“Boda sangrienta”, comedia y sangre después del matrimonio

Boda sangrienta es un filme de terror y comedia, que narra el suplicio de Grace después de casarse, ya que tiene que esconderse de su nueva familia, que como parte de un juego intentan matarla. 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

“Hasta que la muerte los separe”, es la frase con la que concluyen casi todas las celebraciones de boda. Estarás con tu pareja hasta que alguno de los dos fallezca, quizá para los más románticos es una expresión hermosa, para otros es como estar encadenados.

A esos diferentes puntos de vista nos lleva la cinta Boda sangrienta, un filme cómico y gore, que usa el festejo de una boda para criticar este tipo de ceremonias, a la clase alta y su doble moral, al amor incondicional y a las absurdas tradiciones de la gente, y lo hace de una forma divertida y sangrienta.

Por medio de una narración y actuaciones exageradas los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet, crean una anécdota combinando sin restricciones varios géneros cinematográficos, el horror, thriller y la comedia, para entregarnos un producto entretenido y con algunas partes para reflexionar sobre la condición humana y la necesidad de algunas personas por casarse.

Asimismo, ahonda sobre la clase alta, esa que parece vivir en una burbuja. El filme refleja su avaricia, su sentimiento de superioridad, el creer que pueden realizar cualquier acto sin tener consecuencias, como por error dispararle a una sirvienta y matarla y sólo ir a aventarla a los establos, y que eso se convierte en un acto cómico para ellos. 

Grace (Samara Weaving) es una joven chica, de clase media, que se casa con Alex Le Domas (Mark O´Brien), quien pertenece a una familia de clase alta, los Le Domas. Famosos por hacer su fortuna gracias a la invención de varios juegos de mesa. Entre varios familiares de los Le Domas hay algunos que piensan que Grace se casó por dinero y la miran con odio y desprecio.

Después de la boda, según la tradición de la familia de Alex, todos los familiares del novio se deben reunir en la sala de juegos y la novia tiene que sacar una carta con la descripción de un juego en el que todos deben participar. De no hacerlo, un ente maligno matará a toda la familia Le Domas.

Grace saca un carta que describe el juego de escondidillas , para ella es algo absurdo pero decide aceptar  las excentricidades de su nueva familia, sin saber que en realidad ese juego es un cacería donde los Le Domas la tienen que encontrar y matar.

La cinta Boda sangrienta es una divertida comedia gore, con escenas de asesinatos accidentales irrisorios, diálogos que juegan con el absurdo de la premisa, una ambientación que no se sale de sus forma y fondo para mostrarnos una película que bien puede entrar en la categoría de serie b.

Al final, este filme es un entretenido ejercicio de terror y comedia que no se detuvo hasta cumplir “hasta que la muerte los separe”.

Periodista y realizador. Director de Comunicación en CinEspacio24. Colaborador en Cio Noticias.


Terry Gilliam un genio de la comedia

Cineasta de talento nato. Desde sus inicios, Terry Gilliam demostró sus capacidades para la creación de proyectos audiovisuales con un peculiar enfoque. Como referente del cine moderno, consiguió que su trabajo trascendiera en distintos géneros. Desde la comedia hasta el drama, sus películas cuentan con un surrealismo único, que se convirtió  en su marca personal.

Por Martín L. González*

@martin_lgonzale

Terence Vance Gilliam nació el 22 de noviembre de 1940 en Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos. Es uno de los tres hijos del matrimonio entre Beatrice Vance y James Hal Gilliam.

Su infancia transcurrió en Medicine Lake, un campo rural de cultivo de maíz, donde el mayor  entretenimiento familiar era una pequeña radio, lo cual orilló al pequeño Gilliam a desarrollar su imaginación.

En 1951, él y su familia se mudaron a California, ya que su hermana menor padecía de asma. Su padre, un antiguo miembro de la caballería estadounidense (que después se convertiría en carpintero), tomó esta decisión para poder tratar el problema de salud de su pequeña.

Ya en California, durante una de las sesiones de matiné en los cines locales, vio un filme que lo marcaría, La Patrulla Infernal (Stanley Kubrick, 1957). Gracias a ese largometraje, Gilliam tuvo una pequeña epifanía sobre el cine, y comenzó a verlo como algo más que mero entretenimiento.

Cautivado por el séptimo arte, se volvió seguidor del trabajo de Georges Mélies (uno de los principales líderes en el desarrollo técnico y narrativo durante los inicios del cine), ya que se sentía identificado con la tendencia de engañar al espectador.

En 1958, ingresa a la universidad Occidental College, donde comenzó a estudiar física, para después cambiarse a la carrera de arte y finalmente graduarse en ciencias políticas.

