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Con Isla de Perros, película animada hecha en stop motion, Wes Anderson demuestra porque su estilo es inconfundible y único.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Las películas de Wes Anderson son inconfundibles; podría afirmar que desde la primera escena de unos de sus filmes ya sabes que estás viendo una obra de este meticuloso director. Su estética, sus paletas de colores, sus diálogos inteligentes, lúdicos y serios, el movimiento de cámara (ha hecho del paneo un arte), hacen de la filmografía de este artista texano única.

Y a pesar de eso, los argumentos de sus filmes son diferentes, en cada película se arriesga a realizar un aspecto nuevo; pero siempre siendo fiel a su estilo. Puede contar la historia de una familia disfuncional y en otra narrar un misterio que hay que resolver; y en cada una su característico sello se mantiene. Ese es Wes Anderson un cineasta de culto.

Este año regresa con otra película hecha con stop motion, Isla de Perros, ya antes había realizado con esta técnica la agradable y divertida Fantastic Mr. Fox, de nuevo con este formato vemos a un Wes obsesionado con el encuadre, con los detalles y con las paletas de colores (aunque en esta cinta a diferencia de casi toda su filmografía se atreve a usar tonos grisáceos).

La cinta trata sobre un dictador japonés que ha decidido desterrar a todos los perros de Japón, ya que tienen una enfermedad llamada la fiebre canina, la cual según este rudo líder está perjudicando a la sociedad.

De esa forma, utilizando el miedo (¿les suena?) convence al pueblo que le mejor forma de acabar con esto es mandar a todos los perros a una isla llena de basura y que ahí mueran de hambre y de enfermedades. Y el primer perro sacrificado es el de su pupilo.

Después de un tiempo, el pupilo decide ir en busca de su mascota, roba un avión y aterriza en la isla. Ahí encontrará a cuatro perros, que viven en una divertida democracia, que lo ayudarán a buscar a su perro.

Punto destacado de la cinta es el lenguaje que crea Wes Anderson, ya que se arriesga en romper con un formato establecido. Los humanos en la cinta hablan japonés, pudo Wes hacer que hablaran inglés, pero este detalle le da más vida y realidad a la cinta; más cuando los que hablan inglés son los perros. Divertida forma de contar lo que pasa.

La cinta, como casi toda la filmografía de Anderson, tiene sus momentos sombríos y de pesadumbre, pero siempre con esa humanidad que caracteriza al realizador.

El filme tiene un sinfín de mensajes, algunos actuales, el propio Wes afirmó que, guardando las diferencias, lo que pasa en la película no es tan diferente a lo que sucede en su natal Texas.

Hablamos de una metáfora política donde un gran dictador quiere acabar con una minoría a quienes culpa de todos los males de la sociedad. Asimismo, habla de ecología, del amor hacia los animales, sobre todo a los perros, quienes se convierten en el mejor amigo del hombre.

Todo esto nos lo cuenta con su singular sello, su perspicaz forma de escribir un guion y su bendita obsesión por encontrar el encuadre perfecto; la cinta no tiene ningún desperdicio. Te conmueves, ríes y lloras.

Inspirado en cintas de Akira Kurosawa y Hayao Miyazaki, Anderson realiza un largometraje animado, como homenaje a las costumbres japonesas. En un país como Japón  donde el detalle y la estética sobresalen era obvio que Wes hiciera una película sobre dicho país .

Las voces de los perros son una delicia, navegan entre una seriedad irrisoria muy divertida; entre el doblaje se encuentran artistas como Bryan Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum, Scarlett Johansson, Yoko Ono, Tilda Swinton, por mencionar algunos.

De nuevo Anderson no decepciona, siempre fiel a sí mismo, pero con el talento suficiente para no estancarse y reinventarse; para ejemplo la joya que es Isla de Perros.

 

 

*Periodista y Realizador. Director de CinEspacio24 Noticias. Colaborador en Cio Noticias y en Oculus Todo el Cine.


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Arturo Brum Zarco

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