El poder de la comprensión: “Unbelievable”

Basada en una historia real, Unbelievable, miniserie de Netflix, trata sobre una joven que fue violada y la culpan por mentir al respecto. Dos mujeres detectives investigaran el caso. Protagonizada por Kaitlyn Dever, Toni Collete y Merritt Wever.

Por Isaac Piña Galindo*

@IsaacPi15a 

En estos tiempos es difícil no estar familiarizados con las series policíacas o el procedural, género que alude a los programas cuya trama trata sobre un caso que es investigado y resuelto en un solo capítulo.

Junto con los reality shows y las sitcom (comedia de situaciones como Friends o The Big Bang Theory), el procedural es sin duda el género televisivo más consumido tanto por espectadores ocasionales como por ávidos fanáticos de este tipo de historias.

Todos hemos ojeado en algún momento la clásica The X Files, Law and Order en alguna de sus versiones, Criminal Minds, u otras propuestas como The Blacklist, donde el “detective” es un asesino, o Castle, donde un novelista exitoso funge como investigador.

Entonces, ¿por qué Unbelievable de Netflix puede sentirse como una bocanada de aire fresco? En esencia, la nueva serie que la cadena de streaming estrenó al final de este verano (2019) es un procedural: dos mujeres detectives, Duvall y Rasmussen, persiguen a un repulsivo violador serial.

La clave para comprender lo genial de Unbelievable y el por qué la trama puede calificarse de inteligente, la encontramos en la decisión de narrar la serie desde la perspectiva de Marie Adler, una adolescente víctima del crimen y a quien los escritores eligen como protagonista.

Al ser Marie Adler el hilo narrativo, la miniserie gana originalidad al mismo tiempo que peso dramático. La dura historia personal de Adler contada en primera persona contrasta con el punto de vista objetivo de la investigación, que es relatada dentro del marco estructural de un procedural.

De forma similar a como lo hizo Cary Joji Fukunaga en HBO con la primera temporada de True Detective, Unbelievable expone dos líneas temporales cuyo punto de encuentro significa el clímax y la resolución de la serie, eficiente herramienta narrativa para construir un panorama emocional completo de quienes protagonizan la historia.

Capítulo a capítulo, la investigación de las detectives adopta el enfoque realista, cercano al melodrama, del retrato de Adler. La proximidad a la pena apabullante que sufre Marie provoca que el espectador enfrente con mayor angustia cada evento en la investigación: un traspiés enfurece o indigna, e incluso una pequeña victoria deja un sabor amargo, puesto que desconocemos cómo las detectives ayudarán a aliviar la pesadumbre de Adler.

El doble gancho presente en los dos capítulos iniciales permite que empaticemos aún más con los tres personajes principales, porque lo que está en juego trasciende la importante tarea de resolver un caso complejo. El objetivo es obtener justicia, claro está, pero la verdadera fuerza narrativa recae en escuchar y comprender a Marie Adler.

La empatía, aspecto inequívoco para conectar con un relato, cobra mayor profundidad en Unbelievable ya que los creadores de la miniserie aciertan en permitir que Marie cuente su historia sin santificarla, ni juzgarla, ni dejando que el morbo juegue ningún rol.

El retrato de Marie demuestra el daño irreversible del crimen, pero el horror continúa cuando el trauma se torna asfixiante y reina la confusión, la negación y el inevitable aislamiento.

La interpretación de Kaitlyn Dever es memorable porque equilibra fiereza con desapego para desentrañar los pormenores del proceso emocional de Marie; Dever aprovecha su aspecto físico infantil para explorar la vulnerabilidad de Marie a la par de otras actitudes del personaje: huraña, aguerrida, taciturna e inclusive indiferente, sin superar el rastro de incredulidad y profunda tristeza que se halla en sus expresiones.

De igual manera, y sin sobreactuar ni caer en maniqueismos, Merritt Wever (Duvall) y Toni Collette (Rasmussen) exponen varios aspectos de la personalidad de las detectives que complementan la comprometida actuación de Kaytlin Dever.

Este contrapunto resulta ideal porque la química que nace entre las detectives permite al espectador desahogar tensión y reflexionar sobre el progreso de la investigación, al mismo tiempo que se identifica con la fortaleza emocional que las mismas detectives descubren sobre la marcha.

La minserie desarrollada por Susannah Grant, Michael Chabon y Ayelet Waldman sirve como ejemplo del uso inteligente de un formato narrativo familiar para poder explorar personajes complejos que reaccionan ante un acontecimiento violento.

Con el apoyo de la excelente creatividad para estructurar la historia, el espectador tiene la libertad de comprender el rango emocional de las tres protagonistas y de esta forma reevaluar su hipotética respuesta ante un evento tan traumático, en el rol que fuese.

Así, Unbelievable es una lección sobre la importancia de conducirse con respeto y compasión. En pocas palabras: ilustra el porqué y el cómo actuar con sensibilidad ante un mundo sumido cada vez más en el caos.

*Cineasta y Colaborador en CinEspacio24 Noticias


“Cowboy Bebop”, una obra de culto

Cowboy Bebop es una serie de animación japonesa de 1998, que sólo duro 26 episodios. Ambientada en el año 2071, narra la travesía de un grupo de caza recompensas que viajan en la nave Bebop. Actualmente es considerada una serie de culto.

