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Hay veces en las que nos es necesario tener la trama más increíble y rebuscada del mundo para poder crear una gran película. En ocasiones menos es más, y cuando se crea un largometraje tan sincero y humano como la cinta francesa Viento Del Norte (Vent du Nord), los resultados que pueden obtenerse son capaces de dejar sorprendido a más de uno.

Por Martín L. González*

Hervé (Philippe Rebbot) es un padre de familia que trabaja en una fábrica ubicada en el norte de Francia, empresa que decide cambiar sus instalaciones a Túnez. Tras esta situación, Hervé recibe una indemnización que utiliza para perseguir su sueño de convertirse en pescador y de esta manera poder transmitirle esa pasión a su hijo.

Por otro lado, en Túnez, Foued (Mohamed Amine) comienza a trabajar en la nueva fábrica, y aunque la paga es poca, aprovecha la ocasión para ocuparse económicamente de su madre que se encuentra delicada de salud y, a su vez, seducir a la chica de la que se encuentra perdidamente enamorado desde hace algún tiempo.

Sin temor a equivocarme podría decir que esta es una de las películas más interesantes que he visto en la Cineteca Nacional. El director Walid Mattad toma dos historias aparentemente simples que, al juntarse, forman una trama con una propuesta maravillosa.

Entrelazar dos vidas que a simple vista no tienen nada en común es sin duda un merito que debe ser aplaudido.

El ritmo que maneja es coherente incluso en la manera de conectar a las diferentes familias. Al principio es tranquilo y paciente. Se toma el tiempo para desarrollar ambas historias y de esa manera conseguir que el público conecte con los protagonistas, y conforme va avanzando la película y los problemas se vuelven más agobiantes, las transiciones entre aventuras se vuelven más bruscas y radicales.

Por momentos parece que nos encontramos ante dos mundos diferentes que irónicamente actúan como un espejo que lanza reflejos uno del otro. En su propia esencia, se manejan en la misma línea y batallan con problemas bastante similares sin perder su personalidad.

Por más diferentes que lleguen a parecer, el director de una u otra manera logra siempre mantener presente que es una historia doble. Quizá con pequeños guiños o incluso con las propias transiciones pero siempre hay algo que nos recuerda la diversidad que se maneja.

Durante todo el filme el guión brilla más que cualquier otra cosa. Crea personajes carismáticos, reales e incluso entrañables. Logra darnos una historia que podemos hacer nuestra y todo esto sin necesidad de apoyarse en exquisiteces.

Nos entregan un producto ligero pero con identidad y calidad.

Nos acostumbramos  tanto a calificar y descalificar las películas que poco a poco perdemos la verdadera intención de ir al cine: disfrutar. Viento del Norte nos recuerda que no siempre debemos juzgar y analizar un filme, hay veces en las que simplemente debemos apagar esa vocecita que nos hace criticar hasta el más mínimo e insignificante detalle y tan sólo dejarnos maravillar por lo bello y hermoso que puede ser el séptimo arte.

Como bien lo escribió alguna vez el crítico de cine Leonardo García Tsao: “Como todo arte, nos muestra lo mejor de nosotros mismos. O, como dicen por ahí, el cine es mejor que la vida”.

 

*Colaborador en CinEspacio24 Noticias.


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