Durante su paso por la universidad, editó la publicación Fang, una revista de poesía y arte, que después él y sus compañeros convirtieron en un cómic de gags y dibujos satíricos, y envió unas cuantas copias a las oficinas de la revista Help! (ubicadas en Nueva York). En dicho lugar trabajaría más tarde, y ahí conoció al actor británico, John Cleese (los dos serían miembros de Monty Python).

En esta época también colaboró como dibujante en la revista MAD, cuyo particular estilo humorístico, satírico y sarcástico marcó al cineasta, el cual se vería reflejado tiempo después en Monty Python.

Más adelante, Help!, comenzó a tener problemas económicos , por lo que Gilliam decidió abandonar su puesto en la compañía, lo que lo llevó a unirse a la Guardia Nacional durante un breve tiempo para evitar su incorporación a la guerra de Vietnam.

Después de este suceso, decide abandonar Nueva York y vive un breve tiempo en Los Ángeles, y finalmente en 1967 opta por marcharse a Londres, Inglaterra.  

Gracias al contacto que mantuvo con John Cleese, el 5 de octubre de 1969 se estrenó Monty Python’s Flying Circus, un programa televisivo enfocado en sketches de comedia, en los que actuaba el propio Terry Giliam, además de encargarse de las animaciones.

Gilliam, era el integrante menos conservador y el que gozaba de mayor libertad creativa. Encargado de las animaciones que servían como enlace entre los sketches, fungía como el elemento extravagante e innovador, que se convirtió en el principal atractivo del show. En ellas se podía vislumbrar el toque surrealista y humorista de Terry.

En 1971 se estrenó la cinta Se armó la gorda, lo que significó el “salto” a la gran pantalla del fenómeno Monty Python. La película duraba casi 90 minutos, y presenta sketches de las dos primeras temporadas del programa.

 

Junto a Terry Jones, dirigió Los Caballeros de la mesa cuadrada, filme que también pertenece a los Monty Python, se estrenó en 1975. La cinta es una sátira que se desarrolla en la corte del Rey Arturo.

Para 1977, Gilliam estrena  su primer largometraje en solitario, titulado La Bestia del Reino, una parodia de la época medieval que adapta un poema de Lewis Carroll (autor de Alicia En el país de las maravillas).

Participó como guionista y actor para La vida de Brian (Terry Jones,1978), el tercer largometraje del grupo de comedia de Monty Python, que nos narra la historia de Brian, un judío que nace justo el mismo día que Jesucristo, por lo cual los confunden varias veces con Jesús.

En 1981 estrenó Los héroes del tiempo, una cinta de aventuras a través del tiempo, en la que además de ser director también marca su inicio como productor. Esta cinta forma parte de su trilogía de la imaginación, aquí representa a la infancia.

En 1983 sale el cuarto largometraje de Monty Python, El sentido de la vida, dirigida por Terry Jones y donde  Giliam formaba parte del cast.

Brazil, la segunda película de la trilogía de la imaginación, la cual simboliza la juventud, se estrenó en 1985. La cinta nos cuenta la historia de Sam Lowry  (Jonathan Prce), un noble tecnócrata quien tras un error burocrático se ve obligado a encargarse del papeleo, ya que como oficialmente no existen errores, y nadie quiere hacerse cargo.

Para terminar su emblemática trilogía, estrena en 1989, Las aventuras del Barón Munchausen. El largometraje, que representa la vejez, se desarrolla en una ciudad anónima de Europa en el siglo XVIII, y narra la vida de un oficial alemán que recuerda todas sus hazañas en la Luna, el inframundo y la guerra.

En 1991 estrena Pescador de ilusiones, película que marca el inició de la trilogía americana. La cinta nos cuenta la historia del exitoso locutor de radio Jack Lucas (Jeff Bridges), que busca pagar sus culpas, ya que su programa orilla a un psicópata a asesinar a siete personas.

Continuando con la trilogía americana, sale Doce monos (1962), inspirada en la película El muelle (Chris Marker, 1962), en la que Giliam nos cuenta como un presidiario del futuro es enviado al pasado para investigar el origen de una plaga que acabó con gran parte de la humanidad.

 

Para finalizar esta trilogía, el cineasta presenta en 1998, Miedo y asco en Las Vegas, película basada en la novela homónima del escritor Hunter S. Thompson, la cual nos cuenta como un periodista y un misterioso abogado viajan a las vegas con el maletero del carro repleto de drogas.

Gilliam da la bienvenida al nuevo siglo presentando en 2005 Tideland, largometraje que narra la vida de la pequeña Jeliza-Rose, la cual conoce a un taxidermista y su inestable hermano, tras la muerte de sus drogadictos padres.

En ese mismo año, Gilliam también realiza Los hermanos Grimm, cinta que se centra en los hermanos Will y Jake Grimm, los cuales inician un viaje por el país con el pretexto de proteger a la gente de la ciudad de las criaturas encantadas y míticas.