 

Por Martín L. González*

@martin_lgonzale

Una de las características de una obra de culto es que en su estreno no alcanzó gran popularidad, pero con el paso de los años logró su auge para consolidarse entre los favoritos del público. Si mencionamos un ejemplo del vasto catálogo de la animación nipona, el indicado sería la serie de 1998, Cowboy Bebop.

Narra la travesía de Spike Siegel, un desaliñado caza recompensas, que junto a su astuto compañero Jet Black, viajan a lo largo y ancho del espacio buscando a los más peligrosos criminales del universo para capturarlos, llevarlos ante la justicia y, por supuesto, cobrar las recompensas que cuelgan sobre sus cabezas.

Este peculiar dúo cruzará caminos con el siempre fiel y protector Ein, la brillante pero torpe Edd y la despampanante Valentine, quienes huyen de su pasado y terminan enfrascándose con la tripulación Bebop en donde encontrarán un refugio.

El creador de la serie, Shinichiro Watanabe, parte de una idea muy simple para crear su universo: lograr que el protagonista luzca lo más genial posible. Por ello, es que traza el camino del personaje principal siguiendo los pasos del icónico cowboy de películas como El Bueno, El Malo y El Feo (Sergio Leone, 1966) –esos aclamados western en los que un montón de vaqueros del viejo oeste se mataban a tiros y defendían su honor-, y con tintes de los clásicos detectives como Sherlock Holmes.

Watanabe toma elementos de distintas obras que son referentes para varios realizadores, por tal motivo, nos resulta familiar todo este universo. La ambientación cyberpunk con ese enfoque futurista nos recuerda a Blade Runner (Ridley Scott, 1982), o incluso al clásico del cine japonés animado Akira (Katsuhiro Otomo, 1998); mientras las aventuras de nuestros protagonistas pueden balancearse entre Alien (Ridley Scott, 1979) y Operación Dragón (Robert Clouse y Mani Haghighi, 1973), consiguiendo así una “ensalada” de géneros “aderezada” con una banda sonora compuesta en su mayoría por jazz, un delicioso platillo hecho de referencias .

Los protagonistas de la serie trabajan y actúan con relación a aquello que los atormenta. Como si estuvieran atados a unos grilletes que los llevan de vuelta a lo que intentan olvidar, encontrándose así en un círculo interminable que los obliga a enfrentar a lo que más temen. De esa manera es fácil vislumbrar la verdadera esencia de Cowboy Bebop: el pasado.

Cowboy Bebop se ha convertido en un referente de la cultura pop gracias a su trama madura y profunda que se puede tornar reflexiva para el público. No podemos evitar nuestros problemas, pues sin importar cuán rápido huyamos, estos tarde o tempranos alcanzarán para vernos a los ojos y así martillará en nuestra mente una pequeña frase: “Vas a cargar con ese peso”.

See you space cowboy…

*Colaborador en CinEspacio24 Noticias.

 


“Sharp Objects” una mini serie para derrotar a tus demonios internos

Sharp Objects es una serie, producida por HBO, que narra la vida de Camille Preaker, una periodista alcohólica y depresiva, que tiene que regresar a su pueblo natal para investigar el asesinato de dos niñas. Protagonizada por Amy Adams, quien realiza una actuación destacada.

 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Camille Preaker (Amy Adams) es una periodista con problemas de alcohol, es cínica, depresiva y ha intentado suicidarse. Su ropa siempre es la misma, usa pantalones y blusas de manga larga para esconder las cicatrices de los cortes que ella misma se ha provocado por todo el cuerpo.

Inició a hacerse daño desde que era una niña, sobre todo cuando murió su hermana menor. Camille desayuna, come y cena la botella de licor que tenga a la mano. Sin embargo, es una buena periodista y vive en la cuidad de San Luis, Estados Unidos, y es muy querida por el editor del periódico donde trabaja.

Cuando asesinan a dos niñas del pueblo donde nació Camille, Wind Gap, Missouri, su editor le exige que vaya al lugar e investigue el caso. Para ella regresar al sitio donde creció es un tormento, ya que lleva años sin hablarle a su madre, Adora Crellin (Patricia Clarkson), una señora neurótica e hipocondríaca, y no conoce a su media hermana, Amma (Eliza Scanlen), quien ya es una adolescente.

Camille escapó de ese pequeño pueblo porque no soportaba la falsedad de sus vecinos, no aguantaba el recuerdo de la muerte de su hermana (quien falleció por razones desconocidas), no tolera a su madre quien le recrimina todo lo que hace; no obstante regresa, y no sólo para averiguar lo que ocurrió con las dos niñas, sino también para afrontar los demonios de su pasado.

De eso trata la mini serie Sharp Objects, una producción de HBO y de ocho capítulos.Una serie que aborda las enfermedades mentales, la depresión, el alcoholismo y el daño hacía las mujeres. Basada en la novela homónima de Gillian Flynn.

Con una ambientación lúgubre y tenebrosa la serie nos transporta a un pueblo donde se refleja a la perfección ese famoso dicho de “pueblo chico, infierno grande”, ya que Wind Gap parece un infierno, en el que todo mundo critica, un sitio que parece abandonado, como si el tiempo se hubiera detenido, y por momentos salen pequeñas sombras de adolescentes y adultos a pasear. El trabajo de  producción de arte de la serie es asombroso.

