Conspiración y poder (crítica)

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Por  José Rafael César Medina

Un desastre.

Esta cinta resulta ser un trabajo mediocre, sobre todo, considerando que tuvo la mala suerte de verse como la hermanastra con bonita letra de la fabulosa Spotlight.

Con una dirección inconsistente y algunas actuaciones de primer nivel, Conspiración y poder [James Vanderbilt, USA, 2015] nos cuenta la historia de Mary Mapes, una reportera aguerrida quien descubre algunos inquietantes secretos sobre el servicio militar del entonces presidente George Bush [hijo] en la guerra contra Iraq y Afganistán los cuales—de ser revelados—pondrían en serio riesgo la campaña de Jr. para reelegirse en el siguiente ciclo presidencial.

La mismísima Cate Blanchett [Óscar a mejor actriz por Blue Jasmine] encarna a esta periodista quien ha superado parcialmente las pruebas que le ha presentado la vida: desde golpes de su padre durante su infancia y juventud, hasta la peligrosa jungla que puede representar el periodismo. Este personaje sobresale de los demás no sólo por el hecho de llevar el papel principal, sino porque Blanchett demuestra nuevamente una capacidad histriónica digna de un segundo Óscar. Esta capacidad es evidente sobre todo en escenas que exigen pasividad, silencio o contención por parte del personaje aunque al mismo tiempo se ve mermada por la poca réplica que le ofrecen actores de medio pelo o personajes construidos mediocremente. El único que demuestra actuar al nivel de Blanchett es el gran Robert Redford, quien pareciera estar más bien en otra dimensión desde la cual se divierte al ver a este pobre director gestando el engendro que resulta ser su ópera prima.

El guion es torpe y por momentos resulta sumamente confuso, al intentar crear las situaciones más dramáticas a partir de rápidos y confusos diálogos, los cuales exigen una atención de lo más rigurosa y una memoria paquidérmica, provocando en estas escenas más estrés que interés—por desgracia, suelen ser de las más importantes.

De entre las principales inconsistencias en la dirección se pueden mencionar las innecesarias inserciones de música de película de acción en ciertas escenas [está mucho más cerca de ser un mal documental que de la peor cinta de Stalone]. Resalta también el incansable esfuerzo de la dirección y producción por restregarnos en la cara que recorrieron cielo, mar y tierra para conseguir un millón de utensilios, aparatos, herramientas, ropa y muebles de principios de los 2000: es exagerado el número de tomas que nos presentan estos objetos en primeros planos, close-ups o zooms sin sentido aunque cabe mencionar que están embestidos de una fotografía impecable.

La historia está contada de manera ordenada, sin embargo, los diálogos súbitos y enredados que intentan generar drama en las escenas más importantes, la hilarante selección del score y el pobre trabajo en la construcción y entramado de la mayoría de los personajes  vuelven al producto poco disfrutable.

 

 


Poesía de la estrechez (análisis de la cinta In The Mood For Love)

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Por Bruno Iñaki Rosales Villareal

Es 1962 y dos parejas se mudan a sus respectivos pisos el mismo día, una al lado de la otra, volviéndose así vecinos, el tiempo transcurre a través de elipsis bien planteadas y la historia gira alrededor de un amorío que nunca se ve pero queda explícito. Los colores resaltan, la edición brilla por su sutileza, la fotografía encierra haciendo del filme In The Mood For Love algo claustrofóbico. Sin duda el amor es un tema elemental para la vida humana y aquí es tratado desde una perspectiva nueva y cautivante.

Wong Kar Wai deja en claro que las emociones no son controlables, que cualquier actuación tiene su toque de verdad, y lo deja en claro con una narrativa compleja, donde los detalles visuales aportan expresando lo mejor posible, la imagen inmersa en los movimientos de cámara ayuda a explicar la película, los diálogos hacen que la narración cobre total sentido, generando una atmósfera de confusión llena de un dramatismo extraño para nuestros ojos, pero universal para el ser humano.