En 2009 estrena El Imaginario del Doctor Parnassus, donde nos narra como el Doctor Parnassus (Christopher Plumer), tras haber hecho un pacto con el diablo para poder ser inmortal, se ve envuelto en una maldición oscura, además de tener el don de guiar la imaginación de los demás.

The Zero Theorem sale en 2013, y en ella nos cuenta como Qohen Leth (Christopher Waltz), un solitario genio de la informática, dedica su vida a resolver el Teorema Zero.

En 2018 estrenara Mr. Vertigo, adaptación de la novela de mismo nombre escrita por Paul Auster, en la que nos cuenta la autobiografía de Walt, un joven que aprendió a volar y levitar con la ayuda de su maestro Yehudi.

Y finalmente, logra llevar a la gran pantalla su proyecto maldito. Tras varios intentos fallidos por filmarla, El Hombre que mató a Don Quijote se presentó en el festival de Cannes 2018. En la cinta, nos narra como un anciano que está completamente seguro de ser Don Quijote, confunde a un ejecutivo publicitario con su fiel escudero Sancho Panza, con el cual emprenderá un viaje a través del siglo XXI y el siglo XVII.

La marca de Giliam está presente en todas sus películas. Ese surrealismo que raya en lo bizarro puso su trabajo en la categoría de cine de autor, ya que su estilo tan particular convierte a Terry Gilliam en la verdadera estrella de sus películas, atrayendo al público a ver sus largometrajes por el simple hecho de llevar su nombre.

Como lo dijo el propio director alguna vez: “Quedas atrapado por las historias. Me he ganado la reputación de estar fuera de control, pero no es cierto, simplemente esa es una historia más interesante que la verdad”.

 

*Colaborador en CinEspacio24 Noticias.


“The Blues Brothers”: una orgía cómico-musical de leyenda

 

Por Daniel Flores*

Corría 1980, año del boicot estadounidense a los Juegos Olímpicos de Moscú, del asesinato de John Lennon, del surgimiento de la cadena de noticias, CNN, y del triunfo electoral de Ronald Reagan para la Presidencia de los Estados Unidos. En ese país, emergía también un nuevo modo de hacer comedia en el cine, gracias a un grupo de talentosos artistas, varios de ellos, surgidos de la primera camada del show televisivo, Saturday Night Live (SNL).

Irreverentes, subversivos y atascados de cocaína, dos de estos genios creativos, Dan Aykroyd y John Belushi, estrenaron en la pantalla grande, The Blues Brothers, basado en el sketch cómico-musical que este explosivo dúo presentó en SNL durante los setenta. Bajo la dirección de John Landis (Un hombre lobo americano en Londres, 1981), la trama lucía algo extravagante, en torno a dos hermanos, “Joliet Jake Blues” (Belushi) y “Elwood Blues” (Aykroyd), ambos músicos de jazz, R&B, y por supuesto, blues.

¿Y qué tenían de especial estos dos sujetos además de vestir siempre como matones, con sombrero, traje negro y lentes oscuros? Pues que estaban listos para detonar a Hollywood, con un estilo bufonesco y satírico, al grado de que el gran público no estaba preparado para semejante divertimento. Consagrados ambos, Aykroyd y Belushi, como estandartes de la comedia estadounidense, se lanzaron a la aventura de extender y crear una historia a partir de un sketch, con la incertidumbre de hacer un adecuado crossover de la TV al cine.

El resultado fue un tremendo disparate, una orgía musical que incluía a nazis en Illinois, persecuciones en auto larguísimas, caídas exageradas de vehículos, pelotones de policías y soldados tratando de atrapar a los protagonistas, brillantes cameos de cantantes legendarios, ¿la “Princesa Leia”? y ¿Steven Spielberg cobrando impuestos?

Con un presupuesto nada despreciable para la época, 27 millones de dólares, el filme recaudó cerca de 116 millones de billetes verdes, encumbrando aún más a Aykroyd, Belushi y Landis, como los artífices de un recambio generacional en el cine de comedia, que abriría las puertas a Bill Murray, Steve Martin, Billy Cristal, Martin Short, Eddie Murphy, John Candy y una larga lista de histriones, que en los ochenta imperaron en el Séptimo Arte, con producciones ya fuera de fino humor o grotescos churros, pero todos, taquilleros.

Entre sus correrías para juntar 5 mil dólares y ayudar al orfanatorio donde moraron, este par de inadaptados sociales tratará de reunir a su banda musical, cuyos integrantes se dedican a todo menos a hacer sonidos. Así, en este periplo, sucederán cameos de estrellas del rock y el soul, como Aretha Franklin, Ray Charles, James Brown y Chaka Khan; actores icónicos de la comedia como John Candy, Paul Reubens, Frank Oz y personalidades del momento, como la delgadísima modelo, Twiggy, el fortachón, Mr. T y hasta un juvenil Steven Spielberg.