Camille explica que en su pueblo hay dos tipos de personas: los que trabajan en la cría y matanza de cerdos y los dueños de las fábricas; la familia de Camille pertenece a los segundos, su madre es dueña de la empresa más grande del lugar. Los mataderos de cerdos son la principal actividad del pueblo, el cual está rodeado de bosques. Camille creció entre matanzas de animales y una madre sobre protectora y con delirios de grandeza.

La serie bien puede entenderse como un programa de detectives; pero es mucho más, tiene a los tres personajes femeninos, la familia de Camille, como ejes narrativos de lo que sucede en la historia; así no sólo vemos la investigación del caso, aborda los problemas y secretos familiares, enfermedades mentales y  la  complicada convivencia entre madre e hija.

Amy Admas, nominada seis veces al Oscar, se sale de su zona de confort y nos muestra un personaje que no había realizado, alguien físicamente y psicológicamente destruido, su corporalidad y sus expresiones son las correctas para mostrarnos la fragilidad de una mujer que se fue de su pueblo, pero su pueblo siempre está presente en su mente.

Sharp Objects poco a poco nos va llevando a un infierno representado por todo el pueblo: su comunidad, su policía, sus adolescentes, sus creencias; una metáfora a que el ser humano es quien crea sus propios diablos. Con rasgos de género de terror y thriller, la serie es una buena propuesta para entender que a los demonios del pasado se les combate de frente.

 

*Periodista y realizador. Director de Comunicación en CinEspacio24. Colaborador en Cio Noticias.


“GLOW”, superación y lucha libre femenil

Basada en un programa extravagante de los años 80, Netflix sacó la serie GLOW,  que narra la travesía de unas mujeres que inician un show de lucha libre. Protagonizada por Alison Brie y Betty Gilpin y coproducida por Jenji Koham, creadora de Orange is the New Black.

 

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Sin duda en los años 80 la televisión era muy diferente, sólo basta buscar en Youtube videos de la serie GLOW (Gorgeous Ladies of Wrestling), para ver un espectáculo  absurdo y ridículo comparado con algunos programas de la actualidad (o quizá no), pero que en su tiempo fue un éxito, ya que era un programa de mujeres (sumamente estereotipadas) practicando lucha libre. Se les veía con mallas y poca ropa hacer llaves, dar golpes y patadas y realizar acrobacias y actuaciones arriba de un ring. Vean el siguiente video de la serie.

 

Basada en cómo se creó dicho programa, Netflix presenta GLOW, otra serie con todo el estilo de Orange is the New Black, es decir, con mujeres protagonistas, personajes independientes, chicas sin tapujos, conversaciones sin censura; otra comedia negra en donde la mujer es la parte fundamental; y ahora el tema principal es la lucha libre, un deporte que incluso en la actualidad todavía es dominado por los hombres.

De esa forma GLOW muestra la forma de cómo se juntaron un grupo de chicas – la mayoría desempleadas – para realizar un programa sobre lucha libre femenil.

Ambientaba en los años 80, la serie gira en torno a Ruth Wilder, protagonizada por Alison Brie, quien sorprende con este papel, ya que nos tenía acostumbrados a personajes inocentes y conmovedores, para ejemplo sus papeles en las series Mad Men y Community.

Ruth es una actriz desempleada que está harta de que siempre le den los mismos papeles de secretaría o asistente. En el primer capítulo realizan una parodia al respecto: ella está en una audición y lee un diálogo fuerte e inspirador, la directora de casting la detiene porque está diciendo la parte de un personaje masculino. GLOW es una crítica de los trabajos “destinados” sólo para los hombres.

Después de su fallido intento, se presenta a una audición donde buscan a mujeres no convencionales. Al casting llegan asiáticas, afroamericanas, árabes, güeras, con sobrepeso, etcétera;  y lo único que tienen que hacer es aceptar pelear en un ring y  que el director del show,  Sam Silva (Marc Maron), un realizador fracasado y adicto a la cocaína, las admita.

Al principio Ruth no pasa la sencilla prueba, pero en su afán de conseguir el trabajo, regresa al cuadrilátero e inesperadamente se pelea de verdad con su mejor amiga, Debbie Eagan (Betty Gilpin), una ex actriz de telenovela. Su conflicto se debe a que Ruth traicionó a su amiga.

Sam ve en ellas el espectáculo que necesita, al fin y al cabo además de que aprendan sobre lucha libre, busca drama y espectáculo telenovelesco. A pesar de que no se hablan Ruth y Debbie son contratadas, junto a otras diez chicas.

GLOW no victimiza  a la mujer en su papel de luchadora. Al contrario, ellas practican todos los días por ser más fuertes, más arriesgadas, con más confianza; ahí está la metáfora del programa.

Lleva dos temporadas y próximamente se va a estrenar la tercera.Si bien no tiene la fuerza en comedia y personajes como Orange is the New Black, es una buena serie dramática y cómica, sobre un trabajo que, por supuesto, también es para mujeres.

 

 

 

*Periodista y realizador. Director de Comunicación en CinEspacio24. Colaborador en Cio Noticias.


Quinta temporada de Black Mirror, ¿la peor?

Los tres capítulos de la quinta temporada de Black Mirror quizá son los de más baja calidad de la serie, ya que el debate moral sobre tecnología y la naturaleza del ser humano quedan en  segundo término.

