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Tina es una mujer con cuerpo y cara de troll que trabaja como agente aduanal y puede oler los sentimientos de los humanos; de eso trata la cinta Border una película sueca dirigida por Ali Abbasi, que de trasfondo aborda la xenofobia y el medio y rechazo a lo diferente.

Por Arturo Brum Zarco*

@arturobrum

El mejor cine es transgresor. Las imágenes que proponen una reflexión más profunda vienen de aquellas fórmulas que estéticamente salen de los parámetros de lo que se considera “bello” para entrar a una realidad donde lo grotesco dice mucho más.

Entre ese cine grotesco entra la figura del monstruo como algo natural, hermoso y necesario para comprender el quehacer humano. Ya que partimos que este tipo de personajes van a ser los diferentes, los rechazados, los marginados, de los que se ríen. Esa figura del monstruo como un ser incomprendido es una metáfora pertinente en el cine.

A ese cine transgresor, a ese concepto de lo grotesco como ambientación de la realidad, a esos personajes con figuras y cuerpos que no son “normales” y que muchos llamaríamos monstruos, nos lleva la cinta Border, una obra que entra en el género de lo fantástico y sutilmente aborda temas necesarios para la reflexión de nuestra sociedad; de nuevo el mejor cine es transgresor.

Border es una producción sueca dirigida por el realizador iraní-danés Ali Abbasi, la cual ganó a Mejor Película en la sección Un Certain Regad del Festival de Cannes en 2018, y fue nominado a un Oscar a Mejor Maquillaje.

Ali nos cuenta, basado en un relato corto del escritor sueco John Ajvide (alguien que poco a poco se ha convertido en un artista de culto), la historia de Tina (Eva Malander), una mujer con cara y figura de un troll, que trabaja como agente de aduanas y tiene la capacidad de oler el miedo, la vergüenza, la avaricia, la ira y todo tipo de emociones humanas.

Ese don que tiene Tina le ayuda a identificar a personas que transportan algo ilegal o que comenten actos atroces, como la pedofilia. No obstante, vive atrapada en el rechazo social y alejada de casi todo contacto humano, menos de un tipo a quien deja vivir en su casa.

Cuando a su trabajo llega Vore (Eero Milonof) alguien parecido a ella, su identificación con ese ser es inmediata, y comienza una historia de fantasía y de amor con giros sexuales inesperados, y con un subtrama que aborda la identidad transgénero.

Así, estos dos personajes comienzan un romance que se acentúa en los bosques escandinavos, como una historia de amor de cuento de hadas, pero que no protagonizan los estereotipos que el cine nos tiene acostumbrados, sino dos hermosas “bestias” que gruñen al hacer el amor entre románticas cascadas.

El director utiliza la figura del monstruo y una narrativa fantástica, para criticar la xenofobia, el racismo, la discriminación. Asimismo, nos muestra la crueldad, el asesinato, el rencor. Rencor y odio que vemos en el personaje de Vore, quien se sabe y se reconoce como una especie diferente a los humanos, y quien trata de convencer a Tina de que ellos son los enemigos a vencer.

En ese sentido, el filme nos lleva a una discusión sobre la identidad, la pertenencia, el preguntar ¿qué somos?, y ese es quizá el punto más profundo del filme: llevarnos a una reflexión sobre nuestra identidad y comportamiento hacia lo “diferente”.


*Periodista y realizador. Director de Comunicación en CinEspacio24. Colaborador en Cio Noticias y Oculus Todo el Cine.


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Arturo Brum Zarco

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