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La dolce vita de Federico Fellini, una de las películas más importantes en la historia del cine,  se exhibirá  en su versión restaurada como parte de la edición 67 de la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

La dolce vita de Federico Fellini es una de las mejores películas de la historia, tener la oportunidad de verla en el cine y además en su versión restaurada es una experiencia mágica, única y bella como la misma cinta.

Estrenada en 1960 es considerada la obra maestra de Fellini, un director italiano que se caracterizaba por reflejar sus recuerdos, vivencias y a partir de ahí crear ambientes místicos, feriales, secuencias poéticas, escenas dramáticas o lúdicas, sutiles críticas a la sociedad italiana que se convertían en un lenguaje universal.

En La dolce vita Fellini deja el neorrealismo, que usaba en sus anteriores cintas, para reinventarse y mostrar una obra más simbólica, metafórica, con detalles en el encuadre, en los diálogos y en las hermosas y surrealistas actuaciones. Creó una poesía visual como no se había hecho antes.

Sin tener una narrativa tradicional, sino una que parece estar dividida en capítulos, Fellini nos cuenta las travesías diarias de Marcello Rubini (interpretado magistralmente por Marcello Mastroianni), un escritor frustrado, que trabaja como periodista de la fuente de sociales, escribe notas sobre la burguesía italiana; eso lo lleva a compartir con gente de clase alta sus fiestas, sus extravagancias, sus frustraciones, su doble moral, es decir, entra en ese mundo de privilegios en la Italia de la posguerra.

De esa forma, Fellini nos muestra una cinta existencial, donde por medio de la mirada de Rubini, un tipo seductor y encantador, vemos estéticamente las calles de Italia, las fiestas de las celebridades, la burla o el fanatismo religioso, el hedonismo, la fascinación por lo material, la obsesión por el amor no correspondido y la poca ética de la prensa que sólo busca la foto perfecta sin importar cómo la consiguen.

Al respecto, el termino paparazzi nace de esta película, ya que uno de los fotógrafos de Marcello se llama Paparazzo, alguien quien no tiene pudor para conseguir la foto que necesita para su medio, algo que sigue vigente entre el periodismo rosa.

Así, La dolce vita es una obra que en cada escena cuenta algo, todo lo que sale a cuadro dice un discurso, una reflexión; por eso para muchos (me incluyo) es de las mejores películas de la historia. Un filme que fue censurado  en su época por órdenes del Vaticano, aun cuando ganó la Palma de Oro en Cannes.

Esta maravillosa cinta la podemos disfrutar restaurada gracias a un director contemporáneo que ama y vive el cine, Martin Scorsese, quien a través de su organización Film Foundation, restauró La dolce vita, arreglando esos problemas que el tiempo descompone, dándole de nuevo ese brillo y magia a la cinta.

Como parte de la 67 Muestra de la Cineteca Nacional, podemos disfrutar de su restauración, verla en pantalla grande y reflexionar sobre cada acto y diálogo que nos regala Fellini a través de Marcello. Así que no se pierdan esta oportunidad que les hará dulce la vida.

*Periodista y realizador. Director de Comunicación en CinEspacio24. Colaborador en Cio Noticias.


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Arturo Brum Zarco

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