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Cómo enamorar a una chica punk es una cinta surrealista y divertida. Un joven punk se enamora de una chica de otro planeta, donde viven con reglas muy estrictas. El filme está basado en un cuento del escritor Neil Gaiman.

 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

El punk es rebeldía, música,  un estilo de vida que busca una libertad sobre lo correctamente político. Eso se refleja en Enn (Alex Sharp)  un joven que le gusta escribir, leer y escuchar a sus bandas preferidas. Él y sus amigos Vic (Abraham Lewis) y Jonh (Ethan Lawrence) crean una revista donde resaltan el  movimiento punk de los años 70 en Inglaterra.

Asisten a conciertos clandestinos y buscan nuevas aventuras por las calles de Londres. Cuando se dirigen a una fiesta, se equivocan de lugar y llegan a una casa que parece abandonada, al entrar descubren una reunión extraña donde hay personajes vestidos de azul, amarillo, rojo y blanco; quienes realizan bailes fuera de lo común, cantan de una manera diferente y se acarician eróticamente. Entran a un mundo onírico y surrealista.

Entre esos seres extraños se encuentra Zan (Elle Fanning), ella vive en una comunidad con reglas estrictas, costumbres obligatorias y tiene prohibido salir. Cuando conoce a Enn,  decide que quiere ver  la ciudad y sobre todo desea saber qué es el punk.

Enn la ayuda a escapar e intenta enseñarle la esencia del punk; él cree que Zan es parte de una secta, pero en realidad son extraterrestres que vienen a la Tierra a cumplir una misión importante.

Cómo enamorar a una chica punk (How to tall to girls at parties) es una cinta surrealista y lúdica, dirigida por John Cameron Michell y basada en un cuento corto del escritor de ciencia ficción Neil Gaiman, sólo de la mente de él pudo nacer esta historia de locura y realismo que tiene un mensaje profundo y divertido.

Zan se involucra en el movimiento punk, y en una fiesta conoce a Queen Boadice (Nicole Kidman) una mujer excéntrica que vive una libertad casi absoluta. Entre ellas dos nace una complicidad y debaten sobre qué es el destino y la vida.

Entre  Zan y Enn nace un amor puro, real, se comprenden a pesar de que vienen de dos mundos diferentes. Uno representa la libertad de ideas y comportamiento; la otra la conducta recta, el seguimiento de las leyes sin cuestionarlas. Esa es la metáfora de la película, la libertad contra la represión.

La cinta tiene buen ritmo, diálogos divertidos y profundos, sobre todo en los parlamentos de Zan, ya que su inocencia a las actividades de los humanos hace que sus palabras y actitudes sean irrisorias.

Sin embargo, el filme no cuenta con una fotografía estable, ni una ambientación que destaque las escenas. Asimismo,  tiene unos malos efectos especiales que le quitan rigor a la cinta.

Las ambiciones del director son claras, mostrarnos dos mundos diferentes y cómo estos pueden “jugar” en conjunto y cantar entre ambos una canción del género punk a todo volumen. Es una cinta que desde su premisa se sale de lo cotidiano y esa es una de sus fortalezas; hay una visión de un cine diferente que aboga por la libertad, un homenaje al punk.

También, la cinta se burla de sí misma, del punk, y de las reglas, y hace un pequeño homenaje a Neil Gaiman. Una propuesta diferente, y eso se agradece mucho.

La puedes ver en Netflix.

 

*Periodista y Realizador. Director de CinEspacio24 Noticias. Colaborador en Cio Noticias 

 


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Arturo Brum Zarco

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