«No nos moverán», venganza, comedia y un pasado que no cierra – CinEspacio24

«No nos moverán», venganza, comedia y un pasado que no cierra

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Crítica de No nos moverán,  ópera prima de Pierre Saint-Martin Castellanos, quien  utiliza el humor negro y el film noir para revisitar la matanza de Tlatelolco desde una perspectiva contemporánea y personal. Con una brillante actuación de Luisa Huertas, la película se convierte en una poderosa herramienta para no olvidar el 2 de octubre de 1968 y la búsqueda de justicia.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Hay eventos históricos que no debemos olvidar, como la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, perpetrada por el gobierno mexicano. Recordar esto implica que la memoria, la indignación y la búsqueda de justicia prevalezcan. En este sentido, el arte cinematográfico es una herramienta fundamental como guardián de nuestra historia, invitándonos, a través de la ficción o la no ficción, a no olvidar.

Esta reflexión nos la ofrece la película mexicana No nos moverán, ópera prima de Pierre Saint-Martin Castellanos, quien en diversas entrevistas ha contado que es una obra personal, ya que su familia sufrió directamente por los hechos del 68. De esa forma, el director entrega una obra que aboga por el recuerdo, invita a reflexionar sobre nuestro pasado y busca que las nuevas generaciones empaticen con aquellos estudiantes que valientemente se manifestaron hace 57 años. Además, rinde homenaje a quienes fueron parte del movimiento o sufrieron una pérdida y aún no obtienen respuestas.

El director recrea todo esto a través de una ficción atrevida, abordando el tema desde la comedia y lo absurdo de un plan con tintes de film noir. Así, busca seducir al espectador con una narrativa que entretenga y, a su vez, sirva como un grito para reflexionar sobre uno de los hechos más desafortunados de la historia mexicana.

No nos moverán destaca por la forma cómo cuenta el relato, pues no está ambientada en el pasado, sino en el México actual, bajo la mirada de Socorro, una abogada de la tercera edad; una suerte de antiheroína con tonos grisáceos y ambivalentes, lo que la hace un personaje más humano, íntimo y para nada complaciente.

Este papel es interpretado de manera inmersiva y brillante por la actriz Luisa Huertas, destacada figura del teatro y cine mexicano, quien con orgullo comenta que este es su primer protagónico y un papel crucial en su carrera, ya que a sus 74 años realiza un trabajo personal, porque ella fue parte de esa generación fracturada por las autoridades en 1968.

Luisa Huertas crea a Socorro con una corporalidad y gestos que dicen más que cualquier diálogo, sumergiéndonos en la mente de una mujer obsesionada con la venganza, pues este personaje, ha buscado la mayor parte de su vida a los soldados que mataron a su hermano en la masacre de Tlatelolco, y su única pista es una fotografía que parece haberla acompañado siempre, donde aparece su hermano torturado por dos militares.

Narrada en un efectivo blanco y negro para evocar el pasado con mayor contundencia, la mayor parte del filme transcurre en el departamento de Socorro, ubicado en un edificio de Tlatelolco. Los planos cerrados predominan para transmitir esa necesidad de venganza que ha consumido a Socorro, provocando que su entorno familiar se convierta en piezas en constante destrucción, al igual que la protagonista.

Cuando Socorro recibe una pista importante sobre la posible dirección de uno de los soldados de la foto, elabora un plan para finalmente cumplir su venganza. Este plan, que parece inverosímil (una creación intencional del realizador), nos lleva a uno de los puntos centrales del largometraje, el tema de la venganza. Este es uno de los tópicos más antiguos en la historia de la ficción, y el director lo aborda a través de la comedia para no romantizarlo, sino para mostrar que estos actos son destructivos, violentos y rara vez conducen a la paz.

El tema del 68 es algo que no debemos soltar, y el cine nos ha ayudado a no hacerlo, para ejemplo el documental El grito (1968), dirigido por Leobardo López Aretche y realizado por estudiantes del entonces Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM durante el movimiento estudiantil; esta obra se considera un testimonio clave e importante de la época. Asimismo, existe el punto de vista desde la ficción con la maravillosa y brutal cinta Rojo amanecer (1989) de Jorge Fons, quien fue el primero en representar la masacre desde la perspectiva de una familia encerrada en su departamento frente a la Plaza de Tlatelolco; una película que filmaron  clandestinamente. Al respecto, No nos moverán entrará en esa lista indispensable de obras para comprender y siempre recordar esa penosa tragedia.

Nominada a 15 premios Ariel, No nos moverán se perfila como una gran obra que se convertirá en una pieza importante para el resguardo de nuestra memoria sobre lo que ocurrió en 1968, una película que acentúa su mensaje por la gran actuación de Luisa Huertas, su refrescante tono sobre la venganza y sus consecuencias, el tratamiento que mezcla humor y film noir  y su potente mensaje de que sanar no es olvidar.

*Periodista y realizador. Director de CinEspacio24.

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