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El griego Alexandros Avranas dirige su cuarta película con No me ames (Love me not), una mezcla de thriller y terror que explora de forma gradual las distintas fases que deben cruzarse para cometer un crimen, desde su maquinación hasta su ejecución, la violencia que conlleva y cómo afecta la psique del criminal.

 

Por Isaac Piña Galindo*

@IsaacPi15a 

En un comienzo No me ames es protagonizada por un trío atípico que consta de un matrimonio ricachón y una joven (de clase media o media baja) que fungirá de madre sustituta, una suerte de incubadora para la pareja porque la esposa no puede tener hijos.

El relato que Avranos propone se inscribe en la corriente, no del todo oficial, del “nuevo cine griego raro” (“New Weird Greek Cinema”, en inglés) y no es para menos. La pareja de clase alta actúa de manera robotizada, distante y con muecas exageradas o, todo lo contrario, gestos mínimos, expresan lo que piensan o dicen sentir.

Avranas expone un conflicto latente de dos tipos, el sexual y el de la clase social, en el que ambas partes son ofendidas al señalarse aquello que les falta, a ella el dinero, a ellos la vitalidad o juventud; es así que perciben como una “invasión” el hecho de tener que convivir con sus falencias, pues aun cuando les hace un bien al mismo tiempo es un recordatorio de la razón original de necesitarlo.

La trama deja que las personalidades de los tres choquen y se provoquen, lo que resulta en un juego de velado erotismo que a su vez esconde un desagrado mayúsculo bajo el cual late el deseo de inflingir daño.

Sin embargo, la primera parte del filme termina de forma abrupta. El espectador es sorprendido por un desdoble del guión que conduce a una película de pausado suspenso, ya no dependiente de la interacción actoral inicial sino del manejo de la fotografía y el montaje; se hace primordial la manipulación de las sombras, la elipsis y el uso de planos estáticos que duren unos segundos más en pantalla, suficiente tiempo para enervar a más de uno.

Las decisiones estilísticas de Avranos se alejan poco a poco del mencionado “nuevo cine griego raro” para acercarse a la fría puesta en escena del austríaco Michael Haneke, célebre por diseccionar núcleos familiares o relaciones interpersonales que lo llevan a meditar acerca del estado social moderno.

Aunque la transición de una atmósfera (o estado emocional) a otra es una elección acorde con los temas que preocupan al realizador, el filme al final pierde fuerza y termina por depender del shock que producen escenas puntuales más que del desarrollo eficaz del argumento.

En esta segunda parte de la película destaca sobre todo la comprometida interpretación de la actriz Eleni Roussinou, que con naturalidad se transforma de victimaria en víctima y afronta con entereza el cruel escenario sádico propuesto por el director, un descenso a los infiernos con el que Avranas desata un sordo, áspero y brutal análisis sobre el desapego de las acciones del criminal y cómo la violencia engendra mayores actos violentos que deshumanizan tanto al agresor como al agraviado.

 

*Cineasta y Colaborador en CinEspacio24 Noticias


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