Por si fuera poco, una misteriosa chica, experta en armas mortales, que van de bombas hasta bazucas, intentará eliminar a los “Blues Brothers” por motivos que se revelarán en el desenlace. La joven en cuestión es Carrie Fisher, la inolvidable, “Princesa Leia” de “Star Wars”, que luce guapísima, alejada del rol de heroína intergaláctica.

De la cinta, que es preferible que el público contemple antes de emitir un juicio, destacan las escenas finales, en las que se recurrió a casi mil extras para que integraran a gente del Ejército, el FBI, la policía y otros tantos grupos de protección que pretenden detener a “Joliet Jake” y “Elwood” en su intentona por llegar al piso del fisco de la ciudad de Chicago y pagar los 5 mil dólares. Pero resulta que ninguno de sus perseguidores tiene que ver con esta situación, ya que, conforme la trama avanza, los “Blues Brothers” se van haciendo de pintorescos enemigos que quieren cobrar cuentas por separado.

Obviamente, abundan los números musicales, casi todos interpretados y bailados al ritmo de este par, que fascinaron al público al inicio de los ochenta. Lamentablemente, de esa fecha, faltarían sólo dos años para el deceso de Belushi, víctima de su excesivo consumo de alcohol y drogas. El robusto comediante estaba en el pináculo de su carrera, con sus sketchs en SNL y sus alocados personajes en filmes como Animal House (Landis, 1978), Goin` South (Jack Nicholson, 1978), 1941 (de Steven Spielberg, aunque de hecho éste fue un mega fracaso del realizador judío), Continental Divide (Michael Apted, 1981) y Neighbors (John G. Avildsen, 1981), en la que repitió fórmula con Aykroyd.

Por su parte, Aykroyd, uno de los guionistas más prolíficos de Hollywood, estaba a unos años de ser reconocido globalmente por la denominada, “comedia más querida de los Estados Unidos”, Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984), misma que protagonizó y actuó, ahora, a lado de Bill Murray, con quien ha tenido una intensa relación de amor-odio laboral.

¿Se imaginan, de no haber muerto, a Belushi en lugar de Murray como el “Doctor Peter Venkman”? Seguramente, habría acumulado más de los 290 millones que recaudó. Nunca lo sabremos, pero, ojalá, que donde sea que esté, el gordo Belushi siga animando la fiesta al ritmo de los “Blues Brothers”.

Por cierto, la película está actualmente en Netflix, con una considerable mejoría en imagen y sonido.

 

 

*Periodista. Colaborador en CinEspacio24, Director de Cio Noticias, Crítico de Cine, Columnista en el Heraldo de México Toluca 


“Solteras”, una comedia de calidad

Después de la comedia romántica Tiempos felices (México, 2014), el director Luis Javier Henaine y la actriz Cassandra Ciangherotti abordan por segunda vez dicho género con Solteras (México, 2019), con la diferencia de que en esta ocasión Henaine imprime un tono más adulto y sobrio como puede observarse con el tema (la necesidad de casarse) o con las decisiones estéticas de realización.

 

Por Isaac Piña Galindo*

@IsaacPi15a 

Tal como sucedió con Tiempos Felices, Henaine demuestra su capacidad para explotar una trama sencilla por medio del desarrollo de su protagonista, un personaje escrito de gran forma que se deconstruye conforme avanza la película.

El director realiza un trabajo sólido con los recursos del género, lo que le permite cimentar una gradual (y un tanto atrevida) incursión al “dramedy” (drama y comedia), subgénero con el que profunidza un poco más en las tribulaciones del personaje principal, Ana.

Esta decisión narrativa supera los límites de la rom com y deja en claro que el realizador no está interesado en contar una historia de amor (o no nada más eso), sino que se dedica a explorar la historia de una chica que debe reconciliarse consigo misma y superar su angustía particular.

Ciangherotti es memorable dando vida a Ana, un personaje rico en matices con el que la actriz demuestra su vis cómica al transitar de la comedia física a una comedia podríamos decir que más visceral enfocada en el ritmo y cadencia de la voz, con una textura cercana al drama.

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Su agudeza interpretativa es el sostén (y la fuerza) de la película porque Ciangherotti conjuga lo patético y lo orgulloso del personaje de forma verosímil, sin caer ni en la caricatura ni en la sobreactuación.

Solteras es un rara avis en el panorama del cine nacional (mexicano) al sacurdise la monotonía maquinal de un tipo de personajes e historias que han sido insultados y socavados desde hace algunos años.

La producción (distribuida por Cinépolis y con el apoyo de co producción de Eficine), la campaña publicitaria así como la trama, por supuesto, son elementos que pudieran englobar a Solteras en esa corrida de películas en su mayoría hechas en serie, pero cuya hechura fílmica es básica: repetir un esquema cómico, manipular estereotipos y exprimir patrocinios publicitarios, todo en un tono más cercano a la televisión y, en algunos casos, a la telenovela.



