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El legado de “Blade Runner”

El legado de “Blade Runner”

 

Por Daniel Flores Chávez*

Blade Runner no fue un éxito instantáneo. Luego de su debut el 25 de junio de 1982, bajo la dirección de Ridley Scott, basado en la novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas?, inició un recorrido a nivel mundial, llevando a la cabeza a una estrella ya consolidada, Harrison Ford, que venía de éxitos como Star Wars: Una nueva esperanza, El Imperio contrataca y Los Cazadores del Arca Perdida, por ende, Warner, productora y distribuidora, tenía una gran confianza en que el filme rebasaría en taquilla los 28 millones de dólares que costó.

Lamentablemente no fue así. Alcanzó 27 millones de billetes verdes, tan sólo en Estados Unidos, debido a su compleja trama y a que se ubicaba dentro de la ciencia ficción dura, esa que, tanto en el cine como en la literatura, cuenta con fans de hueso colorado, pero en bajo número. Este tipo de historias evocan argumentos científicos acerca del porvenir de la raza humana, dejando de lado elementos demasiado exagerados como para ser considerados posibles dentro de un marco de valores plausibles. Así, aunado a su pesimista visión del destino humano, Blade Runner parecía zozobrar en la ignominia.

Críticas light de aquellas épocas colocaban a Blade Runner en el mismo sendero que Odisea 2001 de Stanley Kubrick: confusa, pretenciosa, nada comercial. Ni siquiera el final feliz, que la distribuidora insertó sin necesariamente consultar al realizador, en el que los personajes centrales, “Deckard” (Ford) y “Rachel” (Sean Young), abandonan la oscuridad apocalíptica para arribar a un paisaje con cielo azul, evitó el estrépito de la cinta.

La generación de los “baby boomers” prefería alejarse de semejantes complicaciones para divertirse con nuevas estrellas de la talla de Eddie Murphy, Tom Hanks, Bill Murray o Meg Ryan, o con filmes menos filosóficos como E. T., El regreso del Jedi, Superman, que evidentemente resultaban más convencionales en plena Guerra Fría, pero con el advenimiento de novedades tecnológicas que por un tiempo, harían palidecer a la industria del Séptimo Arte y la televisión.

A México, Blade Runner llegó hasta el 11 de noviembre de 1982, estrenándose en pocas salas. En la antigua cartelera de cine que aparecía en las páginas de los diarios, se podía apreciar el póster oficial de la película en blanco y negro, exhibiendo a Ford, con una arma futurística en mano, listo para abrir fuego. Sin embargo, al igual que en otros países, resultó un fracaso, igualmente, por su enmarañada trama, su densa música de sonidos electrónicos, compuesta por Vangelis, y la distopía presentada sobre el año 2019, en la que la ciudad de Los Ángeles lucía sobrepoblada, mega contaminada, repleta de anuncios espectaculares, habitada por una clara división de clases sociales, los pobres a nivel del suelo, los ricos en los pisos más altos de edificaciones piramidales, desde donde controlaban el destino del orbe y de los “replicants”.

Curiosamente, tuvo que venir una revolución tecnológica en la vida real, para que Blade Runner fuera descubierta por la “Generación X”, alzándole como estandarte de las tendencias de productos culturales y de entretenimiento más cínicos que los de sus antecesores. En este marco surgió el boom del videocassette, tato Beta como VHS, logrando que empresas como Sony y Sanyo, distribuyeran a nivel global reproductores para tener cine en casa.

Llegado 1985, era inimaginable que las familias de clase media no contaran con una videocassettera para gozar de filmes que forjaron a las sociedades a lo largo de años y años, con mensajes usualmente parte del “establishment”, y en otras ocasiones, seductoras respuestas a los límites de la parsimonia. Una de esas joyas fue precisamente Blade Runner, que a partir de ahí se convirtió en todo un descubrimiento para los fans de la ciencia ficción y del cine en general, sobre todo, del público harto de las historias “spielbergianas” o de las continuaciones a la enésima potencia de Viernes 13, Pesadilla en la calle del infierno o Halloween.

En videoclubes, la juventud de esos años buscaba con ansiedad Blade Runner, tratando de acceder al universo de Ridley Scott, tentada por la imaginación deslumbrante de K. Dick, las interpretaciones de Ford, Young, Edward James Olmos, Brion James, Daryl Hannah, Joanna Cassidy y Rutger Hauer, éste último, como “Batty”, el líder “replicant” de una revuelta, decidido a no ser esclavo de los humanos, ya que como él mismo enuncia en la cinta, posee los ojos que “han visto lo que ningún otro humano verá jamás”.

Así, la poesía visual que conforma Blade Runner halló redención cuando parecía que su destino era el olvido. Incluso, empresas tan invasivas y controladoras como Televisa, anunciaban a diestra y siniestra el lanzamiento en videocassette de la obra de Scott, a través de emisiones como “El mundo de Videocentro”, conducido por unos jovencísimos, Ernesto Laguardia y Alejandra Ávalos, en el que invitaban al público a visitar el Videocentro más cercano y rentar esta pieza maestra, tan oscura e irreverente, que ni los mismos genios del status quo lograron divisar, tal vez, porque a final de cuentas, Blade Runner estaba destinada a convertirse en un legado.

 

*Periodista y Realizador. Director de Cio Noticias.

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