Por Arturo Brum Zarco *

@arturobrum

El primer capitulo de la tercera temporada de la serie de ciencia ficción Black Mirror, titulado Nosedive,  protagonizado por Bryce Dallas Howard, narra un mundo donde la importancia o jerarquía de las personas se mide por el puntaje que reciben de una aplicación, es decir, con un teléfono celular la gente se califica entre sí y mientras más menciones positivas tengan, mayor posición social tendrá.

De esa forma, el capítulo termina, más que con una anécdota o metáfora, con una reflexión hacia el espectador, para abrir el debate sobre los niveles sociales y el poder que tendrá la tecnología en este rubro.

Las cuatro temporadas de Black Mirror se caracterizan por tomar un tema de interés público y combinarlo con un mundo futurista donde los avances tecnológicos influyen en él. Así, ningún capitulo recae hacía el bien o al mal, todos “encuentran” su punto medio para dejar que el espectador con base en su propia ética decida si el actuar de los personajes estuvo bien o mal.

Una de las mayores virtudes de esta serie de ciencia ficción es que cada capítulo es una discusión sobre la moral, las decisiones del hombre y las ventajas y desventajas que nos puede traer los avances científicos.

Blcak Mirror nos confronta a vernos en un espejo futurista, donde no hay buenos ni malos, y donde el poder de la tecnología rige el quehacer del ser humano, algo que quizá ya es una realidad.

La quinta temporada de la serie, que tiene tres capítulos, quita la esencia que caracterizó a Black Mirror: producir ese impacto moral y reflexivo en el espectador.  Si bien sí abordan la tecnología y la ciencia ficción, lo hacen de una forma banal y con historias sin mucha profundidad.

El primer capítulo de la quinta temporada, Striking Vipers, protagonizado por Anthony Mackie (Avengers: Engame), aborda el aburrimiento de la cotidianidad en una pareja; Dany (Mackie) es un hombre que va a cumplir 40 años, está casado y tiene un hijo, y su esposa, Theo (Nicole Beharie) quiere un bebé más.

Cuando aparece el mejor amigo de Dany, Karl (Yahya Avdul-Mateen II), este le regala un juego de peleas donde por medio de un dispositivo que se pone en la cabeza, su mente entra a un mundo donde se convierte en el personaje del video juego, ahí Dany encontrará un lugar para “matar” su aburrimiento, pero de una forma sexual. Si bien el argumento es interesante y el ambiente del capítulo es lúgubre, su final no invita a la reflexión.

El segundo, llamado Smithereens, es un capitulo con un agradable suspenso, pero es más un llamado a que no uses tu teléfono mientras manejas. Protagonizado por Andrew Scott y Topher Grace, narra como un conductor de Uber secuestra a un empleado de una empresa de redes sociales, y amenaza con matarlo si no lo comunican con el dueño y creador de dicha institución.

El último capítulo de la temporada es quizá el que menos comparte la esencia de Black Mirror, parece más una teen movie, con sus aventuras irreales y sus juegos infantiles que una aproximación a un debate real sobre la moral y la tecnología.

El capítulo se llama Rachel, Jack and Ashley, actúa la cantante y actriz Miley Cyrus, y cuenta dos historias; la primera es sobre dos hermanas que son muy diferentes, a una le gusta el rock y a la otra el pop y su gran ídolo es Ashley O; la segunda, nos narra la vida de la artista Ashley O, quien vive bajo las órdenes de su tía, que la obliga a cantar canciones que Ashley no quiere. Las dos historias se unirán gracias a un juguete, un pequeño robot que habla y canta como Ashley O.

Quizá sea la peor temporada de todas, ya que no tiene esos clásicos conflictos morales que son como una “cachetada” hacia el espectador; en este caso no rompieron el espejo.

 

 

*Periodista y realizador. Director y Editor en CinEspacio24 Noticias. Colaborador en Cio Noticias.


“The big-bang theory”, la última fórmula exitosa de la TV

Por Daniel Flores*

The big-bang theory llega su fin este 1 de junio (al menos en América Latina, ya que desde el pasado 16 de mayo concluyó en los Estados Unidos), luego de 12 exitosas temporadas, en las que, por lo menos, durante las primeras cinco, cambió los parámetros del sitcom de la industria televisiva norteamericana, sobreviviendo a Netflix, Amazon Prime y las decenas de plataformas de streaming que pululan en la actualidad.

Su gran acierto fue convertir en un movimiento “cool” a las actividades de tribus urbanas, derivadas de su fascinación por la cultura pop. Desenterrando las características de nerds, geeks y frikis, esta emisión, creada por Chuck Lorre y Bill Prady, apostó a este mercado, alejándose de los patrones convencionales de los jóvenes protagonistas de series como Friends, Gossip girl o 90210, aunado a la inigualable arma secreta de los actuales productos audiovisuales: la nostalgia.

Así, juntando a dos generaciones, la X y los Millennial, La teoría del big-bang se consolidó haciendo miles de referencias a esas añoranzas, desde Star Wars, pasando por Lord of the Rings, hasta los cómics, especialmente los de súper-héroes. Conforme la serie cobró relevancia, cameos de importantes iconos del consumismo se hicieron presentes, como Mark Hamill (“Luke Skywalker”) o el fallecido astrofísico, Stephen Hawking, dando mayor trascendencia a cada temporada.

