La intolerancia a la imperfección (crítica a la cinta Una buena receta) – CinEspacio24

La intolerancia a la imperfección (crítica a la cinta Una buena receta)

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Por Sheilla Cohen

Burnt o Una buena receta, como fue traducida en latinoamérica, es la historia de un chef, (Adam Jones,) interpretado por el actor (Bradley Cooper), que tras haber destruido su carrera culinaria por abusar de las drogas, y después de cumplir su penitencia pelando ostras en un bar en Nueva Orleans, decide regresar a Londres a conseguir su tercera estrella Michelin en el restaurante del hotel del padre de su mejor amigo Tony (Daniel Brühl). La única condición que le pondrá la familia de éste para abrirle un nuevo restaurante, será que la terapeuta de la familia, Dr. Rosshilde (Emma Thomson), le haga examen toxicológico semanal, para comprobar que está limpio.

Decidido a recuperar su prestigio como chef, éste emprenderá una búsqueda para conseguir a un equipo que lo ayude a conseguir su tercera estrella, ahí conocerá a Helene (Sienna Miller), quien se volverá su mano derecha tanto en la cocina como fuera de ella, y quien logrará mantener su temperamento controlado.

Desafortunadamente, a pesar de que la película consigue mantener el ritmo de principio a fin, la actuación de Bradley Cooper no logra ser lo suficientemente convincente como para que la historia sea creíble para el resto de los espectadores, que por si fuera poco, pretende equiparar la dinámica de la cocina a la de un régimen militar. Desde la manera en la que le grita a sus ayudantes de cocina parece forzada, como si hubiese estado ensayando la forma en la que Gordon Ramsey destruye moralmente a los concursantes de su reality show Hell’s Kitchen, hasta la forma en le arroja los sartenes al suelo, cuando el resultado no alcanza sus estándares; todo parece ser una caricatura, mal hecha, de programas de cocina como Top Chef.

De igual manera, a pesar de contar con actores de renombre como Emma Thompson, Sienna Miller, Daniel Brühl o la recién oscarizada Alicia Vikander, el resto del ensamble no parece ayudarlo mucho, pues ninguno consigue darle cierta veracidad a la historia.

Si hay algo que pretende demostrar esta película, además de que cualquiera es capaz de sobreponerse a un pasado oscuro si se lo propone, es que la gastronomía se ha vuelto una disciplina tan competitiva, que no hay margen para el error. De ahí que otro de los temas que aborda esta película sea el perfeccionismo y la intolerancia al fracaso, ejemplificado en el personaje que interpreta Bradley Cooper , quien no concibe la posibilidad de no conseguir la tercera estrella Michelin, no porque sea un egocéntrico, sino porque sufre de un perfeccionismo exacerbado que lo canaliza por medio de ataques de ira contra los integrantes de su equipo de cocina. Y como para cualquier perfeccionista, cuyo pensamiento se caracteriza por ser extremista: todo o nada. Éste debe de conseguir la estrella porque de lo contario significaría su fracaso en la cocina.

Sin embargo, a pesar de que la película no cumple su cometido en términos actorales, posiblemente, lo más rescatable de la trama sea que el final no acaba siendo un cliché en el que esperaríamos conseguiría su tercera estrella Michelin, sino al contrario, lo que pretende dejarnos como moraleja esta película, cuyo guión está a cargo de Steven Knight, mejor conocido por ser el guionista de películas como Promesas del Este (2007), Locke (2013) y más recientemente, El caso Fischer (2014), es que la búsqueda de la perfección siempre será un camino solitario e insatisfecho, mientras que la comida siempre será lo que nos vinculará con los demás. Porque más allá de nutrirnos y despertarnos sensaciones placenteras, la comida, cumple una función esencial en nuestra relación con el otro.


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