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James Mangold dirige Ford v. Ferrari, drama deportivo sobre cómo el diseñador automotriz Carroll Shelby y el conductor Ken Miles se prepararon para la carrera de 24 horas de Le Mans en 1966, auspiciados por Henry Ford II y su compañía.

Por Isaac Piña Galindo*

@IsaacPi15a 

Con este último filme, el director continúa explorando de forma sutil los antiheróes míticos de las películas de vaqueros, como lo hizo en Logan (2017), Cop Land (1997) y el remake 3:10 to Yuma (2007).

En Ford v. Ferrari, los páramos salvajes, los caballos y los jinetes son sustituidos por pistas o caminos dominados por modernos carros cuyos motores rugen furiosos y pilotos beligerantes que vociferan tanto mantras para sí mismos como retos lanzados a sus rivales en turno.

El sólido guión escrito por los hermanos Butterworth y Jason Keller cobra fuerza gracias a la potente dirección de Mangold, quien orquesta con inteligencia el trabajo de sus colaboradores habituales (en fotografía, música, edición), para crear una postal deportiva vigorosa y sensible a partes iguales.

El fotógrafo Phedon Papamichael aprovecha los amplios espacios abiertos antes mencionados para aislar la figura de los pilotos y exponer su carácter ingenioso pero obsesivo; Papamichael aprovecha la puesta del Sol o las luces que iluminan la pista para contrastar la figura del conductor con su ambiente, con lo que revela la poderosa reverencia espiritual que los corredores tienen hacia este deporte.

La conjunción de planos permite a Mangold aprovechar los momentos de calma antes de la carrera para profundizar tanto en el conflicto de jerarquías como en la confrontación entre el pensamiento idealista (el conductor “puro” que sólo quiere correr) y el pensamiento corporativo (tener el mejor auto con el fin de revitalizar la empresa).

Por otra parte, el editor Mike McCusker logra un trabajo de montaje frenético donde equilibra la puesta en cámara impresionista de Papamichael con el dinamismo no sólo de las secuencias en la pista, sino también de los acalorados desencuentros entre el grupo trajeado de la compañía Ford y los mecánicos e ingenieros del equipo de Carroll Shelby (Matt Damon).

En medio del atronar del motor de los autos corriendo a toda velocidad, los vítores del público y los gritos en los pits, surge el brillante score compuesto por Marco Belltrami y Buck Sanders, que con una serie de arreglos de cuerdas evocan los intrincados sonidos metálicos y graves de las máquinas. Este diálogo sostenido entre el diseño sonoro y la música imprime un orden e identidad propia al torrente de imágenes volátiles de Mangold.

Los protagonistas, Matt Damon y Christian Bale, entregan actuaciones sobresalientes, trazando una relación fraternal que hace las veces de base emocional para el filme y expone vívidamente la psicología de sus personajes.

El espectador se encuentra ante un duelo de estilos actorales, en el que Bale poco a poco se transforma en el bocón Miles, un personaje romántico, salvaje y melancólico con el que Bale por momentos se “come” la pantalla.

Damon da vida a Shelby con soltura, sin los intensos manierismos del galés pero sí con sutiles inflexiones de la voz y un uso mínimo pero preciso de la postura corporal, herramientas que el norteamericano utiliza para adoptar la actitud campechana y de líder de su personaje.

Ford v. Ferrari entra al olimpo de grandes filmes deportivos gracias a la inspirada realización de Mangold, quien supera los maniqueísmos y otras trampas del género para entregar un vibrante retrato de los soñadores genio vuelve la pasión por el deporte una experiencia excepcional.

*Cineasta y Colaborador en CinEspacio24 Noticias


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