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En la película de Leonardo Arturo, ganador del festival de cine 48 Hours Film Project México 2015, el destino de un can y el de un humano pueden ser semejantes. Ya que en Cometa, Él, su perro y su mundo, la desolación de Roberto y Cometa origina un encuentro entre ambos que los lleva a tener una segunda oportunidad en su vida.

 

Por Carlos Ramírez García*

@carloshrgarcia 

Por un lado, Roberto Martínez (Armando Álvarez) se queda sin su esposa y su hijo luego de ser despedido de su empleo como panadero. Su suegro furioso por la condición en que vive su hija decide llevársela junto con su nieto. Por lo que Roberto se ve obligado a buscar un nuevo empleo que le dé lo necesario para sostener a su familia.

Por otra parte, Cometa es un border collie, interpretado por Rocker, que fue abandonado en las típicas circunstancias que el director quiere denunciar: una familia que compra un perro como capricho de un niño, pero que desconoce las responsabilidades y consecuencias de tener una mascota.

Así, Roberto y Cometa se encuentran por la noche, en la calle. Como una segunda oportunidad, ambos emprenden una nueva vida y un nuevo camino. Por ello es que Roberto menciona, a modo de reflexión: “La vida es como un cometa que hay que saberlo mantener en alto”.

La denuncia que el director realiza a través de su filme funciona, ya que muestra en repetidas ocasiones los errores que se cometen en contra de los perros. Y no solamente los errores, sino también la insensibilidad del humano hacia los animales.

Aunque Cometa, Él, su perro y su mundo trabaja con una trama enfocada a meditar sobre la adopción de perros, cae en lugares comunes e inverosímiles que reducen su alcance de conciencia y la convierten, por momentos, en una exhortación cursi. De igual manera, sus personajes, nada reales, disipan la honestidad de un tema significativo.

Asimismo, con un tono evidentemente familiar, Leonardo Arturo establece un rumbo que va de menos a más en sus dos personajes: Roberto y Cometa. De la soledad al amor, del abandono a la felicidad, de la pobreza a la prosperidad. Y guarda para el final su golpe más fuerte: la concientización al espectador.

A lo largo de la película, el espectador sopesará las actitudes de los humanos hacia los animales, ya que Cometa, Él, su perro y su mundo no solamente exhibe los descuidos de muchos mexicanos sino también la iniciativa cada vez más creciente por cuidar a los perros.

Con una dedicatoria emotiva, un mensaje claro y fotos del rescate de varios perros, Leonardo Arturo maneja a la perfección el final ya que logra conmover los sentimientos y sirve como un catalizador que sensibiliza hasta el más frío. “Tú puedes darle una segunda oportunidad a un perro de la calle, adopta”, finaliza.

 

 

 

*Periodista. Comunicador. Reportero y Colaborado en CinEspacio24.


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