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Después de la comedia romántica Tiempos felices (México, 2014), el director Luis Javier Henaine y la actriz Cassandra Ciangherotti abordan por segunda vez dicho género con Solteras (México, 2019), con la diferencia de que en esta ocasión Henaine imprime un tono más adulto y sobrio como puede observarse con el tema (la necesidad de casarse) o con las decisiones estéticas de realización.

 

Por Isaac Piña Galindo*

@IsaacPi15a 

Tal como sucedió con Tiempos Felices, Henaine demuestra su capacidad para explotar una trama sencilla por medio del desarrollo de su protagonista, un personaje escrito de gran forma que se deconstruye conforme avanza la película.

El director realiza un trabajo sólido con los recursos del género, lo que le permite cimentar una gradual (y un tanto atrevida) incursión al “dramedy” (drama y comedia), subgénero con el que profunidza un poco más en las tribulaciones del personaje principal, Ana.

Esta decisión narrativa supera los límites de la rom com y deja en claro que el realizador no está interesado en contar una historia de amor (o no nada más eso), sino que se dedica a explorar la historia de una chica que debe reconciliarse consigo misma y superar su angustía particular.

Ciangherotti es memorable dando vida a Ana, un personaje rico en matices con el que la actriz demuestra su vis cómica al transitar de la comedia física a una comedia podríamos decir que más visceral enfocada en el ritmo y cadencia de la voz, con una textura cercana al drama.

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Su agudeza interpretativa es el sostén (y la fuerza) de la película porque Ciangherotti conjuga lo patético y lo orgulloso del personaje de forma verosímil, sin caer ni en la caricatura ni en la sobreactuación.

Solteras es un rara avis en el panorama del cine nacional (mexicano) al sacurdise la monotonía maquinal de un tipo de personajes e historias que han sido insultados y socavados desde hace algunos años.

La producción (distribuida por Cinépolis y con el apoyo de co producción de Eficine), la campaña publicitaria así como la trama, por supuesto, son elementos que pudieran englobar a Solteras en esa corrida de películas en su mayoría hechas en serie, pero cuya hechura fílmica es básica: repetir un esquema cómico, manipular estereotipos y exprimir patrocinios publicitarios, todo en un tono más cercano a la televisión y, en algunos casos, a la telenovela.



No obstante, en Solteras se adivina que Henaine se concentra en “hablar” cine, ya sea con la foto (la paleta de color, la iluminación, el encuadre), con el montaje (el manejo del humor entremezclado con la faceta dramática en su segundo acto) o con la inteligente construcción narrativa escrita a cuatro manos por el mismo Henaine y Alejandra Olvera Ávila.

Solteras es entonces una película divertida y ágil, una comedia entretenida cuyo corazón y motor son Ana y sus compañeras solteras, personajes que se “sienten” humanos al presentarnos sus defectos y dolencias de forma sincera en un cómico viaje en búsqueda del amor o, cuando menos, del cariño suficiente para poder casarse, aunque con un giro final que replantea el verdadero sentido de la travesía.

Con ello, la película logra ser, por partida doble, un acierto rotundo y una bocanada de aire fresco.

 

*Cineasta y Colaborador en CinEspacio24 Noticias 


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