“The Blues Brothers”: una orgía cómico-musical de leyenda

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Por Daniel Flores*

Corría 1980, año del boicot estadounidense a los Juegos Olímpicos de Moscú, del asesinato de John Lennon, del surgimiento de la cadena de noticias, CNN, y del triunfo electoral de Ronald Reagan para la Presidencia de los Estados Unidos. En ese país, emergía también un nuevo modo de hacer comedia en el cine, gracias a un grupo de talentosos artistas, varios de ellos, surgidos de la primera camada del show televisivo, Saturday Night Live (SNL).

Irreverentes, subversivos y atascados de cocaína, dos de estos genios creativos, Dan Aykroyd y John Belushi, estrenaron en la pantalla grande, The Blues Brothers, basado en el sketch cómico-musical que este explosivo dúo presentó en SNL durante los setenta. Bajo la dirección de John Landis (Un hombre lobo americano en Londres, 1981), la trama lucía algo extravagante, en torno a dos hermanos, “Joliet Jake Blues” (Belushi) y “Elwood Blues” (Aykroyd), ambos músicos de jazz, R&B, y por supuesto, blues.

¿Y qué tenían de especial estos dos sujetos además de vestir siempre como matones, con sombrero, traje negro y lentes oscuros? Pues que estaban listos para detonar a Hollywood, con un estilo bufonesco y satírico, al grado de que el gran público no estaba preparado para semejante divertimento. Consagrados ambos, Aykroyd y Belushi, como estandartes de la comedia estadounidense, se lanzaron a la aventura de extender y crear una historia a partir de un sketch, con la incertidumbre de hacer un adecuado crossover de la TV al cine.

El resultado fue un tremendo disparate, una orgía musical que incluía a nazis en Illinois, persecuciones en auto larguísimas, caídas exageradas de vehículos, pelotones de policías y soldados tratando de atrapar a los protagonistas, brillantes cameos de cantantes legendarios, ¿la “Princesa Leia”? y ¿Steven Spielberg cobrando impuestos?

Con un presupuesto nada despreciable para la época, 27 millones de dólares, el filme recaudó cerca de 116 millones de billetes verdes, encumbrando aún más a Aykroyd, Belushi y Landis, como los artífices de un recambio generacional en el cine de comedia, que abriría las puertas a Bill Murray, Steve Martin, Billy Cristal, Martin Short, Eddie Murphy, John Candy y una larga lista de histriones, que en los ochenta imperaron en el Séptimo Arte, con producciones ya fuera de fino humor o grotescos churros, pero todos, taquilleros.

Entre sus correrías para juntar 5 mil dólares y ayudar al orfanatorio donde moraron, este par de inadaptados sociales tratará de reunir a su banda musical, cuyos integrantes se dedican a todo menos a hacer sonidos. Así, en este periplo, sucederán cameos de estrellas del rock y el soul, como Aretha Franklin, Ray Charles, James Brown y Chaka Khan; actores icónicos de la comedia como John Candy, Paul Reubens, Frank Oz y personalidades del momento, como la delgadísima modelo, Twiggy, el fortachón, Mr. T y hasta un juvenil Steven Spielberg.

Por si fuera poco, una misteriosa chica, experta en armas mortales, que van de bombas hasta bazucas, intentará eliminar a los “Blues Brothers” por motivos que se revelarán en el desenlace. La joven en cuestión es Carrie Fisher, la inolvidable, “Princesa Leia” de “Star Wars”, que luce guapísima, alejada del rol de heroína intergaláctica.

De la cinta, que es preferible que el público contemple antes de emitir un juicio, destacan las escenas finales, en las que se recurrió a casi mil extras para que integraran a gente del Ejército, el FBI, la policía y otros tantos grupos de protección que pretenden detener a “Joliet Jake” y “Elwood” en su intentona por llegar al piso del fisco de la ciudad de Chicago y pagar los 5 mil dólares. Pero resulta que ninguno de sus perseguidores tiene que ver con esta situación, ya que, conforme la trama avanza, los “Blues Brothers” se van haciendo de pintorescos enemigos que quieren cobrar cuentas por separado.

Obviamente, abundan los números musicales, casi todos interpretados y bailados al ritmo de este par, que fascinaron al público al inicio de los ochenta. Lamentablemente, de esa fecha, faltarían sólo dos años para el deceso de Belushi, víctima de su excesivo consumo de alcohol y drogas. El robusto comediante estaba en el pináculo de su carrera, con sus sketchs en SNL y sus alocados personajes en filmes como Animal House (Landis, 1978), Goin` South (Jack Nicholson, 1978), 1941 (de Steven Spielberg, aunque de hecho éste fue un mega fracaso del realizador judío), Continental Divide (Michael Apted, 1981) y Neighbors (John G. Avildsen, 1981), en la que repitió fórmula con Aykroyd.

Por su parte, Aykroyd, uno de los guionistas más prolíficos de Hollywood, estaba a unos años de ser reconocido globalmente por la denominada, “comedia más querida de los Estados Unidos”, Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984), misma que protagonizó y actuó, ahora, a lado de Bill Murray, con quien ha tenido una intensa relación de amor-odio laboral.

¿Se imaginan, de no haber muerto, a Belushi en lugar de Murray como el “Doctor Peter Venkman”? Seguramente, habría acumulado más de los 290 millones que recaudó. Nunca lo sabremos, pero, ojalá, que donde sea que esté, el gordo Belushi siga animando la fiesta al ritmo de los “Blues Brothers”.

Por cierto, la película está actualmente en Netflix, con una considerable mejoría en imagen y sonido.

 

 

*Periodista. Colaborador en CinEspacio24, Director de Cio Noticias, Crítico de Cine, Columnista en el Heraldo de México Toluca 


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