A través de corredores pequeños y amontonados el esposo Chow y la esposa Chan recorren su departamento y la ciudad, los tallarines están en la mano de ella cada que lo ve a él regresar a la casa vecina, y cuando ambos llegan por su cuenta encuentran el vacío de sus respectivas parejas. En realidad están solos. Aquí la atmósfera lo es casi todo, llega a hablar más que los personajes, y lo hace con complejidad mentora, la historia principal incluso se da por el entorno, nadie es ajeno a la relación que tiene con el mundo en general, y por ende no es coincidencia que la atmósfera de la película se sienta claustrofóbica, estrecha, y no es coincidencia tampoco que entre tanta cercanía obligada por la misma estrechez se dé un amor; se observan desde un inicio vestidos pegados, trajes abrochados hasta el cuello, no hay espacio para la libertad, siempre el entorno encerrará ligeramente, la habladuría y la sospecha se hacen presentes como consecuencia, jugando así un factor importante en los actos y actitudes de los personajes principales.

Varias canciones rondan durante toda la película y se quedan grabadas en la memoria se deseé o no, mismas que ayudan a poetizar escenas junto a ralentizaciones de la imagen y movimientos cautivantes, pero no sólo quedan con esa cualidad, al contrario, las canciones surgen conforme se desarrolla el amor, un Nat King Cole con su “Quizás, quizás, quizás”, o “Aquellos ojos verdes” cuyas letras van acorde a las emociones del Sr. Chow y la Sra. Chan, apoyándose en tomas cenitales o dollies circulares se crea un deleite visual en momentos críticos y finales. La poesía del movimiento está claramente ejemplificada en estas escenas.

Colores contrastantes y llamativos, que avivan pasiones y resaltan situaciones, colores que hacen de escenas poco románticas unas verdaderas joyas del género, pasan del más cálido al más frío en tan solo uno o dos cortes, el frío se hace presente con la lluvia torrencial en tonalidad azul oscura, para que después los personajes se encuentren en un hotel donde el rojo hace presencia imponente en todas las paredes y luces. El color destaca en este mundo atmosférico y habla más que muchos otros detalles visuales destacables como el cambio de vestuario entre cortes para denotar las elipsis, o el cambio de movimiento de cámara y de las actitudes de los personajes, sin duda el color siempre despierta emociones en el ser humano, consciente o inconsciente, y más si está distribuido con sutileza en su uso, como aquí acontece.

Unos cuantos recursos sutiles (mencionados al final del párrafo anterior) son los que sirven para comprender la historia, la trama transcurre cronológica pero entrecortada, interactuando con el espectador, haciéndolo parte del juego y de la misma actuación, volviéndose así un rompecabezas que se arma poco a poco incitando a la imaginación interpretativa, las historias pueden diferir ligeramente entre espectadores, y ahí es donde se encuentra la magia que está dentro del filme.

Los personajes muestran sus crecientes intuiciones a través de los gestos corporales y la ubicación de la cámara, ya sea con un óvalo como contorno, creando un cierto tono voyeur (de distanciamiento), o con tomas en donde uno esconde el rostro mientras el otro sufre; los dos están en una situación similar, se sienten perdidos, sin querer o lograr comprender, por lo que intentan reconstruir el suceso, a través de ésta reconstrucción las emociones florecen y su poesía emana. El amor inevitablemente se busca cuando se pierde, se remplaza, no es algo que decida uno, es algo que crece en uno. La paradoja de estar tan cerca a alguien pero nunca conocerlo se hace evidente al final, la razón y el destino se muestran como vencedores y el anhelo por el pasado se vuelve parte de la cotidianidad.

Un melodrama curioso con una forma melódica y envolvente. Así se puede definir a In The Mood For Love, oda fílmica que a momentos recuerda a Alain Resnais, demostrando que la forma puede transformar al fondo, reinventarlo, cambiar el punto de vista común y generar toda una rama con extensiones que llevan a nuevos espacios con formas bien delimitadas y abiertos a interpretaciones personales.