 

Igualmente, como hacen los filmes de Marvel, se le dio un gran peso a la ciencia y a la tecnología, al grado que hicieron divertidos estos rubros, tan difíciles de hacer comprender a la juventud. Pero “Leonard Hofstadter” (Johnny Galecki), “Sheldon Cooper” (Jim Parsons), “Howard Wolowitz” (Simon Helberg), “Raj Koothrappali” (Kunal Nayyar), “Bernadette Rostenkowski” (Melissa Rauch) y “Amy Farrah Fowler” (Mayim Bialik) anunciaron al mundo que no era necesario ser un galán o estar buenota para alcanzar los sueños más ñoños jamás pensados, incluso, el conquistar a la chica más linda del edificio, “Penny” (Kaley Cuoco), se volvió un reto cumplido para estos genios, primero incomprendidos, luego, vitoreados.

Aunque en las primeras temporadas todo apuntaba al desarrollo de la historia romántica entre “Leonard” y “Penny”, una especie de “Romeo” y “Julieta” posmodernos, poco a poco, “Sheldon” les fue comiendo el mandado, no sólo a ellos, también al resto de sus compañeros, en gran medida, a la capacidad histriónica de Parsons para exteriorizar las sensaciones de un carácter tan parco y sesudo como el del neurótico científico.

Incluso, la verosimilitud con que Parsons daba vida “Sheldon” generó una tremenda polémica en la Unión Americana, que consideraba al personaje una mofa para la gente que padece el Síndrome de Asperger, una condición de autismo ligeramente discapacitante, situación que seguramente provocó en Lorre y Prady una urgencia por cambiar a “Sheldon”, al grado de conseguirle novia y hacerlo un poco más afectuoso.

“Penny” y ” Bernadette” también sufrieron su dosis de intolerancia, ya que ambas eran rubias y atractivas, una no muy pensante, la otra, brillante, pero de voz chillona y exasperante, criticadas ambas por la comunidad científica femenina norteamericana, que no encontraba identidad alguna con estas propuestas. Quizá por eso llegó “Amy”, interpretada maravillosamente por Bialik, una actriz menos estereotipada en los convencionalismos de belleza física para el Prime Time, que vino a darle un toque de realidad al programa.

Si bien los fans de hueso colorado consideran que The Big-Bang Theory culminó cuando “Penny” aceptó una relación romántica con “Leonard”, el show ya había zarpado al éxito, a pesar de auto-parodiarse una y otra vez, rozando la inconsistencia, pero sus millones de espectadores pedían más y más, sobre todo de “Sheldon”, quien seguramente se convertirá en una carga difícil de despojar para Parsons, ya que incluso, en los filmes en los que ha participado, como Hidden Figures, sigue dando vida a un científico de mal carácter.

Con el final de la serie, el streaming iniciará un reinado absoluto, en el que surgirán contenidos más audaces y atrevidos, no limitados por los tiempos de la TV comercial, pero de estos nuevos productos, la gran mayoría habrán sido inspirados por la explosiva teoría del big-bang.

 

*Periodista. Colaborador en CinEspacio24, Director de Cio Noticias, Crítico de Cine, Columnista en el Heraldo de México Toluca 


“Sarturday Night Live”, celos, traiciones y secretos

Por Daniel Flores*

La temporada 44 de Saturday Night Live  (SNL) ha concluido. Si bien continúa su dura crítica contra el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, parodiado por Alec Baldwin, la calidad del resto de los segmentos y de los anfitriones disminuyó en comparación con campañas anteriores. Así, hubo emisiones con invitados no tan lujosos, como Halsey, John Mulaney o Sandra Oh, y de plano, actores que no nacieron para hacer comedia, casos concretos, Liev Schreiber y Claire Foy.

Rumbo al final de estos 21 capítulos, el arribo de estrellas hollywoodenses, acostumbradas a hacer reír a la audiencia, mejoró ostensiblemente al programa, destacando Emma Thompson, Adam Sandler y Emma Stone (una virtuosa para interpretar cualquier tipo de género). SNL sobrevivió una vez más, recargando el peso de los sketchs en sus dos mejores elementos, el veterano de mil batallas, Kenan Thompson, y la versátil, Kate McKinnon, así como el surgimiento de Pete Davidson, quien luego de varios años por fin halló su estilo de humor, menos dirigido a los millennial.

Sin embargo, varios miembros del “cast”, siguen procrastinando, sin resaltar demasiado, a veces, parodiándose a sí mismos, con personajes bobalicones, situaciones previsibles y remedos de videos musicales olvidables. El eterno productor de SNL, el canadiense, Lorne Michaels, bien podría hacer una limpia para el próximo otoño y deshacerse de Mikey Day, Alex Moffat, Kyle Mooney y Beck Bennett, quienes necesitan de algún compañero de mejor nivel para siquiera salir adelante.

Es cierto que resulta normal este tipo de altibajos en un show en vivo, pero para infortunio de SNL, le ha tocado una época compleja, la de la cruza de dos generaciones, la X y los millennial, de gustos diferentes (salvo para los filmes de Marvel), que se contraponen ante las fórmulas de la comicidad, lo que dificulta concebir una estructura de mayor equilibrio.

Pero no es la primera vez (ni será la última) en que el popular programa sufre una crisis. En este sentido, diversos autores han expuesto una y otra vez la historia de SNL, desde su debut en 1975, con un elenco integrado por Jane Curtin, Garrett Morris, Laraine Newman, Gilda Radner, Dan Aykroyd, John Belushi, Chevy Chase, George Coe, Michael O’Donoghue, la inigualable voz de Don Pardo, teniendo como “host” a George Carlin, hasta la actualidad, en la que el streaming y plataformas web amenazan con quitarle la corona en materia de comicidad y sátira.