No obstante, en Solteras se adivina que Henaine se concentra en “hablar” cine, ya sea con la foto (la paleta de color, la iluminación, el encuadre), con el montaje (el manejo del humor entremezclado con la faceta dramática en su segundo acto) o con la inteligente construcción narrativa escrita a cuatro manos por el mismo Henaine y Alejandra Olvera Ávila.

Solteras es entonces una película divertida y ágil, una comedia entretenida cuyo corazón y motor son Ana y sus compañeras solteras, personajes que se “sienten” humanos al presentarnos sus defectos y dolencias de forma sincera en un cómico viaje en búsqueda del amor o, cuando menos, del cariño suficiente para poder casarse, aunque con un giro final que replantea el verdadero sentido de la travesía.

Con ello, la película logra ser, por partida doble, un acierto rotundo y una bocanada de aire fresco.

 

*Cineasta y Colaborador en CinEspacio24 Noticias 


“Hombres al agua”, de la depresión a lo estético

Hombres al agua es una divertida comedia francesa sobre unos hombres, la mayoría mayores de 50 años de edad, que comparten un sentimiento de derrota y que deciden practicar nado sincronizado; una forma para encontrar belleza y paz en sus depresivas vidas.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Lo hermoso del nado sincronizado es que es un deporte estético, sin más, es un bello baile en el agua, en donde cada miembro del equipo realiza la coreografía con una coordinación casi perfecta. Es decir, es un agradable espectáculo para la vista.

Y para llegar a practicarlo se necesita disciplina, pasión y camaradería. Pensar que unos hombres mayores de 50 años, físicamente inactivos, socialmente rechazados y laboralmente derrotados realicen dicho deporte, parecería algo cómico (y quizá lo es), y para muchas personas un acto contra la hombría (lo cual es absurdo).

De eso trata la cinta francesa Hombres al agua (Le grand bain) una divertida comedia coral, que muestra con un fino humor negro que ante las adversidades o la depresión, encontrar a amigos que no juzguen sino sólo compartan un pequeño momento juntos, puede ser más sano que costosas terapias.

Bajo la dirección de Gilles Lellouche, y con un gran elenco, el filme aborda la importancia de la amistad, de encontrar un propósito en la vida, de la sana búsqueda del éxito, de la aceptación de la derrota, y que la hombría es sólo un concepto banal, ¿por qué no aplaudir el esfuerzo de unos hombres calvos, con sobrepeso que buscan realizar un acto estético?

De esa forma, Hombres al agua nos cuenta la historia de Bertrand (Mathieu Amalric), un hombre que lleva dos años sin trabajar, toma pastillas contra la depresión, no logra tener relaciones sexuales con su esposa y es la burla de su cuñada y el esposo de esta.Pero un día encuentra una invitación para formar parte de un equipo de hombres de nado sincronizado y decide inscribirse. Ahí conoce a gente que como él se sienten derrotados por la vida.

Como Laurent (Guillaume Canet), quien tiene un mal temperamento, su hijo es tartamudo y su esposa se divorcia de él; Marcus (Benoit Poelvoorde) un empresario que vende tinas y que se encuentra en la quiebra; Simon (Jean- Hugues Anglade), un músico fracasado, que trabaja como cocinero en un escuela, donde estudia su hija, quien constantemente lo rechaza. Entre otras personas que comparten un sentimiento de fracaso.

A ellos se les une sus dos entrenadoras, dos jóvenes mujeres que han recibido duros golpes de la vida; Amanda (Leila Bekhti),  una exigente instructora que está en silla de ruedas, y Delphine (Virgine Efira), una reconocida nadadora, que perdió su fama por alcohólica y que está obsesionada por el amor de un hombre que no le hace caso. 

Por lo que pueden leer cada historia bien podría ser un gran drama; al respecto, la película no esconde las penurias de cada personaje, al contrario las resalta y lo hace de una forma cínica e irrisoria, pero no sentimos pena por ellos, sino empatía y eso se logra por la buena dirección, la agradables actuaciones (repito es un gran reparto) y el brillante ritmo que tiene la cinta.

El filme abordará la vida de todos los personajes y a cada uno le dará el tiempo necesario para comprenderlo; en ese sentido es una divertida amalgama de anécdotas, tristes pero sinceras.

Tanto los hombres como las entrenadoras, encontrarán en el nado sincronizado un propósito, una meta, amigos, y que a veces las calamidades desaparecen si se comparten, y sobre todo bailando en el agua.

 

 

*Periodista y realizador. Director y Editor en CinEspacio24 Noticias. Colaborador en Cio Noticias.