Cinco películas muy buenas, donde la música es protagonista (punk, rock)

Si ya las viste, vuélvelas a ver pero disfruta los detalles musicales, pues los directores pusieron un gran empeño en el montaje. Son películas con un Original SoundTrack (OST) que puedes disfrutar de otra forma poniendo atención a la música. Comencemos.

The Departed

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La pasión de Martin Scorsese por la música es evidente en esta gran película. Remake de Infernal Affairs, incluye piezas de John Lennon, Allman Brothers Band, Rolling Stones, y una pieza especial de Roger Water, “Comfortable Numb”. El punk celta de I’m shipping up to Boston es inolvidable; aquí está la escena, escucha el montaje:

Sinopsis: Ya de niño, Colin Sullivan (Matt Damon) entra en contacto con la delincuencia organizada que gira en torno al mafioso irlandés-estadounidense Frank Costello (Jack Nicholson) en el barrio irlandés de South Boston. Costello le prepara para convertirlo en un topo dentro de la policía del estado de Massachusetts. Sullivan es aceptado en la Unidad de Investigaciones Especiales, que se centra en el crimen organizado.

Por otro lado, el capitán Queenan (Martin Sheen) y el sargento Dignam (Mark Wahlberg) le plantean a Billy Costigan (Leonardo DiCaprio), poco antes de su graduación en la academia de policía, si accedería a trabajar como policía infiltrado, dados sus vínculos familiares con la mafia y los enormes recelos y antipatías que despertaría dentro del Cuerpo. Abandona la academia y se le hace pasar un tiempo en la cárcel bajo una acusación falsa por asalto para aumentar así su credibilidad como delincuente.

The Big Lebowski

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Un increíble OST. The Dude se convierte en uno de los personajes más memorables del cine reciente a través de una excelente actuación de Jeff Bridges, con pistas que marcan un montaje rítmico impecable a través de canciones de Bob Dylan, Nina Simone, Henri Mancini, y una versión maravillosa de “Hotel California” a cargo de Gibsy King:

Sinopsis: Un día The Dude queda involucrado en un asunto ajeno, al ser confundido por dos matones con un millonario paralítico con quien comparte el nombre, quienes asaltan su casa, lo agreden y orinan en su alfombra, reclamando una deuda que la esposa de éste,Bunny (Tara Reid), mantiene con el jefe de ambos, el empresario pornográfico Jackie Treehorn (Ben Gazzara). Por ello, The Dude visita a su homónimo para reclamarle una compensación por la agresión y por el hecho de que los asaltantes hayan miccionado sobre su alfombra, pero al no recibir respuesta favorable, The Dude engaña al asistente de Lebowsky diciéndole que el mismo le autorizó a llevar la alfombra que quisiera de la casa, llevándose una consigo.

Boogie Nights

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Una película con identidad muy peculiar, con gran calidad, donde se nota el empeño de todo el equipo de producción. Empezando por Paul Thomas Anderson, quien produjo, dirigió y escribió el guion. Chakachas, Hot Chocolate, The Commodores, esta película sintetiza la década de 1970. Jessie’s Girls es una escena increíble, mezcla de tensión y comedia:

Sinopsis: El film retrata la industria pornográfica de finales de los ’70 y principios de los años ochenta, vista desde la perspectiva de un joven estrella del porno, Dirk Diggler (Mark Wahlberg). En el film se detalla su descubrimiento por el director porno Jack Horner (basado en William Margold), interpretado por Burt Reynolds. La historia se centra en la entrada de Diggler en el negocio, su ascenso al estrellato y su caída final debido a su adicción a la cocaína y las metanfetaminas, lo cual provoca que sufra paranoia e impotencia, apartándolo del negocio por arrogante.

Goodfellas

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Sí, es la segunda película de Martin Scorsese que mencionamos, pero ya tendremos más listas sobre este tema donde variaremos más. Están The Who, Cream y Derek and the Domino’s, entre otros. Layla, una escena magistral:

Sinopsis: En la primera escena, el protagonista Henry Hill (Ray Liotta) admite: “Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, quise ser un gánster”, refiriéndose a los gánsteres de su idolatrada familia criminal Lucchese que habitaban en su barrio trabajador, predominantemente italoamericano, en East New York en 1955. Queriendo formar parte de algo significante, Henry abandona la escuela y comienza a trabajar para ellos.