De entre todo este compendio de textos, destaca The Complete, Uncensored History of Saturday Night Live de James Andrew Miller y Tom Shales, una auténtica cátedra de cómo redactar un gran reportaje sobre asuntos del espectáculo. A través de entrevistas intercaladas por temporadas, un gran número de ex integrantes de SNL de diversos periodos (gente a cuadro y fuera de éste), narran sus experiencias sin guardarse nada.

Así, los lectores descubrirán todas las intrigas, traiciones, excesos, cotos de poder, envidias, mala leche y un sinfín de secretos que personalidades como el propio Michaels, Bill Murray, Steve Martin, Dana Carvey, Mike Myers, Will Ferrell, Tina Fey, Amy Poehler, entre muchos otros, revelan para los fans y detractores de SNL.

Como si nos trasladaran a diversas eras, de la Guerra Fría, pasando por la caída del Muro de Berlín, hasta el 9/11, los autores, Miller y Shales, construyen la historia del sábado por la noche de manera amena, con testimonios que difícilmente aparecen en medios de comunicación, en ocasiones, tornándose en una vorágine que deambula entre la objetividad y el amarillismo. Publicado en conmemoración del 30 aniversario de Saturday Night Live y luego aumentado y corregido para los 40 años del live-night, The Complete, Uncensored History of Saturday Night Live está para devorarse a pesar de sus casi 800 páginas.

 

 

*Periodista. Colaborador en CinEspacio24, Director de Cio Noticias, Crítico de Cine, Columnista en el Heraldo de México Toluca 


“Veep”, la parodia política que la superó la realidad

Después de siete temporadas llega el final de la serie Veep, que nos cuenta la travesía de la Vicepresidenta de los Estados Unidos Selina Meyer para  convertirse en Presidente; protagonizada por la inigualable comediante Julia Louis-Dreyfus.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

Selina Meyer (Julia Louis-Dreyfus) es una ambiciosa, vanidosa y caprichosa política estadounidense. Es Vicepresidente de los Estados Unidos de América y su objetivo es ser la primer mujer Presidente de su país.

La Veep (como le dicen coloquialmente), bien puede, el mismo día, prometerle cosas a una líder de una sociedad pro-vida y  unos cuantos segundos después reunirse con una organización a favor del aborto y asegurarles que está con ellos.

 

 

Asimismo, es común que cuando saluda a un colega político, ya sea de su partido o de la oposición, al despedirse, Selina se acerca a sus colaboradores para decir algún comentario burlón  sobre su apariencia, religión o raza.

Siempre sonríe cuando está ante las cámaras y saluda a toda la gente que se acerca a ella; pero tras “bambalinas”, sólo ve a las personas como posibles votantes y de inmediato se desinfecta las manos (la corrección política sólo existe cuando Selina tiene una cámara o un votante en frente).

Cuenta con un equipo de trabajo que, además de soportar las excentricidades de Selina, es incompetente, ya que provocan crisis y escándalos que no le ayudan  a Meyer; como filtrar información confidencial de niños enfermos, despedir a personas que hacían bien su labor, ocasionar problemas internacionales, entre otras situaciones lúdicas.

Su grupo de trabajo lo conforman, Gary Walsh (Tony Hale) , quien se dedica a cargar una bolsa con todo lo que necesita la vicepresidenta (incluso lo más raro que puedan pensar),una persona incondicional a Selina hasta llegar a los extremos; Mike McLintock (Matt Walsh), su jefe de comunicación, que tiene grandes problemas de inseguridad y no sabe hablar ante la prensa; Amy Brookheimer (Anna Chlumsky), su jefa de personal, antisocial y cínica; y Dan Egan (Reid Scott), su asesor principal, un mujeriego que no duda en traicionar a sus compañeros.

Ellos forman un grupo de personas que sólo les interesa el poder, y que su líder Selina Meyer sea presidente  y para lograrlo no importa lo que tengan que hacer.

De eso se trata la sitcom Veep, producción de HBO, que se estrenó en abril de 2012, una serie que parodia a la política y los políticos de los Estados Unidos, y lo hace con un divertido humor negro,  cada capítulo aborda la hipocresía, avaricia y los “apetitos” insaciables de poder de cualquier político.

Tuvo siete temporadas, las primeras seis de diez capítulos cada una, pero en 2017 tuvieron que parar la producción de la última temporada, ya que Julia Louis-Dreyfus estaba luchando contra el cáncer de mama.

En 2019 retoman la serie y en siete capítulos (los cuales terminaron el 12 de mayo de 2019) nos cuentan si la egocéntrica Selina Meyer se convirtió en presidente o no.

La serie tiene buen ritmo, originalidad, sorpresa, actuaciones destacables, su reparto es de lujo, con grandes comediantes que saben hacer de una situación sería algo absurdo y sin sentido (como la política).

Pero sobre todo destaca Julia, quien ya ha demostrado con creces que es una de las mejores comediantes de la actualidad, desde que inició en Saturday Night Live, y después en su famoso papel en la serie cómica y de culto Seinfeld. Julia sabe manejar el tiempo y la corporalidad en la comedia como nadie.