“Johnny English 3.0” un espía nostálgico

El comediante Rowan Atkinson interpreta nuevamente el papel de Johnny English, un agente secreto inglés, despistado, torpe y egocéntrico, que provoca sin querer varios problemas pero al final rescata al mundo. 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Un hacker se infiltró en los archivos del Servicio de Inteligencia Secreto inglés y publicó los nombres y las fotos de todos los agentes; lo que provocó un escándalo nacional. Ante tal panorama, la Primer Ministra (interpretada por Emma Thompson) exige a sus asesores que resuelvan el problema y atrapen al delincuente cibernético. Sólo hay un pequeñísimo inconveniente, los espías tuvieron que esconderse y no hay nadie en activo para que solucione el problema.

Por tal motivo, tienen que buscar a agentes retirados. Entre ellos se encuentra un ex espía excéntrico, vanidoso y despistado, que ahora trabaja como profesor de geografía en una escuela primaria (pero en realidad les enseña a sus alumnos cómo ser un agente secreto), su nombre es Johnny English (papel que realiza Rowan Atkinson), un oficial que en el pasado salvó a su país de varios desastres; siempre con la fortuna de su lado.

De nuevo Inglaterra lo necesita y English se tomará las cosas muy en serio, como siempre, y se compromete a atrapar al villano, pero antes exige que le pongan a su cargo a su fiel compañero Bough (Ben Miller), quien ha estado con él en los casos que ha resuelto.

Esta pareja de agentes entrarán de nuevo al mundo del espionaje para salvar a su país; sin embargo, English va encontrar que todo ha cambiado, lo digital ahora domina al Servicio Secreto, y a él le cuesta trabajo adaptarse a ese nuevo mundo tecnológico; añora sus artefactos del pasado como plumas explosivas, hisopos bombas, relojes con cable para ahorcar, etcétera.

Por ejemplo, cuando le dan a escoger el automóvil que va a usar para la misión, sólo le ofrecen carros híbridos, pero Johnny decide utilizar un vehículo viejo que gasta mucha gasolina.

Esa es la premisa de la cinta Johnny English 3.0, la tercera entrega del agente secreto que interpreta el actor Atkinson; una película que como sus antecesoras juega con el humor simplista, físico y absurdo. Una comedia que no se sale de los parámetros establecidos: secuencias cómicas ridículas que la hacen entretenida y agradable; seguro en algunas escenas te vas a reír.

En esta caso, la cinta, dirigida por David Kerr, aboga por la nostalgia de lo análogo, ya que el personaje principal no entiende porque en lugar de un teléfono que lance dardos le dan un teléfono inteligente  con todas las redes sociales posibles. La película hace muchos chistes al respecto, sobre lo “viejo” contra lo nuevo. English va a cumplir su misión como lo hiciera “la vieja escuela”.

Asimismo, el filme es una parodia de las películas de agentes secretos, que mantiene la fórmula que les ha funcionado a este tipo de obras: el héroe siempre despistado, con un ego y confianza desmedida y que cuenta con un compañero – patiño que es quien en realidad soluciona las cosas; además, el protagonista antes de resolver el caso ocasiona sin querer un sin fin de problemas lúdicos.

Como ejemplo de este tipo de películas de detectives cómicos  están las que realizó Peter Sellers en los años 60 sobre La pantera Rosa; los trabajos que hizo Leslie Nielsen cuando interpretaba a un policía; o la versión de La pantera Rosa de Steven Martin que salió la década pasada. Cintas que utilizan un humor absurdo, simplista, físico y efectivo.

Los largometrajes de Johnny English entran en esa categoría y Rowan Atkinson está a la altura de dichos comediantes; quizá el que más destaca es Sellers.

Johnny English 3.0 es un parodia sobre agentes secretos que no se sale de las clásicas herramientas narrativas de su  género; no obstante, el uso de la nostalgia como eje para contar los chistes le da un toque fresco a la cinta.


*Periodista y realizador. Director y Editor en CinEspacio24 Noticias. Colaborador en Cio Noticias y Oculus Todo el Cine.


“Una bella luz interior”, y la tormentosa búsqueda del amor

Una bella luz interior es una comedia poco convencional, que aborda el tema de la búsqueda del amor de una forma inteligente, profunda y, sobre todo, graciosa; protagonizada por una gran Juliette Binoche y dirigida por Claire Denis.

 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

En ocasiones el amor es una contradicción; lo buscamos como desesperados y al no encontrarlo nos deprimimos, pero cuando lo tenemos, la felicidad es fugaz porque algo, un detalle, un comentario hace que nos alejemos de esa persona.

Isabelle (Juliette) es una atractiva mujer de 50 años, divorciada y con una hija. Es pintora. Se mueve entre un mundo de intelectuales. Tiene una vida económicamente estable. Sin embargo, parece que está en una “batalla” constante para conseguir pareja.