Su padre, irlandés estadounidense, a sabiendas de la verdadera naturaleza de la Mafia, trata de detener a Henry después de enterarse de su absentismo escolar, e incluso lo golpea, pero los mafiosos amenazan al cartero local, con graves consecuencias en el caso de que la familia de Henry recibiera más cartas procedentes de la escuela. Henry es capaz de ganarse la vida por sí mismo y aprende las dos lecciones más importantes de la vida: “Nunca traiciones a un amigo y mantén siempre la boca cerrada”, dichas al joven Henry tras permanecer en silencio en una audiencia en la corte.

Almoust Famous

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Cerramos con una película obligada. Un viaje musical precioso con muchas canciones infravaloradas de Led Zeppelin, o con un tono nostálgico aplicado por Cat Steven o Rod Stewart. Tiny Dancer, de Elton John es un ejemplo perfecto:

Sinopsis: El film es semi-autobiográfico, ya que Crowe sí escribió para la revista Rolling Stone siendo adolescente. La película se basa en las experiencias de viajar con bandas de rock como The Allman Brothers Band, Led Zeppelin, The Eagles. En un artículo de “Rolling Stone”, él habla acerca de como perdió su virginidad, se enamoró y conoció a sus héroes, experiencias que reflejó en William, el personaje principal de la película.

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La intolerancia a la imperfección (crítica a la cinta Una buena receta)

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Por Sheilla Cohen

Burnt o Una buena receta, como fue traducida en latinoamérica, es la historia de un chef, (Adam Jones,) interpretado por el actor (Bradley Cooper), que tras haber destruido su carrera culinaria por abusar de las drogas, y después de cumplir su penitencia pelando ostras en un bar en Nueva Orleans, decide regresar a Londres a conseguir su tercera estrella Michelin en el restaurante del hotel del padre de su mejor amigo Tony (Daniel Brühl). La única condición que le pondrá la familia de éste para abrirle un nuevo restaurante, será que la terapeuta de la familia, Dr. Rosshilde (Emma Thomson), le haga examen toxicológico semanal, para comprobar que está limpio.

Decidido a recuperar su prestigio como chef, éste emprenderá una búsqueda para conseguir a un equipo que lo ayude a conseguir su tercera estrella, ahí conocerá a Helene (Sienna Miller), quien se volverá su mano derecha tanto en la cocina como fuera de ella, y quien logrará mantener su temperamento controlado.

Desafortunadamente, a pesar de que la película consigue mantener el ritmo de principio a fin, la actuación de Bradley Cooper no logra ser lo suficientemente convincente como para que la historia sea creíble para el resto de los espectadores, que por si fuera poco, pretende equiparar la dinámica de la cocina a la de un régimen militar. Desde la manera en la que le grita a sus ayudantes de cocina parece forzada, como si hubiese estado ensayando la forma en la que Gordon Ramsey destruye moralmente a los concursantes de su reality show Hell’s Kitchen, hasta la forma en le arroja los sartenes al suelo, cuando el resultado no alcanza sus estándares; todo parece ser una caricatura, mal hecha, de programas de cocina como Top Chef.

De igual manera, a pesar de contar con actores de renombre como Emma Thompson, Sienna Miller, Daniel Brühl o la recién oscarizada Alicia Vikander, el resto del ensamble no parece ayudarlo mucho, pues ninguno consigue darle cierta veracidad a la historia.

Si hay algo que pretende demostrar esta película, además de que cualquiera es capaz de sobreponerse a un pasado oscuro si se lo propone, es que la gastronomía se ha vuelto una disciplina tan competitiva, que no hay margen para el error. De ahí que otro de los temas que aborda esta película sea el perfeccionismo y la intolerancia al fracaso, ejemplificado en el personaje que interpreta Bradley Cooper , quien no concibe la posibilidad de no conseguir la tercera estrella Michelin, no porque sea un egocéntrico, sino porque sufre de un perfeccionismo exacerbado que lo canaliza por medio de ataques de ira contra los integrantes de su equipo de cocina. Y como para cualquier perfeccionista, cuyo pensamiento se caracteriza por ser extremista: todo o nada. Éste debe de conseguir la estrella porque de lo contario significaría su fracaso en la cocina.

