La restauración cinematográfica permite recuperar películas que parecían condenadas al deterioro y al olvido. El inicio de la animación mexicana, 1935-1938 rescata seis cortometrajes realizados durante una etapa fundamental para la construcción del cine mexicano. Película que se puede disfrutar en el 45 Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.
Por Arturo Brum Zarco* Cuando llegó el cine sonoro en los años 30 a México comenzó una industria que reinventó los códigos fílmicos, donde diversos géneros aparecieron para edificar nuestra idiosincrasia y la animación no fue la excepción. El cine animado en el país inició de manera temprana, con una serie de cortometrajes que mostraron que la perspicacia y la creatividad de los artistas mexicanos nunca ha fallado. Desafortunadamente, muchas de estas obras eran casi imposibles de ver por su disponibilidad y, sobre todo, porque los rollos cinematográficos se encontraban en un estado deplorable que hacía difícil apreciarlas, admirarlas y entenderlas. Pero la bendita restauración ha hecho su magia y, gracias al trabajo de varios especialistas, estos cortos fueron recuperados y se pueden disfrutar en El inicio de la animación mexicana, 1935-1938, la cual se presenta actualmente en el 45 Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. La acción de restaurar una película es salvaguardar nuestra memoria. Esta obra lo hace con creces y de una manera brillante recupera los cortometrajes del pionero estudio AVA, dedicado a la animación en ese periodo. Es importante el trabajo de restauración, ya que es reconstruir nuestra memoria, salvar nuestros recuerdos y entender lo que fuimos. Porque si el cine es un espacio mimético de la realidad, restaurarlo es volver a mirar el pasado. El filme está conformado por seis cortos que reflejan una divertida visión de la cosmovisión de su tiempo, por medio de la libertad creativa que ofrece la animación. Gracias a ese destacado trabajo descubrimos a un simpático y elegante personaje en Paco Perico en premiere (1935); una batalla entre el bien y el mal en La vida de las abejas (1937), una alocada, lúdica y muy mexicana fiesta en Una noche de posada (1937); una versión del relato de los tres cerditos tropicalizada a las costumbres locales en Los cinco cabritos y el lobo (1937); una historia de un charro mexicano que junto con su esposa busca un tesoro en Chema y Juana en el tesoro de Moctezuma (1938); y The Cockroach (1937), que usa la canción La cucaracha como eje narrativo. El último corto lo dirigió Carlos Sandoval y los otros cinco son obras de Alfonso Vergara Andrade, pioneros cuya animación dio forma a este primer imaginario fílmico. Además, la proyección incluye un breve documental sobre el proceso de restauración, el cual tuvo como coordinadora del proyecto a Jania Alarcón. Este trabajo merece, como espectador y cinéfilo, un agradecimiento especial al Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca Nacional, que en colaboración con IMCINE permite redescubrir y valorar una historia fílmica que fue clave en la formación del lenguaje cinematográfico en México. En ese sentido, el cine de los años 30 fue un periodo de descubrimiento y experimentación tanto para el público como para los cineastas de la época, pues iniciaba el cine sonoro y muchos realizadores que ya trabajaban en la industria, pero en Estados Unidos, regresaron al país para aportar sus visiones vanguardistas. A esto se suma una búsqueda de identidad nacional a través del cine que dio lugar a obras adelantadas a su tiempo, atrevidas tanto narrativa como visualmente. Entre estas destacan algunas de las primeras expresiones del terror y la ciencia ficción en México, como La llorona (1933) de Ramón Peón, El fantasma del convento (1934) de Fernando de Fuentes, El misterio del rostro pálido (1935) de Juan Bustillo Oro y El baúl macabro (1936) de Miguel Zacarías, entre otras. Muchas de estas cintas enfrentan hoy un problema común. Algunas han sido restauradas, pero su disponibilidad sigue siendo limitada, mientras que otras presentan un deterioro que impide apreciarlas plenamente. Con El inicio de la animación mexicana, 1935-1938, se acentúa la importancia de esa década fundacional del cine mexicano, donde el sonido, la experimentación y la búsqueda de identidad abrieron el camino para nuevas formas de representación. La animación aparece aquí como una extensión de ese impulso novedoso, como otra forma de mirar un origen que sigue siendo clave para entender nuestro cine.
*Periodista y realizador. Director de CinEspacio24.
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