Sale con un financiero desagradable y casado; después la vemos enamorarse de un actor con graves problemas existenciales; intenta regresar con su ex marido para darse cuenta que lo odia más; busca estar con alguien fuera de su círculo intelectual pero no tienen nada en común; sale con un colega que tiene más problemas existenciales que el actor. Como si fuera una broma macabra, un círculo vicioso.

Esto nos los presenta la directora, Claire Denis , con unos diálogos profundos y a la vez irrisorios, es decir, es como una comedia del absurdo. Sabes que esperas el amor pero no tienes ni la menor idea de qué tipo de amor.

Sufres la soledad pero peleas tu independencia. Esa es la esencia del personaje principal de Una bella luz interior, película que desde el título se burla de si misma, de las relaciones en pareja, del amor, de lo banal que es decir: “el hombre perfecto está ahí, sólo primero tienes que buscar tu luz interior”.

De una forma compleja y con tomas largas y con una brillante y emotiva actuación de Juliette Binoche la cinta nos muestra que la búsqueda del amor puede ser un “callejón sin salida”.

El filme aborda el conflicto desde una perspectiva natural y cómica, y mucho es gracias al irónico guion de Claire Denis y de la escritora Christine Angot, que nos muestran situaciones comunes y lo contradictorio de ellas, y para ello no utilizaron diálogos comunes o frases trilladas.

Isabelle es una mujer atractiva, inteligente, pero llega a tal punto su desesperación que buscará la ayuda de un vidente, quien le dirá que el hombre de su vida quizá esté delante de ella, pero primero tiene que aceptar su luz interior; sutil y excelente broma.

 

 

*Periodista y realizador. Director y Editor de CinEspacio24. Colaborador en Cio Noticias.


“Cómo filmar una XXX”, o cómo ser director en tierras mexicanas

La obra de teatro mexicana  Cómo filmar una XXX es llevada al cine por su propio creador, Manuel Escalante.

El largometraje de Escalante desenvuelve el problema del nulo apoyo al cine mexicano, y cómo los directores no pueden concretar sus sueños. Así nos cuenta la historia de Ulises (Miguel Islas) un joven director que busca una oportunidad; y lo contratan para realizar una película pornográfica. La hazaña de Ulises está en que su amigos y familiares no sepan que está filmando una película de ese tipo.

La cinta de Escalante no se despega del estilo teatral. Pese a la adaptación al cine, la película tiene chispazos teatrales: los personajes evocan sus diálogos como si estuvieran en un teatro, las locaciones son exiguas y las tomas se distinguen por ser largas. Además, como en el teatro, la película comienza y termina con la misma pieza musical.

Irónicamente Manuel Escalante declaró que: “Ahora es Coco, después será Liga de la justicia todas estas son grandes marcas que te la ponen muy complicada en las salas”, recordando el contexto del cine mexicano en el panorama internacional.

Para el director, el cine mexicano debe irse desmarcando de los parámetros que le marca el contexto. Y en su película lo remarca muy bien: “El mensaje que dejé entre líneas sin hacer algo tan directo, es que el mexicano a veces es demasiado pretencioso con su cine y si se va a ver en la pantalla tiene que ser parecido al cine americano… y yo en lo personal creo que el cine no es así, el cine es el rostro de los mexicanos y lo que pretendo hacer con esta película es que se vea el humor”, comentó.

No obstante, la película no logra destacar en ningún aspecto y los chistes caen en lo vulgar y habla de temas, como si fueran normales, de trata de personas y favores sexuales en medio de los escándalos de Hollywood.

 

*Periodista y comunicador. Colaborado en CinEspacio24.


“Perdidos en París”, que regrese el slapstick

Perdidos en París (Paris pieds nus) es un espectáculo circense, con mucha comedia física, situaciones absurdas, una danza lúdica, alegre y conmovedora. Una cinta nostálgica, y una comedia arriesgada que se atreve (en este tiempo donde el género al que pertenece tiene un tono totalmente diferente) a utilizar los recursos de las películas cómicas de antaño y reivindicarlas. A Buster Keaton esta obra de Dominique Abel y Fiona Gordon le hubiera gustado.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Empezamos en Canadá, el lugar exacto no lo conocemos, pero a pesar de ser un sitio casi inhóspito por la nieve hay gente que vive ahí, con la “loca” nieve de vecina. Una joven Martha, le dice a su pequeña sobrina:“ Fiona, me voy a vivir a París”.

Pasan varios años y Fiona (Fiona Gordon), ahora adulta, sigue en ese lugar donde la nieve domina. Es bibliotecaria. Mientras ella trabaja, llega una empleada del lugar y al abrir la puerta un fuerte viento empuja a todos (esa escena define el estilo que veremos en toda la cinta, comedia física y absurda), la chica le lleva a Fiona una carta que encontró en la basura.