Sin embargo, a pesar de que la película no cumple su cometido en términos actorales, posiblemente, lo más rescatable de la trama sea que el final no acaba siendo un cliché en el que esperaríamos conseguiría su tercera estrella Michelin, sino al contrario, lo que pretende dejarnos como moraleja esta película, cuyo guión está a cargo de Steven Knight, mejor conocido por ser el guionista de películas como Promesas del Este (2007), Locke (2013) y más recientemente, El caso Fischer (2014), es que la búsqueda de la perfección siempre será un camino solitario e insatisfecho, mientras que la comida siempre será lo que nos vinculará con los demás. Porque más allá de nutrirnos y despertarnos sensaciones placenteras, la comida, cumple una función esencial en nuestra relación con el otro.


Cinco máscaras icónicas del cine (Parte 1)

Las máscaras en el cine han creado iconos que forman parte de la cultura popular. Una máscara te permite ser quien no eres cuando la tienes puesta, y si ese alguien no eres es muy cool, muchas otras personas querrán ser ese alguien que representa la máscara. Más si está filmado maravillosamente en el cine. Comencemos:

1. El hombre de la máscara de hierro (1998). El clásico de Alejandro Dumas con la actuación de Leonardo Di Caprio, quien todavía no tenía la solidez actoral para soportar un papel de esta talla, al final tuvo un desempeño regular, pero justamente salvado por su actuación bajo la máscara de hierro.

Esta película contó con un súper elenco: Jeremy Irons, John Malkovich, Gérard Depardieu, y Gabriel Byrne.

2. Vanilla Sky (2001). Una máscara que sirve para esconder todo lo que salió mal puede parecer una idea increíble, pero esta película muestra que las cosas no funcionan así.

Remake de la película española dirigida por Alejandro Aménabar, tiene un gran soundtrack, y actuaciones muy destacadas de Cameron Diaz, y Penélope Cruz, quien interpretó el mismo papel en ambas películas.

3. La máscara (1994). Jim Carrey se pone una máscara y se vuelve Jim Carrey con esteroides. Una película que si bien no es una obra de arte, es inteligente, atrapante y la animación de la máscara ha envejecido bien.

Tuvo una secuela desastrosa, lo que demostró que parte del encanto de este filme es la propia personalidad de Carrey.

2. Halloween (1978). Uno de los personajes terroríficos más importantes de la historia del cine, que seguirá vigente pues la máscara no tuvo efectos especiales por computadora ni algún truco que tratara de mostrar rasgos paranormales, por lo que encarna sólo la mente de un asesino.

Uno de los puntos más importantes de la máscara es que ante la película los motivos del asesino no son tan claros, lo que genera una sensación que pocos slashers han conseguido.

Mención especial: El santo contra las momias (1972). Aunque se llama así, la película tiene como protagonistas también a Mil Máscaras y a Blue Demon.

Un clásico mexicano, más si la veías los domingos por Televisa.

1. Donnie Darko (2001). De esas películas que te hacen personas y desconciertan, Donnie Darko tiene como un excelente personaje a un conejo con un rostro inolvidable, con una vez que resuena todavía en la mente tiempo después de haberla visto.

Sugerimos que si la viste una vez y te gustó, la veas de nuevo y tal vez veas cosas que no viste la primera vez porque te dejó pensando. Un clásico instantáneo del cine.

¿Qué otra máscara te gustaría ver en la siguiente parte de este listado?

En CinEspacio24 tendremos el próximo 22 de mayo el taller de elaboración de máscaras de látex, si te gustaría crear una máscara para algún proyecto creativo que tengas en mente, puedes checar toda la información en este enlace:

Taller de Elaboración Profesional de Máscaras de Latex