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“Valerian”, crítica

"Valerian", crítica

Valerian and the city of a thousand planets (Francia, 2017) es la nueva película del afamado cineasta Luc Besson, quien logró financiamiento a través de un complejo proceso de preventas y desembolsando dinero propio en una arriesgada campaña de crowdfounding, una empresa que por sí sola ha llamado la atención.

Por Isaac Piña Galindo *

Además, esta “súper producción independiente” se basa en el cómic original “Valérian and Laureline” y, en palabras del mismo Besson, es uno de sus proyectos más personales a la fecha.

Las ambiciones estéticas y financieras se perciben desde el primer minuto cuando, con el recurso único de la computadora en la realización, observamos cómo un día normal en la vida de una princesa de otro planeta toma un rumbo aciago. La paz y belleza de su extraño mundo es destrozada. De la nada, pedazos de distintos tipos de naves cruzan el cielo y destruyen todo a su paso, hasta llegar al punto de exterminar al planeta y a casi todos sus habitantes.

Dichos primeros minutos sirven como el catalizador de la historia: el valeroso capitán Valerian y su atrevida compañera piloto Laureline terminarán enredados en una intriga política que se relaciona ominosamente con el desastre planetario (o “cuasi genocidio accidental”).

La trama y los personajes protagónicos parecen en un principio tan maleables que tras un par de secuencias de acción trepidantes, el espectador termina enganchado; sin embargo, para aderezar el thriller repleto de CGI (imagen creada por computadora), Besson presenta diálogos torpes o frases ridículas que hacen que decaiga la emoción.

La pobreza del guión se vuelve más evidente por un elenco fallido: Ni Dane DeHaan, ni Cara Delevingne llenan los zapatos de un papel protagónico, menos aún el protagónico de una película de fantasía llena de personajes creados digitalmente. La flaqueza actoral se hace evidente cuando el tono de la película se vuelve confuso, los pasajes “cómicos” son mal manejados y los chistes se cuentan a destiempo, el drama militar es acartonado y quienes terminan dando la “cara” son las distintas razas alienígenas que se cruzan en el camino.

Es innegable que el motor definitivo de Valerian es el “escapismo”, pues Besson literalmente nos transporta a un futuro lejano y otra realidad completamente desconocida. No obstante, cuando se trata de hilvanar una narrativa o cierta tensión amorosa, la cinta falla y deja al público en ascuas, deseando más.

A trompicones y a pesar de sí mismo, Luc Besson entrega un “Valerian” muy rico y vasto, lleno de planetas y especies que son suficientes para mantener excitada la imaginación de los niños así como para entretener a una audiencia un poco más adulta, del tipo que se emociona con lo nuevo de Marvel u obras similares.

Para encontrar un “Valerian” menos infantil y a un Besson en estado de gracia, valdría la pena revisitar “The Fifth element” (Francia, 1997), delirante obra futurista, sí, pero llevada con gracia por Bruce Willis, el camaleón Gary Oldman y una jovencísima Milla Jovovich en su primer papel estelar.

 

*Alumno de nuestro taller de crítica cinematográfica

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