El mensaje es de su tía Martha (una de las últimas interpretaciones de nuestra querida Emmanuelle Riva), le pide que vaya a París a ayudarla, ya que la quieren meter a un geriátrico y ella a sus 88 años y con demencia senil no entiende por qué.

Fiona que nunca ha salido de su pequeño pueblo, va a París donde le suceden situaciones poco comunes como caerse al rio Sena y perder su equipaje.

La cinta es una película coral, primero cuenta la historia de Fiona. Después la de Dom (Dominique Abel) un vagabundo confiado, desvergonzado, que vive en una casa de campaña a lado del rio Sena. Busca su comida en la basura, sus movimientos son circensen y con mucha comedia física. Él encontrará la maleta de Fiona y ahí comienza la magia de un dúo cómico que se salen de los parámetros de lo establecido y crean su propio universo fílmico.

Martha es la encargada de la otra historia. Por miedo a la enfermera que la cuida, escapa de su departamento. Interpretada por la actriz Emmanuelle Riva (protagonista de las grandes cinta Amour e Hiroshima mi amor),quien murió a principios de este año, demuestra que estaba a la altura de interpretar cualquier papel y hacerlo de maravilla, para ejemplo su gran trabajo en esta peculiar comedia.

Perdidos en París es un tipo comedia a la que ya no estamos acostumbrados, al slapstick, ese subgénero que exagera la narrativa y su eje está en la comedia física y absurda, recursos que dominaba el actor del cine silente Buster Keaton.

Los directores de la cinta y protagonistas de la misma, Fiona Gordon y Dominique Abel, que además están casados, son unos cómicos especialistas en el estilo físico, circense y lo traspasan a esta arriesgada cinta. Es arriesgada porque que su tipo de comedia  a muchos les parecerá por momentos demasiado tediosa, ridícula y muy larga.

A pesar de que sí tiene escenas lentas y un poco aburridas, fue agradable ver de nuevo secuencias donde la actuación corporal dominará.

 

 

*Periodista, realizador. Director de Comunicación de CinEspacio24 y Editor de CinEspacio24 Noticias. Colaborador en Cio Noticias.


“Sieranevada”, una intima odisea familiar

Con una capacidad única para llevarnos a un ambiente claustrofóbico en un pequeño departamento en Rumania, la cinta Sieranevada, del director Cristi Puiu, convierte un momento íntimo y doloroso de una familia en una tragicomedia reflexiva.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Casi en todo momento la cámara de Cristi está fija. Filma desde diversos puntos un pequeño departamento de una familia en Rumania. Así vemos a los miembros de la familia pasar, entrar o salir de la toma (como si la escena no terminará). Van del comedor a la cocina, de un cuarto a la sala, por ejemplo. La cinta es una obra íntima.

Ellos se reuniron para una tradición funeraria de dicho país. El padre ha muerto y la madre ha convocado a sus tres hijos, su hermana, sobrinos y amigos a comer. Pero tienen que esperar la llegada de un Sacerdote que va a bendecir la casa y un traje del difunto.

Pero el cura llega tarde y eso desatará conflictos familiares guardados, charlas políticas sin ningún acuerdo, conversaciones sobre conspiraciones, peleas ideológicas, verdades ocultas y lo diferente que puede llegar a ser cada miembro de una familia.

No obstante, gracias a esas tomas fijas y discusiones largas, se nota la complicidad y la confianza que sólo se puede tener entre miembros de la familia.

Asimismo, es un película coral, nos narra de forma lineal una característica de cada miembro, pero esos detalles la hacen un todo; y la narración se convierte en un sinfín de historias con momentos cotidianos, lúdicos, tristes y espontáneos. La dirección de actores de Cristi es asombrosa.

Sieranevada también tiene como gran mérito involucrar al espectador con los sentimientos de los personajes; ya que el eje de la reunión es una comida, pero esta no se lleva a cabo por la tardanza del cura, después por la llegada de una chica desconocida y por la visita de un familiar no invitado.

Así, la desesperación de cada uno la comparte el espectador y mucho es gracias a las tomas cerradas del pequeño departamento, como si estuviéramos ahí compartiendo ese ambiente claustrofóbico. A veces las reuniones familiares son muy largas, y no puedes irte temprano y el tiempo pasa lento muy lento.

No obstante, hay risas, recuerdos, abrazos y cariño. En una pequeña locación el director logró crear todo un universo familiar y mostrarnos la idiosincrasia de la sociedad rumana.

Sección oficial del Festival de Cannes, se estrena este jueves 17 de agosto. Es una película contemplativa, reflexiva, que dura casi tres horas (de nuevo parece que la escena no termina).

 

 

*Periodista y realizador. Director de Comunicación de CinEspacio24. Colaborador de Cio Noticias.