizar su icónica saga, con una película que trasciende el terror de zombis para adentrarse en los miedos más arraigados de nuestra sociedad actual. Con una propuesta visual seductora y una evolución inquietante de los infectados, el filme explora la pérdida tecnológica, la naturaleza humana en situaciones extremas y la inminente amenaza de nuevos virus, todo ello desde una perspectiva apocalíptica y metafísica.
Por Arturo Brum Zarco*
El mejor género para reflejar nuestros miedos contemporáneos es el terror. Su naturaleza narrativa más libre y sus metáforas y símbolos sobre las ansiedades que permean en la sociedad, hacen de las producciones de terror un medio que invita a reflexionar de manera más provocadora sobre los problemas que aquejan al mundo.
Es por eso que a este estilo cinematográfico no se le puede considerar menor. Un gran ejemplo de lo anterior es la reciente 28 Years Later (o sus espantosos títulos en español, Exterminio, Evolución), donde los cineastas británicos Danny Boyle (director) y Alex Garland (guionista) vuelven a colaborar para hacer la tercera entrega de una saga que cambió el séptimo arte de zombis y de ciencia ficción.
El primer largometraje, 28 Days Later (Exterminio), estrenado hace 23 años, dirigido por Boyle y escrito por Garland, narraba cómo un virus extremo de la rabia destruyó de manera rápida y trepidante la sociedad de Gran Bretaña, al convertir a las personas en una suerte de zombis que se movían velozmente y buscaban con impaciencia comer carne humana. Esta obra, como sus creadores llegaron a mencionar, hablaba de la rabia como una forma de representar la ira y el odio presentes en todo el orbe; algo que, desafortunadamente, no ha cambiado después de tantos años.
Posteriormente, en 28 Weeks Later (Exterminio 2) de 2007, realizada por el español Juan Carlos Fresnadillo y con Boyle y Garland como productores, la premisa era la reconstrucción de Londres bajo el cuidado del ejército estadounidense. Una propuesta pesimista donde las atrocidades provienen más de la ira y la poca empatía humana. Así, esta cinta, con más acción y balazos, seguía con la esencia de la primera parte. Es decir, las dos primeras entregas mostraban a los infectados/zombis como monstruos para acentuar lo deleznable que puede llegar a ser el ser humano en situaciones extremas, en las que la ira, el odio y la falta de empatía son una constante.
Esa representación de la ira a través de los infectados continúa en la tercera parte, pero como un subtexto. De nuevo, el dueto Boyle/Garland revitaliza el género, entiende el contexto actual y realiza una película donde el temor al otro, a las pandemias y a un entorno sin tecnología detona nuestras ansiedades. Esto resuena en una realidad donde nuestra dependencia tecnológica ya es la normalidad.
28 Years Later, filmada con un celular –Boyle siempre buscando innovar con diversos medios tecnológicos para mostrar que la fortaleza del cine es el buen manejo del lenguaje cinematográfico–, es una propuesta que crea nuevos elementos narrativos, como la evolución de los infectados, para reflejar un temor actual: la velocidad con la que aparecen nuevos virus que ponen en jaque a la humanidad.
Con esa idea, vemos en este filme a los infectados como entes que ahora buscan de manera más efectiva su alimento y a unos seres que se han convertido en monstruos musculosos, poderosos, más fuertes y peligrosos, llamados «Alfas». El virus como evolución, algo que en nuestra aterradora realidad es común.
Para la creación de estos nuevos infectados/zombis, la cámara de Boyle los presenta como seres grandes que no se pueden detener y que están en constante evolución, tanto es así que incluso varios infectados los siguen y cumplen de cierta manera sus órdenes.
El filme, ambientado 25 años después, tiene como personaje principal a Spike (Alfie Williams), un niño que creció en una nueva realidad en la que el pasado, con toda su tecnología, es una leyenda. Así, vive en una comunidad cerrada en una pequeña isla que tiene como iniciación llevar a los niños a donde están los infectados para asesinar a los monstruos con arco y flechas.
En la iniciación de Spike, forzado por su padre Jamie (Aaron Taylor-Johnson), el joven encontrará un mundo que no comprende y entenderá que su comunidad le ha ocultado muchas cosas. Es por ello que, para salvar a su madre Isla (Jodie Comer), quien está enferma, escapará con ella en búsqueda del mito de la existencia de un doctor que pueda salvarla.
En ese sentido, el largometraje destaca en la forma de abordar el tema de la innovación digital. La ambientación que crea el director es apocalíptica: la isla de Inglaterra está destruida y se han creado pequeños grupos en los que la tecnología ya no está presente. El ser humano ha regresado a una forma primitiva, donde incluso símbolos arcaicos están de nuevo presentes, y el temor a lo desconocido tiene una respuesta más espiritual que lógica. Aquí, el miedo a la pérdida de la tecnología se hace palpable, más en un mundo donde nuestra dependencia a la máquina es ya indispensable.
No obstante, en estos temas que se abordan con un dejo de pesimismo brutal, Boyle es un director que usa temas metafísicos para entender la naturaleza humana. Eso se recrea en la cinta con el gran personaje que hace Ralph Fiennes, quien interpreta a Kelson, un huraño personaje que en el pasado fue doctor y entiende que la muerte es algo espiritual, normal, y como tal, el respeto a ella es necesario, más en un mundo colapsado. Este es un personaje punk y provocador.
Pues el director crea, a partir de Kelson, unas secuencias que juegan con imágenes transgresoras y terroríficas, pero con un bello enfoque. El contraste que logra con una secuencia de una pirámide de calaveras para homenajear a los fallecidos es una poesía sobre la inminente muerte, creada a partir de imágenes de terror.
28 Years Later es una aventura de terror apocalíptica desde la mirada infantil, lo que acentúa el horror. El director aborda nuestros miedos contemporáneos y los convierte en una fábula que revitaliza el género y nos invita a reflexionar sobre nuestra fragilidad ante un mundo donde la ira humana y los inminentes virus están y estarán presentes.
*Periodista y realizador. Director de CinEspacio24.






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