Veep retrata situaciones impensables, mensajes de políticos que eran difícil de imaginar, es decir, cumplía con los requisitos de ser una parodia; pero la realidad le ganó y esos mensajes tan irrisorios y situaciones inimaginables se volvieron verdad con un racista e ignorante personaje que llegó a ser presidente de los Estados Unidos de América.

Ante esa situación las últimas temporadas de la serie se vuelven más radicales, con mayor humor negro y un tanto crueles; para así realizar una denuncia a la política actual de los Estados Unidos.

Veep es una serie que supo reflejar la penosa política de su  país, y lo hizo con un humor que peleaba contra lo correctamente político, e irónicamente la realidad superó su ficción.

 

 

*Periodista y realizador. Director y Editor en CinEspacio24 Noticias. Colaborador en Cio Noticias.

 

 


Jordan Peele se extravía en la “Dimensión Desconocida”

La nueva Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 2019) lleva ya dos capítulos estrenados en la plataforma digital de CBS, bajo la producción de Jordan Peele, el director de los éxitos cinematográficos, Get out (2017) y Us (2019), que lo han encumbrado como el flamante amo del terror y el suspenso, al grado que diversos críticos le han conferido el nombramiento del Alfred Hitchcock del presente siglo (comparación que alguna vez le dieran también a M. Night Shyamalan), sin embargo, en la otra cara de la moneda, Peele ha sido vituperado por diversos sectores de la industria, al considerar que sus dos filmes están sobre-valorados, y que su irrupción en los reflectores es cuestión de equidad de raza.

 

Por Daniel Flores*

Pese a las calificaciones, buenas y malas, CBS lo eligió para revivir el clásico televisivo más grande de todos los tiempos, The Twilight Zone, serie considerada como la más influyente del siglo XX por varios especialistas, sin importar que su tema central fuera la fantasía. Creada por Rod Serling (1924-1975), la Dimensión Desconocida cambió la forma de hacer TV, gracias a sus impactantes guiones y los osados planteamientos técnicos que daban verosimilitud a historias sobre ciencia-ficción, horror y terror, tornándose en el concepto antológico por excelencia. Entre 1959 y 1964, el programa emitió cinco temporadas de rotundo éxito comercial y en crítica.

Sin embargo, como suele ocurrir, la cadena CBS y sus voraces directivos trataron de comer el pastel completo e incluir más anuncios, cambiando el formato de Twilight Zone, de menos de media hora de duración a cerca de 60 minutos, lo que aconteció en la cuarta temporada, ocasionando un disgusto de los espectadores y del propio Serling, quien para la quinta y última campaña, retornó a la duración original, aunque ya no se pudo salvar del golpe asestado.

Con el tiempo, Dimensión Desconocida sobrevivió a los cambios tecnológicos y narrativos, al grado que hoy en día sigue asombrando a los nuevos aventureros que se adentran a las visiones de Serling y su equipo, en torno a la fantasía. Steven Spielberg, en 1983, encabezó a un grupo de realizadores que estrenaron una cinta basada en capítulos emblemáticos del show, incluyendo It’s a Good Life Pesadilla a 20 mil pies. Si bien no fue un fracaso en taquilla, la producción sufrió lo indecible para llegar a culminar la película, ya que el actor, Vic Morrow, y dos personas más, fallecieron durante el rodaje, tras la caída de un helicóptero.

Luego, en los ochenta, entre 1985 y 1989, The Twilight Zone tuvo un repunte. Al mando del productor Philip DeGuere, se presentó una primera temporada con capítulos de una hora, pero divididos en tres historias distintas, en los que participaron genios de la talla de Atom Egoyan, Peter Medak, Wes Craven, George R.R. Martin y Harlan Ellison, o histriones como Morgan Freeman, Bruce Willis y Helen Mirren. Los años posteriores se retomó el formato de 30 minutos, pero el nivel creativo descendió, lo que llevó a su cancelación.

De a 2002 a 2003, la creación de Rod Serling tuvo un tercer regreso, una sola temporada de 43 capítulos, casi todos de 45 minutos, con la aparición de Forest Whitaker como el anfitrión de cada episodio. Lamentablemente, ni la continuación de It’s a Good Life (con varios de los actores originales) ni los remakes salvaron la situación, demostrando que no cualquiera puede competir con la antología primera.

Ahora, Peele se enfrentará a semejante reto. Si bien logra convencer como el nuevo anfitrión (a la usanza del propio Serling, quien presentaba y concluía la historia en cuestión), estas dos primeras entregas dejan bastante que desear, ya no en formato de media hora, ni siquiera de menos de 60 minutos (contando pausas comerciales), sino uno que roza la hora (sin comerciales), complicando las tramas y alargándolas de manera innecesaria.

El episodio debut, titulado The Comedian, es dirigido por Owen Harris y protagonizado por Kumail Nanjiani, Tracy Morgan y Amara Karan, en torno a un mediocre comediante de club nocturno, Samir Wassan (Nanjiani), quien recibe un consejo de un famoso cómico, J.C. Wheeler (Morgan). Al ponerlo en práctica su rutina mejorará, a cambio, claro, de algunas vidas humanas. Aunque la sinopsis suena atractiva, la ejecución es pobre. Se nota un gran diseño de arte, pero es todo. Sus 55 minutos de duración prolongan esta básica trama, que bien se pudo resolver en 25 minutos, pero debido a las “facilidades” del streaming, se vuelve lento, repetitivo, obvio, haciendo sudar la gota gorda a Kumail, cuyo rol pasa de la cordura a la locura de manera acelerada. Igualmente, si bien Morgan es sumamente reconocido en Estados Unidos como un histrión gracioso, en este capítulo intenta ser misterioso, sin resultados favorables.

