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Crítica “Small Crimes”, película de Netflix

Crítica "Small Crimes", película de Netflix

Para quien escribe estas líneas, Small Crimes (Estados Unidos, 2017) es antes que una gran película, un gran guion. Los escritores E. L. Katz y Macon Blair adaptan la novela homónima de David Zeltserman para presentarnos a Joe Denton, un hombre que encarna la dualidad entre crimen y ley, y vive en medio de la lucha entre la mafia y la policía y por consiguiente la relación ambigua entre dichas fuerzas sociales, así como el duelo universal entre el bien y el mal que conlleva la confrontación.

Por Isaac Piña Galindo 

Puede ser que el conflicto el bien y el mal parezca en un principio trillado o poco atractivo, pero casi siempre una historia que retrate la pelea entre luz y oscuridad se vuelve irresistible y Small Crimes es evidencia de cómo historias sencillas con elementos básicos pueden funcionar si son bien narradas.

Dirigida por Katz, uno de los guionistas, Small Crimes es una cinta independiente que relata cómo un ex convicto (y ex policia) sale de prisión con el objetivo firme de seguir una nueva vida y recuperar a su familia, a pesar de que tanto mafiosos como policías lo buscan para exigirle cuentas.

El elenco es inmejorable y la dirección actoral es muy acertada pues aun en los casos en que el rol del personaje es secundario o con poco tiempo en pantalla la intensidad y sutileza con que cada actor se entrega es la misma. Sobresale en el papel principal Nikolaj Coster-Waldau, quien teje junto al director a un personaje irremediablemente cínico, frío y brutal en busca de una paradójica sincera redención.

Todas las cualidades del personaje se muestran poco a poco, ya que Coster-Waldau actúa de manera diferente dependiendo de con qué situación o personaje interactúe. Ni el actor ni el director están interesados en endulzar la historia o al protagonista, no hay lástima ni perdón, no porque la historia sea cruenta (que lo es) sino porque en el mundo del personaje esas emociones están ligadas o a un tipo de justicia personal, o al orgullo, o al crimen.

Los diálogos, otro elemento importante de un guion, son imprescindibles para el filme ya que gran parte de las variaciones histriónicas de Coster-Waldau nacen de una amenaza velada o un comentario inocente pero cargado con pesadumbre, sin caer en una innecesaria exposición.

Además de la narrativa y la actuación, las locaciones y el diseño de arte así como la fotografía contribuyen a entender de mejor manera este microcosmos, debido a que el director usa puntuaciones y pausas visuales para mostrarnos detalles de los lugares que refuerzan o sugieren distintas características de los personajes y la dinámica de sus relaciones.

Con Small Crimes E. L. Katz construye un ingenioso análisis de personaje y carácter donde subyace una pregunta que posee un antiguo linaje en la filosofía: ¿Un individuo puede realmente cambiar a voluntad o está supeditado a una especie de destino?

Más allá de cualquier introspección o conjetura, la película es una muy buena obra neo noir, con elementos que recuerdan el trabajo de los Cohen: Blood Simple (1984), Miller’s Crossing (1990), Fargo (1996), la desquiciada Lost Highway (1997) de David Lynch y la intensa Gone Baby Gone de Ben Affleck (2007) e inclusive, en un ejemplo más reciente, la inolvidable serie de televisión (parte neo western, parte neo noir) Breaking Bad (2008-2013) del creador Vince Gilligan.

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