En el segundo episodio el público descubrirá un tercer remake de Pesadilla a 20 mil pies, que lanzara a la fama al mismísimo Capitán Kirk, William Shatner en 1963. Titulado, Pesadilla a 30 mil pies (qué original), la dirección corre a cargo de Greg Yaitanes y es protagonizado por Adam Scott. Aunque la trama de esta historia, basada en un cuento de Richard Matheson, es por demás conocida, aquí le dan un giro al desenlace, tremendamente decepcionante, en aras de hacer más creíble la anécdota sobre un individuo que está seguro que el avión en el que viaja se accidentará.

A partir del 11 de abril, cada jueves se estrenará un nuevo episodio de diez en total. Al paso que va, quizá, Jordan Peele deba volver al cine y olvidarse de ser el nuevo Hitchcock.

 

 

*Periodista. Colaborador en CinEspacio24, Director de Cio Noticias, Crítico de Cine, Columnista en el Heraldo de México Toluca 


Su nombre es “West, Honey West”

Por Daniel Flores *

Si pidiéramos que viniera a la mente una rubia heroína de acción, seguramente, recordaríamos a la “Supergirl” de Melissa Benoist, a la “Black Widow” de Avengers Infinity War, interpretada por Scarlett Johansson, o tal vez a la “Catwoman” de Michelle Pfeiffer y hasta la “Barb Wire” de Pamela Anderson. Pero antes de estas güeras, en la década de los sesenta, emergió una detective de incomparable atractivo, glamorosa, sagaz, osada, de rotunda pegada y ¿amiga de un ocelote?

Su nombre era “Honey West”, un personaje nacido en las novelas cortas del matrimonio conformado por Gloria y Forrest E. Fickling, y llevada a la pantalla chica en 1965 en una serie de 30 capítulos de media hora, producida por Aaron Spelling (productor también de Beverly Hills 90210, Melrose Place, Charmed, entre muchas otras). Los autores de los textos de corte policial, aunque un tanto ligeros, explicaron alguna vez que Honey fue inspirada de la suma entre la actriz, Marilyn Monroe, y el detective ficticio, “Mike Hammer”.

Así, Spelling se dio a la tarea de buscar a la mujer idónea para el papel, que entre otras cualidades debía poseer ciertas habilidades para pelear a cuadro. Se pretendió a Honor Blackman, conocida por la serie británica, The Avengers (nada que ver con Marvel), en la que dio vida a la súper-espía, “Catherine Gale”, y por el filme de “James Bond”, Goldfinger, que le valió la fama mundial al encarnar al motivo amoroso de “007”, la inolvidable, “Pussy Galore”. Lamentablemente, no aceptó el rol, por lo que Spelling recurrió a otra hermosa rubia, Anne Francis.

Esta neoyorquina ya había alcanzado el reconocimiento en Hollywood, gracias a la cinta de ciencia ficción, El plante prohibido (Fred M. Wilcox, 1956), en la que demostró su talento como heroína futurista. Con un toque sensual, aunado a cierta altivez, la Honey West de Francis rebasó los cánones pretendidos por la producción, luciendo plena como mujer de acción, que si bien era doblada para las escenas de riesgo, ejecutó bastantes tomas por sí misma, en las que se muestra lanzando efectivas patadas y sendos puñetazos a sus enemigos.

“West” había heredado la agencia de investigaciones de su padre, y, para no cerrar el negocio tras el deceso de su progenitor, decidió seguir sus pasos como detective. Acompañada por “Sam Bolt” (John Ericson), su socio en armas y aparente compañero romántico, tomaban interesantes casos, repletos de aventura, suspenso, gadgets, glamur y un sinfín de sorpresas, incluyendo a “Bruce”, la mascota de “Honey”, un ocelote inquieto, carácter al que la temeraria Francis no le hacía mucho caso. En las escenas entre ella y el felino, se nota la dificultad de Anne para controlar al animal y aparentar una feliz relación, sin embargo, la actriz sale avante, dominando como puede a “Bruce” sin perder la seriedad de su diálogo.

Igualmente, en el panteón de autos famosos, como el “Batimóvil” o “Herbie”, también debería incluirse la camioneta de “Honey” y “Sam”, que mostraba un anuncio de servicio de reparaciones para TV, el cual ayudaba al dúo detectivesco a pasar desapercibido en sus vigilias a posibles sospechosos.

Tristemente, la serie resultó un fracaso, siendo cancelada tras la grabación de una temporada, a pesar de que mostraba elementos novedosos para la época. Hoy en día se puede conseguir la campaña completa en DVD, y para quien así lo quiera, podrá adentrarse a una emisión sumamente entretenida, bien coreografiada en materia de combates, con una heroína adelantada a su era, sumamente segura de sí misma, sarcástica, empoderada y sin pelos en la lengua.

Honey West puso su pequeño grano de arena para que las mujeres de acción hallaran su sendero en la industria de Hollywood, así como en otros lares, donde, seguramente, no faltarán fans de esta brillante detective.

*Periodista. Colaborador en CinEspacio24, Director de Cio Noticias, Crítico de Cine, Columnista en el Heraldo de México Toluca